Mi doble condición de vulgar profesor atrapado en la escoria funcionarizada de las Enseñanzas Medias y de escritor frustrado acumulando una vida de trabajo intelectual irrelevante, me permite una terraza maravillosa desde la que observar el mundo en el que he vivido, vivo y espero seguir viviendo, la perspectiva del Fracaso. Sólo me enorgullezco de una frase mía: El Fracaso nos hace libres.

Tengo la experiencia vital y profesional suficiente, sin exageraciones, para saber que el salto de tener poder a volver al agujero del que saliste te demuestra lo que somos: nada. Todo sigue sin nosotros, no somos necesarios: y así es la muerte. Quizá esta constatación me lleva a ser profundamente escéptico ante lo estructurado, siempre me descubro mirando las fragilidades.

Quizá porque (me apercibo) mi pasión por las Letras y, sobre todo, la Música me han hecho sentirme constante aprendiz, en cada ocasión alguien te enseña algo: otro libro, otro músico, una mirada diferente, una perspectiva vulgar para aquélla y novedosa para ti… quizá por eso me parece que la Cultura es cambio permanente, constante revisión de las ideas; veo a un montón de gente prácticamente ágrafa que se tiene por culta porque lee o viaja y ¿lo es?… Por el contrario, no conozco a nadie que lea en serio, esto es: para aprender, y que luzca una vida vulgar o con ideas corrientes: la Cultura es construcción propia e individual y digna de tu vida, te da singularidad. Por ello choca con algo que se le parece y se le puede llegar a confundir: la tradición, mientras la Cultura es mirada crítica y distante, lo otro es Folklore conservador de un medio heredado, cumple su papel, pero no es Cultura.

También desconfío de la pseudocultura acumulativa, postizo que sólo sirve para la distinción de clase. Si la Cultura, la permanente revisión de ideas, no te lleva modificar tus creencias, tus fes, tus estéticas, tus pasatiempos, tus miradas, tus valores, tus sexos, tus conceptos de lo humano… ¿para qué coño sirve? ¿Para arrojársela a quien no la tiene y marcar tu territorio? Ese clasismo me repugna porque es el del pobre harto de comer, el del neoconverso, el de la deslumbrada que cree que portando la misma corona que la nobleza se vuelve noble: peligro.

Me encuentro a disgusto entre la supuesta gente culta, me despiertan recelo esas gentes que saben tanto y después es más conservadora que la paleta más paleta que te puedas encontrar. Y además no me la creo, resulta que todo el mundo se ha leído a Lope, a Cervantes, a Góngora y a Quevedo, controla a Shakespeare y la musurgia de Kircher, se saben de peapá al Giotto o a Patinir y los cuartetos de Dvorák y la tecla de Buxtehude… lo que no termino de comprender es cómo con esos bagajes tan amplios y profundos tenemos una intelectualidad tan mediocre e inconsecuente, salvo que pequen de modestia y sabiéndolo todo nada expresen.

Verdad y consecuencia, se piensa para vivir con las ideas, si no: el triunfo de la erudición a la violeta.

Niego la mayor; no creo en la Cultura, en esa Cultura de mentira en la que leer es un valor en sí mismo, ¿y si lees mierda o no te enteras de nada o no quieres entender nada? Si leer es sólo gimnasia anti-alzhéimer… me callo.

En una breve conversación con David Pozo (para ustedes importante investigador médico del CABIMER, para mí otro compañero estupendo de pupitres y niñez entre maristas), concluíamos constatando la falta de una élite en España: no se engañen, tenemos a SSMM, a los Villar-Mir y los Franco, tenemos a la burguesía industrial catalana wagneriana o a la nacional-católica-carlista vasca, a los estraperlistas gallegos, a los herederos de los promotores turísticos-inmobiliarios nazis huidos por el Vaticano hasta Málaga y el resto del Mediterráneo ibérico, al andaluz universal Osborne, tenemos a esos meritorios explotadores hispanos que consiguen hacer fortuna dando vueltas alrededor de Escrivá Balaguer y a esas generaciones familiares de eterna descendencia que copan las Cátedras universitarias, pero ¿tenemos una élite de verdad que aporte algo a su tiempo y espacio (peninsulares) en Artes, Literatura, Investigación Natural, Medicina…? Hay nombres, yo cito a Barceló y se me llena la boca de genio, y en todos los ámbitos podría traer un puñado de nombres que sólo son azares afortunados pero no son una senda de continuidad conceptual.

Sobre esto ya han alertado gentes relevantes, antes y mejor que yo. La mediocridad salpicada de genio es la dominante del aire español. Estoy harto de ver a gentes de la Cultura profundamente inculta; gentes de la Enseñanza que nada saben; médicos sólo funcionarios; abogadas de bolso o jueces de corbata; ricos de gomina; políticos sin ideas políticas; concejalas sin proyecto; policías delincuentes; ladrones que se creen modélicos; estúpidos imbuidos de genialidad; carguetes que confunden autoridad con solemnidad; España es una gran alcantarilla en la que, de tarde en tarde, una bocanada de aire fresco nos recuerda que el exterior existe.

El lugar de la élite hispana lo detentan gentes a las que un golpe de Fortuna o un saberse colocar (maquiavélico) convierte en telón indispensable de los acontecimientos, en nombres de la agenda mentirosa que gasta los dineros y se justifica a sí misma con un “atrezzo” que les proporciona el disfraz de lo bueno, lo detentan gentes sin Obra, sin trascendencia o persuasores inigualables en defensa de lo suyo propio de sí mismos… Cela, que entendió bien lo hispano, se equivocaba: no gana quien resiste, sino quien queda cuando los demás se han ido a trabajar. En España importa más parecer que ser, copulativos ambos, copulativos.

 

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es

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