Cientos de miles de irlandeses que residen fuera de Irlanda han tomado un avión, y se han presentado en un país que desea escapar del regio conservadurismo social y de la influencia dictatorial de la Iglesia católica, y lo han hecho para votar “sí” en el referéndum sobre el aborto.   Conocedores de que Irlanda no permite el voto en ausencia ni por vía postal, no han dudado en presentarse en su país natal para hacer caer un estigma y gritar, en las urnas, que la ley contemple el aborto legal. Tienen claro, hoy más que nunca, que esta es la oportunidad, y han decidido no desaprovecharla. Y en ello, junto a otros cientos de miles de ciudadanos residentes en la propia Irlanda, han golpeado y azotado las estructuras conservadoras y católicas asentadas durante generaciones.

El resultado de las urnas no solo es el resultado de una pregunta y una respuesta, es la apuesta por un país que intenta alejarse de los barrotes y las gruesas paredes del conservadurismo que la Iglesia Católica ha impuesto durante tanto tiempo, y donde la crueldad física no solo es la principal característica, y sí, por otro lado, la crueldad del miedo impregnado en la mente durante generaciones. El miedo a lo desconocido como mercadeo para imponer las pautas y gestionarlas.

Los ciudadanos irlandeses han decidido que la ley contemple el aborto legal para todas las mujeres, pero el resultado de este referéndum no traerá de un día para otro la conducta social para que la misma alcance a todas las mujeres, y que, en dichas circunstancias, puedan decidir por ellas mismas, aunque a partir de hoy quede contemplado en la ley. La regía vara que gestiona la sociedad irlandesa siguen estando en las manos del implacable conservadurismo y de la Iglesia Católica, quien controla y manipula demasiados ámbitos y aspectos importantes, como es el caso de la educación. En ningún caso, la libertad para decidir se ha adueñado de Irlanda, pero esta es un importante batalla que ha sido ganada por las nuevas generaciones, que no están dispuestas a reglar sus vidas por el corsé impúdico de tabús y clichés generacionales impuestos.

Irlanda ha comenzado un camino arduo, que traerá, sin ninguna duda, desgarros y derrotas, pero todo caminante en el camino enhebra su propio sendero para alcanzar lo deseado una vez que ha puesto los pies en él.

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Escritor. En el 2003 publica el entrevero literario “El dilema de la vida insinúa una alarma infinita”, donde excomulga la muerte a través de relatos cortos y poemas, todas las muertes, la muerte del instante, la del cuerpo y la de la mente. Dos años más tarde, en 2005, sale a la luz su primera novela, “El albur de los átomos”. En ella arrastra al lector a un mundo irracional de casualidades y coincidencias a través de sus personajes, donde la duda increpa y aturde sobre si en verdad somos dueños de los instantes de nuestra vida, o los acontecimientos poco a poco van mudando nuestro lugar hasta procurarnos otro. En 2011 publica su segunda novela, “Historia de una fotografía”, donde viaja al interior del ser humano, se sumerge y explora los espacios físicos y morales a lo largo de un relato dividido en tres bloques. El hombre es el enemigo del propio hombre, y la vida la única posibilidad, todo se articula en base a esta idea. A partir de estas fechas comienza a colaborar con artículos de opinión en diferentes periódicos y revistas, en algunos casos de manera esporádica y en otros de forma periódica. “Vieja melodía del mundo”, es su tercera novela, publicada en 2013, y traza a través de la hecatombe de sucesos que van originándose en los miembros de una familia a lo largo de mediados y finales del siglo XX, la ruindad del ser humano. La envidia y los celos son una discapacidad intelectual de nuestra especie, indica el autor en una entrevista concedida a Onda Radio Madrid. “La ciudad de Aletheia” es su nuevo proyecto literario, en el cual ha trabajado en los últimos cuatro años. Una novela que reflexiona sobre la actualidad social, sobre la condición humana y sobre el actual asentamiento de la especie humana: la ciudad. Todo ello narrado a través de la realidad que atropella a los personajes.

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