La contaminación urbana es responsable de la muerte anual en España de más de 25.000 personas (debido a la inhalación de las partículas en suspensión llamadas PM 2,5, cuyo diámetro no excede precisamente las 2,5 micras). También, de una larga lista de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cánceres, a las que ahora hay que añadir una más y no menos grave.

Según un reciente estudio realizado por el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y el Instituto de Salud Global Barcelona (IsBLobal), la exposición a altas concentraciones de carbón negro (hollín) eleva hasta un 20 por ciento el riesgo de padecer un ictus aterotrombótico. “Relacionamos el contaminante de carbón negro, provocado especialmente por la combustión de motores diésel, con un efecto claro en el desarrollo de ictus aterotrombótico, que supone el 30 por cierto de los ictus isquémicos que se producen”, ha asegurado el doctor Jaume Roquer, jefe del servicio de Neurología del Hospital del Mar y responsable del estudio.

Y es que, aunque los científicos ya sabían que la contaminación urbana elevaba la mortalidad por ictus a largo plazo, este estudio ha demostrado que la exposición a concentraciones elevadas de hollín precipita a corto plazo el desarrollo de este accidente cerebrovascular. El aterotrombótico es un infarto cerebral que se produce cuando se desprende una placa de ateroma –formada por colesterol, calcio y otras sustancias que se pegan a las arterias– y obstruye el vaso sanguíneo.

El estudio, publicado en la revista científica Enviromental Research, se basa en el análisis de la influencia de dos elementos contaminantes, como son las partículas finas (PM 2,5) y el carbón negro. Los investigadores rastrearon los casos de 2.742 enfermos ingresados en los últimos años (2005-2014) con un ictus en el Hospital del Mar de Barcelona, marginando a aquellos que no tenían registrada la fecha de inicio de la sintomatología clínica del ictus y a los que residían fuera del área de referencia del hospital.

“Teníamos los datos de los pacientes, a qué hora habían iniciado los primeros síntomas, cuándo entraron en urgencias… Y los relacionados con los datos de altas concentraciones de contaminantes en la zona”, ha detallado el doctor.

Basándose en los datos aportados por una estación en Barcelona y herramientas de geolocalización para ubicar a los pacientes, y partiendo siempre de las directrices que marcan los organismos europeos, los investigadores comprobaron que Barcelona y la zona del Hospital del Mar tenían los mismos niveles de contaminación que Londres. Es decir, de 17,5 microgramos por metro cúbico –mientras que la Organización Mundial de la salud (OMS) establece la recomendación por debajo de 25 microgramos por metro cúbico de media en el día y 10 de media anual–. Los niveles de hollín eran de 1,4 microgramos por metro cúbico, aunque en este caso no hay ningún límite recomendado oficialmente.

“No encontramos relación entre los niveles de PM 2.5 y los casos de ictus, pero descubrimos que cuando había un aumento de contaminación por carbón negro, aumentaba el 20 por ciento el riesgo de sufrir un ictus aterotrombótico en las próximas 24 y 72 horas”, ha declarado el doctor. Eso se debe a que las partículas de hollín entran en el organismo a través de la respiración y, pese a ser de unas dimensiones minúsculas, son capaces de “generar reacciones inflamatorias que facilitan reacción trombótica, aumentar el estrés oxidativo, producir una vasoconstricción de las arterias que puede degenerar en una hipertensión, y alterar el ritmo cardíaco”, ha afirmado Roquer.

Aunque, ha añadido el investigador, la exposición a estos contaminantes no genera por sí mismo el ictus, sino que lo precipita solo en pacientes con predisposición a tenerlo. “La contaminación desencadena el ictus, pero no lo provoca. Los afectados ya tienen factores de riesgo y arteroesclerosis de base. El exceso de polución lo que hace es precipitar el ictus”, ha aclarado.

En definitiva, este estudio plantea de nuevo la necesidad de concienciar a la población de los peligros que conlleva la contaminación urbana, así como de aprobar medidas para regular los niveles de concentración de hollín en el aire. “Los médicos tenemos que ser más proactivos e incluir la contaminación como factor de riesgo asociado más, como la diabetes o el tabaquismo”, ha concluido Roquer.

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