El Indice de Pobreza Multidimensional (IPM) o Indice Multidimensional de Pobreza (IMP), en  Inglés: Multidimensional Poverty Index o MPI, es un índice de pobreza estadístico sobre la situación de las personas por países. Se elabora desde 2010. Este indicador identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida. Para su cálculo se utilizan microdatos de encuestas de hogares, y, al contrario que el Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, todos los indicadores necesarios para calcularlo deben extraerse de la misma encuesta. La pobreza energética, derivada de los abusos de un mercado oligopólico de la energía. Las restricciones cada vez mayores en sanidad, educación, protección a la niñez, ancianidad y personas con paro de larga duración, forman parte de este indicador. La devaluación de los salarios unida al empeoramiento de las condiciones laborales nos lleva a la convicción de que España está en un estado de emergencia nacional a corto plazo. Recortes por más de 8.000 millones de euros en una economía deflacionaria. Es decir que se contrae. España se marchita.

Así, a partir de la observación de las distribuciones de la variable PM para los años 2007 y 2010, se constata un empeoramiento generalizado del nivel de pobreza multidimensional de la población española en 2010. Así, el colectivo correspondiente al 25% de las personas en situaciones de pobreza multidimensional más extremas ha sido el que ha experimentado el mayor deterioro de su situación entre 2007 y 2010. En términos relativos, aplicando el umbral relativo de pobreza propuesto, se observa que en el conjunto del Estado, se produce un incremento del porcentaje de personas pobres multidimensionales pasando del 5,4%, al 9%.

Según Ayuda en Acción el 36% de la infancia española, 1 de cada 3 niños y niñas, vive en riesgo de pobreza y exclusión. Estos son los candidatos a la pobreza, porque este porcentaje de niños y niñas viven en familias que no puedan afrontar sus gastos corrientes, como el agua, el alquiler o la hipoteca y que tienen que elegir en invierno entre encender la calefacción o comprar fruta, pollo o pescado, por no hablar de gastos en salud como son los de dentista u oculistas.

 

Cada miembro de una familia es clasificado como pobre o no pobre en función del número de carencias que experimente su hogar. Estos datos se agregan, por caso a nivel nacional, para conformar el indicador de la pobreza multidimensional. El IPM refleja tanto la prevalencia de las carencias multidimensionales como su intensidad. Esto es, cuántas carencias sufren las personas al mismo tiempo. También se lo utiliza para apreciar, de modo general, el número de personas que viven en la pobreza, y permite realizar comparaciones diferentes. Sean estas entre los niveles nacional, regional y mundial, como dentro de los países, comparando grupos étnicos, zonas rurales o urbanas, así como otras características relevantes de los hogares y las comunidades.

Este indicador ofrece un valioso complemento a las herramientas de medición de la pobreza basadas en los ingresos. Que en general, esconden el drama individual por aquello de los promedios: Recuérdese que, en un universo de dos personas, frente al hecho de consumir un único pollo, si uno se lo come él sólo, para los promedios resulta que se habrían comido medio cada uno. Estos indicadores son los favoritos de los saqueadores. El ingreso per cápita oculta el drama de la desigualdad.

Así, en el Informe sobre Desarrollo Humano de 2015 se presentan estimaciones para 101 países en desarrollo que, en total, suman 5.000 millones de personas. Ello supone algo así como el 75% de la población mundial. De los países analizados, aproximadamente 1.500 millones de personas, es decir, el 29% de su población total, vivieron en situación de pobreza multidimensional entre 2005 y 2014. Esto no fue noticia. Lo grave, es que no se  pudieron incluir otros países por falta de datos. Por ejemplo, no había datos comparables disponibles sobre cada indicador para otros países en desarrollo.

El estudio define que una sola carencia podría no suponer que se viva en la pobreza. También, el IPM requiere que un hogar sufra carencias en varios indicadores de forma simultánea. Una persona es multidimensionalmente pobre cuando su hogar tiene carencias en una tercera parte o más de los indicadores ponderados. Una persona vive en situación cercana a la pobreza multidimensional si su hogar presenta carencias en una quinta parte o más, pero en menos de una tercera parte de los indicadores ponderados. Así, una persona se considera en pobreza multidimensional extrema, si su hogar sufre carencias en al menos la mitad de los indicadores ponderados. ¿Debo recordar acerca del sentido de los recortes que este gobierno viene realizando en cumplimiento de su política económica?

Para solaz del coro mediático gubernamental, el paro de larga duración ha disminuido en el último año. Así, en el segundo trimestre de 2015 afectaba a 3.186.100 personas, medio millón más que ahora. Analístas de Fedea concluyen que:  “Es una reducción, pero todo depende de a dónde hayan transitado. Que hayan dejado de ser parados no quiere decir necesariamente que hayan encontrado un empleo”. Es decir, puede que parte de esa reducción se deba a que esas personas han abandonado la búsqueda de empleo, se hayan jubilado o hayan dejado el país. “Movilización geográfica”, según el vocabulario oficial. Casi un 60% de estos parados son de larga duración o, lo que es lo mismo, de difícil inserción o en riesgo de exclusión. Sin ayudas ni protección. Llamémoslos pobres, sin ambages. En breve, les seguirán los recortes a jubilados y pensionistas, una vez que se garanticen la investidura y no requieran de sus votos.

En un país en donde la pobreza se hereda, ya que de familias pobres vienen la mayoría de los niños que cuando sean adultos formarán familias precariamente económicas, nos hayamos inmersos en debates que están más preocupados en las parcelas de poder, en las garantías para nuevos negociados u opacidades frente a la corrupción, que en afrontar de una vez las necesidades reales de las personas.

Reclamar eso en las plazas y las calles, o salir a una movilización masiva en busca de Pokemon. ¿Qué España movilizada prefieres?

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