La transición española de la dictadura franquista a la democracia constitucional ha generado una serie de mitos, alimentados por los propios constituyentes y la prensa, que impiden analizar con claridad lo que en aquellos años ocurrió realmente. Se ha catalogado como padres de la constitución a los siete ponentes principales, pero fueron muchos los participantes y algunos los excluidos. Gabriel Cisneros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y José Pedro Pérez-Llorca fueron los ponentes propuestos por UCD; Manuel Fraga por AP; Jordi Solé Tura por el PCE; Miguel Roca por la minoría catalana; y Gregorio Peces Barba por el PSOE fueron los siete ponentes elegidos, cediendo el PSOE uno de sus puestos para que los catalanes tuviesen representación. Excluido fue Enrique Tierno Galván, a instancias del PSOE, tanto para preservar la imagen de Felipe González como para obligarle a que se uniera al propio partido socialista. Al final se le concedió el “honor” de redactar el preámbulo constitucional.

Esto es lo que normalmente se narra en las crónicas transitivas. Se cataloga a los ponentes principales, que hubieron de reunirse en el Parador de Gredos para poder sacar un texto de mínimos, pues no se ponían de acuerdo en nada, como “padres” de la constitución. Sin embargo, los verdaderos protagonistas de que aquel borrador se convirtiese en texto legal fueron otros. Ni esas siete personas escribieron solas la ponencia que se debatió, ni todos los artículos fueron obra de ellos. Fue la iniciativa política de unos pocos lo que llevó adelante el proceso que derivó en el referéndum del 6 de diciembre de 1978.

Desde la filtración de los primeros 39 artículos del borrador a Cuadernos para el diálogo, que lenguas maliciosas atribuyeron a Pablo Castellano, hasta la espantada del grupo socialista por la continua aprobación de artículos por parte de los grupos conservadores (UCD y AP). El PSOE estaba siendo arrinconado en la elaboración, y algunos puntos fueron determinantes para los acontecimientos posteriores. La presentación de una enmienda donde Cataluña y País Vasco gozarían de autonomía propia frente al resto del Estado, y la elaboración del artículo 28 donde se quería garantizar una financiación incondicionada de cualquier centro escolar de educación obligatoria, llevaron el debate constitucional al borde la ruptura.

 

Las reuniones del José Luis

El punto de inflexión se produce cuando se presenta una enmienda que pretende legalizar el estado de excepción. Alfonso Guerra, en una de sus salidas de pata banco, llegó a afirmar que no estaban dispuestos a apoyar la constitución más reaccionaria de Europa. Y González declaró finiquitado el consenso. Adolfo Suárez temeroso de que las denuncias socialistas hiciesen mella en su imagen, encargó a Fernando Abril Martorell que se hiciese cargo de las negociaciones directamente con el PSOE. Es en ese momento cuando deciden reunirse dos grupos de trabajo de UCD y PSOE para limar asperezas y sacar adelante el proyecto constitucional.

Las reuniones comenzaron en uno de los reservados del restaurante José Luis y la primera escena estuvo llena de teatro, a decir de los intervinientes. Guerra y Abril Martorell tiraban papeles, vociferaban y amenazaban con marcharse. Pero todo eso solo sirvió para escenificar la prestancia de los machos alfa del momento. Como recuerda Alfonso Guerra en sus memorias, “Una vez despejada la cuestión del mando en el campo de batalla, se acordó sin problemas que la Constitución sería obra de los dos partidos”.

Guerra y Abril Martorell tiraban papeles, vociferaban y amenazaban con marcharse

Serían Abril Martorell, Pérez Llorca, Rafael Arias Salgado y Cisneros, por parte de UCD, y Guerra, Peces Barba, Luis Gómez Llorente y Enrique Múgica, por parte del PSOE, los que decidirían las enmiendas que acabarían aprobándose del texto constitucional. Los mismos grupos de trabajo se reunirían en otros lugares como el Nuevo Club, el Hotel Palace o el Meliá Castilla en maratonianas reuniones donde se acordaban los artículos que al día siguiente se aprobarían en la ponencia constitucional.

Luis Gómez Llorente fue el gran luchador en defensa de los derechos educativos y de defensa de la educación pública en aquellas reuniones. Igualmente participó ardorosamente en los derechos de los trabajadores y defendió con pasión el voto republicano en el debate en el congreso. Si se repasa la literatura transitiva, en ningún lugar se hace mención de este personaje que tanto influyó en algunos de los aspectos sociales que tiene la carta magna. También fue el “padre intelectual” del término felipismo. Pero su deseo de desaparecer de la escena pública justo cuando el PSOE alcanzó el gobierno, seguramente le habrá privado de mayores glorias. Felipe González, en entrevista televisada en Antena 3 el mismo día que decidió dejar la secretaría general del PSOE, se acordó de Gómez Llorente ante la pregunta ¿de quién se acuerda en este momento?

Gómez Llorente fue el gran luchador en defensa de los derechos educativos

Con los nacionalistas también se contó en estas reuniones para acordar el nuevo modelo del estado. Incluso con el PNV de Xavier Arzalluz. La reunión con el dirigente vasco se llevó a cabo en el bufete de Peces Barba, acudiendo a la reunión Abril y Guerra, entre otros, para dejar cerrado el tema del concierto vasco. Luego se abstendrían en el voto en el Congreso y el Senado y difundirían la idea de que ellos jamás participaron en la elaboración, cuando la realidad es que sí lo hicieron. A escondidas, pero lo hicieron.

 

Álvaro Lapuerta, con el búnker

Manuel Fraga también protestó enérgicamente, como solía ser habitual en su persona. Pero Suárez sabía que las protestas de Alianza Popular le reportarían beneficios personales, así que le trató con mano de hierro en guante de seda. Y accedió a alguna de las propuestas que se ajustaban a las que ya habían pensado en UCD.

La Constitución no gustó en AP, pese a que en años posteriores, y más desde su refundación en Partido Popular, se enorgullecieran de que varios “padres” de la Constitución formaran parte de sus filas. Los tres de UCD y Fraga. En aquella votación final del texto, merece la pena recordar que Álvaro Lapuerta, tesorero y gerente durante muchos años e imputado en casos actuales de corrupción del PP, se abstuvo en la votación alineándose con los miembros del búnker franquista que eran parte de la coalición conservadora.

Todo ello reflejaba perfectamente el sentir en las filas de AP. Solo hay que recordar que José María Aznar, pocos meses después de aprobarse la constitución, escribía en La Nueva Rioja: “En lugar de concebir un plan serio y responsable de organización territorial de España, se ha montado una charlotada intolerable que ofende el buen sentido…”. Incluso se permitía criticar la política del consenso y la transición española: “No se busque en la Transición la coartada perfecta para justificar tanto desaguisado”. Tiempo después dirigentes socialistas les darían la bienvenida a la democracia.

Aznar definió la Constitución como “una charlotada intolerable

Son muchos los nombres y hombres, la constitución fue puramente cuestión de hombres, que el mito de los padres de la constitución ha dejado fuera y que tuvieron mayor importancia que los nombrados. Pero, como recuerda un emérito profesor de Sociología, había que generar nuevos vínculos sociales emotivos con la constitución y la monarquía. Y uno de ellos fue “copiar el esquema de padres fundadores estadounidense y asignarles a unos meros ponentes un rango mítico”. Lo bueno o malo que tiene la constitución de 1978 se debe más al esfuerzo de Guerra, Abril Martorell y sus equipos que a los ponentes constitucionales en sí. Todo en el reservado de José Luis.

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