El 4 de noviembre de 2016 entró en vigor el Acuerdo de París contra el Cambio Climático. Tras un proceso de ratificación de una rapidez inédita, un centenar de países se comprometieron a cumplir los objetivos establecidos en el mismo, según el cual hay que hacer todo lo posible por evitar el aumento de la temperatura media global por encima de los 2 º C, y hacer todo lo posible para que no supere los 1,5 ºC.

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En la Conferencia de Marrakech (7 al 18 de noviembre, COP22) se deben establecer las reglas y los mecanismos para el cumplimiento del acuerdo. Pero todo el proceso se ve enturbiado por la elección del negacionista Donald Trump. Esperemos que la comunidad internacional sepa reaccionar contra él con firmeza y no permita que el proceso iniciado en París se frene.

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Un día antes de la entrada en vigor del Acuerdo de París un informe del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (Pnuma) hacía un llamamiento para un aumento en los compromisos de reducción de emisiones de un 25% más para 2030. Según el Pnuma el mundo se dirige a un aumento de temperatura de entre 2,9 º C y 3,4 ºC incluso si se cumplieran los objetivos establecidos por los países firmantes del Acuerdo de París. Las emisiones esperadas en 2030 serían entre 12 y 14 gigatoneladas por encima de lo calculado para evitar un calentamiento superior a 2ºC.

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Pero la llegada de Trump a la Casa Blanca no va a poner las cosas fáciles. Trump es un negacionista del cambio climático de primer orden, que ha llegado a decir que estamos ante un invento de los chinos para perjudicar a la industria norteamericana. Su postura negando el cambio climático es muy irresponsable, por ello no cabe duda de que va a hacer lo posible por boicotear cualquier política que trate de frenarlo.

El Acuerdo de París es necesario, pero insuficiente. Sus objetivos solo pueden conseguirse a través un proceso acelerado de descarbonización de la economía, que pasa por la sustitución progresiva y urgente de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables. Sin embargo el nuevo presidente de los Estados Unidos es un defensor a ultranza de la industria del carbón y del petróleo.

el nuevo presidente de los Estados Unidos es un defensor a ultranza de la industria del carbón y del petróleo

Ante la irrupción de Donald Trump en la presidencia de EEUU, la comunidad internacional no puede quedarse paralizada en la lucha contra el cambio climático. Es imprescindible que el proceso iniciado en París continúe a buen ritmo. Por ello sería un enorme error que el resto de países se quedaran parados a la espera de lo que hagan los Estados Unidos. Hay que asumir que la Administración Trump va a hacer todo lo posible para que el proceso descarrile. No es momento de debilidades, ni de renuncias. Es imprescindible que emerja un nuevo liderazgo capaz de llevar adelante la lucha contra el cambio climático pase lo que pase con Estados Unidos. Es muy importante también que dentro de Estados Unidos la opinión pública se movilice y presione para evitar el desmantelamiento de las políticas de reducción de emisiones y de apoyo a las energías limpias. 

Con respecto a España, la formación del nuevo gobierno de Rajoy es una mala noticia para la política contra el cambio climático. España es de los pocos países que no ha ratificado el Acuerdo de París todavía, lo que da una idea de la falta de compromiso del gobierno.

España debería asumir un papel mucho más ambicioso en la lucha contra el cambio climático, ya que en el caso de nuestro país los impactos esperados son drásticos. Somos víctimas del cambio climático, y por ello es urgente que España acometa un proceso de transición energética, que nos lleve hacia un horizonte energético basado al 100% en las energías renovables. Un nuevo modelo energético debería ser el motor a un modelo de industrial sostenible para nuestro país.

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