La llegada a Valencia del buque Aquarius con los 630 inmigrantes que fueron rechazados por el Gobierno italiano va camino de generar una primera consecuencia política internacional: el reforzamiento del eje París-Madrid en asuntos de cooperación y materia migratoria. A poco menos de quince horas para que el “barco de la esperanza” atraque en el Puerto de Valencia, liberando a cientos de personas del calvario de una dura travesía por el Mediterráneo que no olvidarán jamás, Emmanuel Macron ha ofrecido a Pedro Sánchez la ayuda del Gobierno francés para hacerse cargo de una parte de los desplazados. El presidente español, a su vez, ha agradecido la oferta de su homólogo francés, lo que algunos analistas interpretan ya como la apertura de un nuevo frente hispano-galo para responder a las políticas xenófobas que se abren paso por numerosos países europeos.

Mientras tanto, en el puerto valenciano todo está preparado para que a partir de las 06.00 horas de mañana lleguen los pasajeros del Aquarius. Entre ellos hay mujeres embarazadas, niños de corta edad y enfermos. Más de 400 voluntarios, entre personal de Cruz Roja, servicios sociales, traductores y cooperantes, estarán con ellos desde el mismo momento en que pongan su pie en la ciudad de Valencia, que ha preparado un dispositivo inédito en el que tomarán parte más de 2.300 personas. Y no solo profesionales de Protección Civil y fuerzas de seguridad del Estado. Son muchos los ciudadanos que se han mostrado dispuestos a ofrecer sus casas para alojar a los inmigrantes en un episodio de solidaridad colectiva solo comparable a la hospitalidad que recibieron en Valencia los republicanos del exilio durante los años de la guerra civil española.

En cuanto pisen tierra firme, los desplazados pasarán a manos de los servicios médicos para el primer triaje, que evaluará el estado de salud de cada uno de ellos. De allí saldrán con la tarjeta sanitaria que les garantizará una sanidad gratuita y universal, como a cualquier otro ciudadano, durante el tiempo que pasen en España. Las mujeres embarazadas y los enfermos serán trasladados de inmediato a diferentes hospitales. Tras el chequeo, pasarán por la carpa de filiación, donde personal de la Policía tomará sus datos personales antes de que empiece el traslado a los albergues provisionales que se han habilitado para acogerlos.

La pasada noche a bordo del Aquarius ha sido relativamente tranquila en comparación con los últimos días de vendavales, aguas turbulentas y tortuosa singladura. De madrugada, en cubierta, unos cantaban, otros descansaban con sus niños pequeños entre los brazos y todos mostraron su alegría al divisar a lo lejos la silueta brumosa de las costas mallorquinas. Simplemente celebraban que seguían vivos. La mayoría de los inmigrantes llegan a Valencia con el trauma de una guerra a cuestas, con la sombra siempre acechante del hambre y la enfermedad y el miedo a llegar a un país desconocido donde la vida que les espera tampoco será de color de rosa. Al menos en las últimas horas, y a medida que el barco se acercaba a las cálidas playas valencianas, las aguas se han ido calmando. La última noche en el Aquarius se prevé mucho más tranquila.

Por su parte, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, aclaró ayer que los refugiados del Aquarius “recibirán un tratamiento especial durante el primer mes, pero luego tendrán el mismo trato que cualquier otra persona”.

Un barco de Open Arms, la oenegé que se ha hecho célebre por rescatar a miles de personas a la deriva en las pateras que cruzan el Mediterráneo cada día, zarpará en las próximas horas para encontrarse con el Aquarius y “mostrar su apoyo moral” a los sufridos pasajeros que van a bordo. Ese será otro momento emocionante antes de desembarcar definitivamente en el puerto de Valencia.

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