“Fundamentalmente, lo que hacemos es seguir colaborando con el Jardín Botánico donándoles 234 variedades de las más de 3.500 variedades que tenemos en la Finca El Encín propiedad de la Comunidad de Madrid” ha comentado el consejero de Medio Ambiente Jaime González Taboada. El esfuerzo de la Comunidad es que no se pierdan la vides madrileñas y, además, realizan donaciones a las demás comunidades que lo solicitan. “Son variedades que vienen de muy antiguo de fincas de toda España y que en muchos sitios ya se han perdido y nosotros seguimos recuperándolas” ha concluido el consejero.

Entre las vides cedidas destacan, por ejemplo, las 63 variedades minoritarias de vinificación, muchas de ellas en peligro de extinción, 17 de vinificación extranjera, 49 variedades de uva de mesa tradicionales y también algunas más modernas de sabores especiales, 83 variedades cultivadas en España y, por último 22 porta injertos que evitarán una posible plaga de filoxera.

Muchas de estas variedades llegaron precisamente desde el Botánico a la finca El Encín en 1951 para completar su colección y ahora, con el paso del tiempo y gracias a los cuidados del IMIDRA, permiten reponer las vides que la institución botánica ha ido perdiendo por la edad de las cepas. En el año 1998 ya se hizo una primera entrega, que se amplía hoy para completar la plantación histórica del Botánico.

Esta actuación ha sido posible, pues, gracias a la colección de vides que posee el IMIDRA en su finca El Encín, más de 3.530 ejemplares que la convierten en la mayor y más antigua de toda España y la tercera del mundo. Una colección que se complementa con el Banco de Germoplasma de Vid que también gestiona el IMIDRA.

Con esta colección, la Comunidad de Madrid ha contribuido a la restauración de lugares históricos como la Alhambra de Granada, la Escuela de la Vid, algunas colecciones extranjeras de Portugal, Francia y Alemania y también empresas particulares de España. Además, la labor de investigación que desarrollan los técnicos del IMIDRA ha permitido también evitar la desaparición de variedades autóctonas importantes para producir vinos de gran calidad y garantizar al mismo tiempo las variedades permitidas en las Denominaciones de Origen de los vinos de la región.

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