Las broncas y malas relaciones entre los principales representantes de unos partidos y otros con representación parlamentaria están aportando una lamentable imagen de unos y otros representantes en el Congreso. Ayer comenzaba una bronca que hoy ha continuado, y en el que la presidenta de la Cámara Baja se muestra impasible ante las protestas de la oposición.

Pero los conflictos son continuos en esta legislatura. La sesión de control del Congreso de los Diputados vivió anteriormente un insólito momento de tensión con reto personal incluido. Hablaba el diputado de En Marea-Unidos Podemos Antón Gómez-Reino, que preguntaba al ministro de Hacienda y Función Pública, Cristóbal Montoro, si iba a avalar para el Consejo de Red Eléctrica el nombramiento de Arsenio Fernández de Mesa, exdirector de la Guardia Civil.

Esta semana llegaban las preguntas por el piso del Director General de Tráfico y los temas de corrupción que hacen al PP darle la vuelta a la situación para dejar constancia de que especialmente Podemos “utilizan el hemiciclo como un circo”, según ha confirmado en los pasillos del Congreso el portavoz del PP, Rafael Hernando.

Faltan referencias parlamentarias de diputados con calidad y recursos para sus discursos

La respuesta de Podemos no se ha hecho esperar. Pablo Iglesias decía esta mañana que “faltar al decoro de esta Cámara es la corrupción”.

Lo cierto es que unos y otros distan mucho de aportar al debate parlamentario el nivel que se ha vivido en legislaturas y etapas anteriores. Además, Faltan referencias parlamentarias de diputados con calidad y recursos para sus discursos.

La presidenta del Congreso, Ana Pastor, regañó en días anteriores a los diputados de Unidos Podemos que habían colgado camisetas reivindicativas en sus escaños de Salón de Plenos: “El hemiciclo no es un tendedero, es la representación de todos los españoles”, ha zanjado.

Esta llamada de atención se ha abierto paso en la Cámara a raíz del Pleno de la pasada semana, que fue escenario de una sucesión de polémicas: la protesta del diputado jornalero Diego Cañamero ante el ministro de Justicia, Rafael Catalá, el “tendedero” de camisetas en los escaños que Ana Pastor ha reprochado a diputados de Unidos Podemos, y el lenguaje ‘de la calle’ utilizado por su secretario general, Pablo Iglesias en su debate con el presidente Mariano Rajoy.

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Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre y Directora de Comunicación de HoffmannWorld y Catalina Hoffmann. Asesora a personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

2 Comentarios

  1. El Parlamento debe ser reflejo de los ciudadanos. No olvidemos que quienes están allí son nuestros representantes, iguales que nosotros. Por tanto, se comportarán igual que lo hace la sociedad. Si el sistema educativo es deficiente, si se aplican malas políticas y si los valores brillan por su ausencia, el comportamiento general de la sociedad no será bueno y el resultado se verá reflejado en nuestros representantes. ¿De quién es la culpa del producto de la sociedad?
    Por otra parte, no nos pongamos estupendos. Miremos, por ejemplo, al parlamento británico y cómo son sus debates. ¿Tiene menos categoría que el español? Mejor que nuestros parlamentarios se preocupen por que haya buenas políticas para los ciudadanos en lugar de sólo ir a los plenos para dejar constancia del servilismo hacia sus líderes ante las cámaras haciéndoles la ola de forma vergonzosa. Eso sí que es circo.

  2. que pena de los representantes del Pueblo. La ilusión que me hacía que fueran chicos cultos y universitarios. Pero la educación es otra cosa. Eso hay que mamarlo

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