Carla Guelfenbein es una de las escritoras chilenas más reconocidas a nivel internacional. En su nueva propuesta narrativa, Llévame al cielo, editada por Nube de Tinta y “dirigida a jóvenes entre los 17 y los 100 años”, debuta en la literatura juvenil con una historia reconciliadora con una etapa vital, la de la volcánica adolescencia, expuesta a mil y un vaivenes que no todos logran superar con éxito y normalidad. De ahí que Guelfenbein ponga el dedo en la llaga de un puñado de los incontables problemas que aquejan con demasiada asiduidad a nuestros jóvenes, pero nunca con efecto moralizante ni adoctrinador. Preguntas para hallar respuestas, nunca al revés ni trillando el camino al lector hacia una salida unidireccional.

 

Llévame al cielo es su debú como escritora de literatura juvenil. ¿Nerviosa o ilusionada con la inquietud de una adolescente?

Mi relación con los lectores jóvenes ha sido siempre muy cercana. Justamente porque mis novelas consideradas para adultos, también son leídas por jóvenes. De hecho, El revés del alma, cuya protagonista es una joven bulímica, es lectura obligatoria en un gran número de colegios en Chile. Una de las actividades que más gozo además de escribir, es conversar con jóvenes, en colegios, institutos, universidades, etc. He tenido la suerte de poder hacerlo no solo en Chile sino también en varios países de Latinoamérica y Europa. El resto es silencio fue finalista del Premio Paca en Francia, lo que me permitió viajar por los colegios de esa región. Fue una gran experiencia poder conversar con chicos de otra cultura, en otra lengua, conocer sus inquietudes, y descubrir que no son muy diferentes a las nuestras. De alguna forma, Llévame al cielo es el resultado de todos estos años en estrecho contacto con lectores jóvenes.

“Un 20% de los jóvenes del mundo padecen de algún tipo de disfuncionalidad sicológica, ¡uno de cada cinco!”

Hacía mucho tiempo que tenía en la cabeza esta historia de cuatro chicos que por diversas circunstancias llegan a una clínica para jóvenes con trastornos sicológicos. Poco a poco fueron apareciendo cada uno de los personajes. La primera fue Emilia, hija de un piloto de acrobacias que muere en un accidente del cual ella se siente culpable; Gabriel, el chico de quien ella se enamora, un joven genio de las matemáticas y cuya inteligencia es también su maldición; Gogo, un chico homosexual que proviene de los barrios más pobres y que ha pasado por la discriminación más feroz y los peores abusos; y Clara, una muchacha dulce y protectora, que sufre de una aguda bipolaridad. Quería que se encontraran en este lugar, que espantaran su soledad, que se reconocieran en el otro.

 

Amistad, amor y la fuerza de superación ante el dolor. Un triángulo argumental que va directo al corazón, sobre todo cuando realiza una singular reflexión del siempre complicado paso de la adolescencia a la edad adulta. ¿Qué conclusiones pueden extraer sus lectores de Llévame al cielo?

Llévame al cielo está dirigida a jóvenes entre los 17 y los 100 años. Los temas que se tocan, como usted menciona, la amistad, la soledad, el abandono, las dificultades para adaptarse al mundo, la pérdida de seres queridos, las adicciones, son temas que atañen a los jóvenes, pero también a adultos. Adaptarse, ser como los otros, es un trabajo que no termina nunca de llevarse a cabo, y justamente por eso, un adulto también se sentirá identificado con los personajes de Llévame al cielo. Habiendo dicho esto, debo agregar que siempre he pensado que la literatura no está aquí para otorgar conclusiones sino más bien para plantear preguntas, para abrir el debate. En este caso, abrir el debate sobre un tema que produce escozor, miedo, e incluso rechazo: la depresión juvenil. Un 20% de los jóvenes del mundo padecen de algún tipo de disfuncionalidad sicológica, ¡uno de cada cinco! Sin embargo, es un tema que se guarda debajo de la mesa, que se oculta, como si fuera vergonzoso. En Chile, hace algunas semanas, una chica de 17 años se suicidó en el baño de un Starbucks. Los apoderados del colegio, uno de los más elitistas de nuestro país, reaccionaron como las avestruces, escondiendo la cabeza, y recomendando a los padres que evitaran que sus hijos vieran películas, series, y leyeran libros que trataran el tema. Una actitud que contradice todas las recomendaciones de terapeutas y siquiatras. Decenas de estudios han corroborado que una de las formas más potentes de ayudar a quienes atraviesan por etapas complejas, como es el caso de la mayoría de los chicos que están en tránsito hacia la adultez, es reconociendo en otros sus propios miedos y falencias. Y eso es justamente lo que he intentado en Llévame al cielo. Abrir puertas y ventanas y sacar al aire aquello que ha permanecido oculto por demasiado tiempo.

“En ‘Llévame al cielo’ no se mistifica al adolescente como una suerte de angelito que va camino a convertirse en el más exitoso y brillante de los adultos”

 

Las Flores, un centro de salud mental, es el centro de operaciones de la protagonista de su novela y sus cuatro amigos, unidos en el empeño de hallarse a sí mismos. ¿Hasta qué punto nuestros jóvenes están aún más desnortados que los adultos que guiamos sus pasos?

La respuesta está en la anterior cuestión, con la actitud que tuvieron los padres del colegio.

 

La soledad y el miedo al rechazo son dos de los males que más aquejan hoy a los adolescentes. Posiblemente, todo tiene un porqué. ¿A qué cree que se deben estos males?

La adolescencia es un período de por sí conflictivo, su esencia misma es la de diferenciarse de los patrones que sostienen los padres y el establishment. En la adolescencia es cuando el ser humano se plantea preguntas sobre la existencia. Es un tiempo de incertidumbre, de crisis. El adolescente transita en la búsqueda de un sentido. El sicólogo especialista en bipolaridad adolescente Paul Vohringer, es muy tajante al afirmar que un adolescente que está muy sobreadaptado, que se conforma a los cánones establecidos sin ningún tipo de cuestionamiento, es mucho más problemático que un chico que los resiste.

“He intentado abrir puertas y ventanas y sacar al aire aquello que ha permanecido oculto por demasiado tiempo”

 

Los argumentos de su novela tienen un germen en su propia historia personal, como ha reconocido en varias ocasiones, marcada por la anorexia. ¿Cree que Llévame al cielo puede tener algún efecto terapéutico sobre esos miles, millones de jóvenes que miran con temor al abismo interior de sus mentes?

He tenido la oportunidad, durante los últimos meses, de conversar con muchos chicos que han leído la novela, y lo que se ha generado es una discusión fructífera sobre sus vidas, sobre sus anhelos y sus frustraciones. He sentido cosas muy potentes, que estoy segura me han cambiado, como tal vez la lectura de la novela los ha podido cambiar a ellos. Algunos me preguntan: “¿Y usted, cómo sabe eso, cómo sabe tan bien lo que yo siento?”. Y entonces yo les he dicho: “Bueno yo también he sido joven, también he tenido y tengo miedo, también he dudado y dudo de todo”. Acercarme a ellos me ha permitido acercarme a mí misma, a lo que fui y a lo que soy.

 

¿Por qué este subgénero cae con demasiada frecuencia en los clichés de una adolescencia de cartón-piedra que, lejos de ayudar, dirige a los jóvenes a un universo nada más lejos de la realidad?

Hay varias corrientes de literatura juvenil, y es cierto que algunas de ellas construyen personajes idealizados que distorsionan la noción de realidad. Pero hay otras corrientes, a las cuales se adhiere Llévame al cielo donde hay una total sintonía con la realidad. En estas narraciones no se mistifica al adolescente como una suerte de angelito que va camino a convertirse en el más exitoso y brillante de los adultos. Por el contrario, trata temas reales, de forma real, con toda la crudeza y las complicaciones que estas implican. Llévame al cielo es una novela que trata sobre todo, del valor de la diferencia. De cómo aquello que al principio nos puede parecer una desventaja en la vida, puede volverse nuestra mayor fortaleza.

 

¿Se siente cómoda escribiendo para jóvenes? ¿Tendrá continuidad en su carrera literaria o ha sido solo una aventura fugaz?

Escribir Llévame al cielo ha sido una experiencia extraordinaria. Sobre todo por lo que ha generado, una discusión necesaria sobre temas, que como decía, tienden a ocultarse. Por ahora estoy escribiendo una novela para adultos, pero no descarto del todo la posibilidad de que más adelante vuelva a los jóvenes.

 

 

Llévame al cielo
Carla Guelfenbein
Nube de tinta
256 páginas
15,95 €

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