Tengo claro que la actividad política y de los partidos con representación en las instituciones democráticas no puede basarse exclusivamente en la presentación en sede parlamentaria de preguntas, mociones, proposiciones no de ley o proposiciones de ley ni en el debate y votación de las iniciativas que se registren. Tengo claro que los partidos políticos deben tratar de llamar la atención de los ciudadanos respecto al trabajo que desarrollan, al objeto de que sus propuestas se extiendan en la sociedad y los votantes puedan tener la mayor información posible sobre la actividad real de cada cual: es decir, no sólo qué dice cada representante público sino, sobre todo, qué se hace de verdad allí donde las cosas pueden realmente cambiarse. Mi experiencia parlamentaria me recuerda que una cosa es lo que se dice y otra lo que realmente se hace e igualmente es esencial que el trabajo que se desarrolla en los parlamentos llegue de la mejor manera a la ciudadanía. Ahí, el factor televisión es clave y no tenemos por qué despreciarlo sino utilizarlo con habilidad y destreza.

Es decir, que la comunicación y el marketing político y también la capacidad de medir los tiempos mediáticos y políticos e incluso el oportunismo bien entendido son herramientas útiles que los representantes políticos deben utilizar sin complejos. Yo mismo lo hice en el Parlamento Vasco en más de una ocasión, como cuando regalé el libro “¡No te prives!”, de Fernando Savater, al Lehendakari Urkullu. No fue lo mejor que hice en el Parlamento Vasco pero, con aquella acción, conseguí cierta relevancia mediática. Sin duda, hubo algunas otras ocasiones semejantes muy jugosas, todas las cuales ayudaron a que el mensaje que queríamos trasladar desde UPYD tuviera la mayor relevancia pública posible, que falta hacía.

Sin embargo, una cosa es conciliar la actividad política que realmente se lleva a cabo en las instituciones (y fuera de ellas, sin duda) con una estrategia comunicativa apropiada y eficaz… y otra sustituir la actividad política por la propaganda y el sensacionalismo vacuo. O, peor, que la política acabe convirtiéndose en una loca carrera por aparecer en el mayor número de medios posibles a través de la banalización (vulgarización) de la misma, olvidando la verdadera actividad que debe llevarse a cabo en la institución que corresponda. Es decir, que se termine priorizando la brocha gorda, el espectáculo gratuito o la actitud circense, cuando no el insulto y la zafiedad más absoluta. O incluso que todo esto termine sustituyendo todo el trabajo parlamentario. Observando el proceder de nuestros representantes, podemos decir que esto ya está sucediendo, lo cual me parece extraordinariamente grave. O, mejor dicho, que si bien siempre sucedió, ahora está llegando a niveles insoportables.

Con el surgimiento de nuevos partidos políticos y la proliferación de debates políticos, hubo quien creyó ver un revival de la política y su acercamiento a nuestros hogares: podía haber sido una buena noticia porque la actividad política es algo en lo que todos debemos involucrarnos y, sin duda, no sólo atender sino vigilar atentamente para tomar decisiones. Sin embargo, hoy priman las frases huecas, el griterío, la propaganda, el postureo, el espectáculo de los besos y los abrazos, los gestos excesivos, las frases altisonantes, las bravuconadas, las representaciones teatrales, la demaogia barata e incluso el insulto. Hoy los partidos políticos prefieren decir que han hecho o van a hacer antes que a realmente a hacer (consideran que es lo realmente eficaz y, desde luego, menos cansado). Hoy los partidos políticos prefieren llamar la atención antes que cualquier otra cosa. Hoy hay representantes públicos que destinan más tiempo a idear cuál será su próxima bufonada (y lograr la correspondiente portada) que a trabajar seriamente en un cambio legal que tenga incidencia real en la mejora de la vida de la gente. Sin ir más lejos, ayer mismo trabajadores de RTVE acusaban a PSOE, Podemos y Ciudadanos de ser cómplices de la manipulación pro Partido Popular existente en el ente, lo cual es una dejación de funciones evidente que demuestra que siguen estando a sus cosas en lugar de a las cosas de los ciudadanos (quince meses sin reunirse la Comisión de Control de RTVE).

El compromiso de los partidos políticos con el trabajo serio y riguroso en el Congreso de los Diputados debe estar en el frontispicio de sus funciones esenciales y prioritarias. Los ciudadanos debemos exigirles que así sea y penalizar a quien opte por la simple propaganda. Creo que es una cuestión esencial por la que seguir luchando con más fuerza si cabe. Siempre confié en que los políticos auténticos, honestos y trabajadores triunfarían sobre los que banalizan y prostituyen la actividad política. Ojalá ese triunfo llegue más pronto que tarde. No desfallezcamos.

 

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Nací el 11 de noviembre de 1974: tengo, por tanto, 42 años. Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, Técnico en Gestión Fiscal y Técnico Especialista en Administración y Dirección de Empresas. Milité desde muy joven en diversos movimientos sociales que se enfrentaron al terrorismo de ETA, como Denon Arten-Paz y Reconciliación (durante los primeros años de los años 90) y Basta Ya (desde finales de los años 90). Milité posteriormente y durante unos tres años en el PSE, partido político que abandoné en 2006 al comprobar que dejaba de ser un partido nacional y de defender la igualdad y por su política en relación a ETA. Me afilié a UPYD el 29 de setiembre de 2007, el mismo día en que se presentó públicamente en Madrid. Desde el 1 de marzo de 2009 hasta el 20 de octubre de 2016 fui parlamentario vasco por UPYD. He estado en la Dirección de UPYD desde 2009 y soy exportavoz nacional del partido. Portavoz de la Plataforma Ahora

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