En medio del refinado ambiente de una familia alejandrina de oropel venida a más gracias al comercio del algodón, nació un 29 de abril de 1863 aquel poeta que nos invitaba a emprender el camino hacia nosotros mismos viajando a una Ítaca ideal e idealizada, destino de paso de todo viajero en busca de tránsitos enriquecedores. Constantinos Petrou Cavafis fue el último de nueve hermanos que desde muy pronto mostró una sensibilidad especial hacia las artes en general y también en su horizonte personal con el referente del esplendor de la Grecia clásica.

Cavafis no nació poeta, se fue haciendo poeta año tras año. Esa forma definitiva de poeta la perfiló en un año concreto: 1911

Cuando en 1897 viaja con su hermano mayor John a la capital francesa al tiempo que Turquía declaraba la guerra a Grecia, un Cavafis en la treintena buscaba, por un lado, poner tierra de por medio respecto a su absorbente madre y por otro aprehender todo el espíritu finisecular que se vivía en aquel París que eclosionaba hacia un mundo nuevo aún por llegar. Quizá fuera también el lugar idóneo y el momento propicio para explotar y romper las ataduras que mantenían su homosexualidad en un estado latente y soterrado.

La escritora griega Ersi Sotiropoulos cierra aún más el foco y narra tres días concretos de aquel viaje en la vida del poeta, cuando Cavafis aún no había llegado a ser aún el poeta fundamental del siglo veinte que llegó a ser, referente de futuras generaciones de escritores e icono de una poesía con unos inconfundibles ingredientes basados en la transitoriedad, el tiempo fugaz y el ensalzamiento de civilizaciones ya perdidas. En Qué queda de la noche, publicado por Sexto Piso, Sotiropoulos retrata a un Cavafis inseguro aún, atormentado por incertidumbres de todo tipo, personales, sociales y políticas del tiempo que le tocó vivir.

Aquellos tres días parisinos del poeta alejandrino fueron en cierto modo balsámicos antes de su regreso a Egipto. Pero para lograr este efecto sanador debe tomar una decisión sumamente traumática: romper lazos con todo lo que lo constreñía, lo paralizaba, lo limitaba en sus ansias de expresar al mundo toda la poesía que llevaba dentro.

Como recuerda Robert Liddell en su mítica biografía crítica del poeta alejandrino, Cavafis no nació poeta, se fue haciendo poeta año tras año. Esa forma definitiva de poeta la perfiló en un año concreto: 1911. Así lo afirmaba su amigo Sareyannis. Antes de estos años, todo lo escrito se puede encuadrar en la época denominada precavafiana. Y aquellos días en el París de 1897 así lo fueron, un caldo de cultivo para lo que estaría por llegar.

Pero en sus Poemas canónicos destaca con luz propia el titulado Un anciano, firmado precisamente aquel año 1897, y donde ya se puede atisbar la temática predilecta y el destello que irradian sus versos. “En medio del bullicio del café, encorvado a la mesa, está sentado un anciano, / con un periódico ante él sin compañía. // Y en la vejez infame y desdeñosa, / piensa en qué poco disfrutó los años / cuando tenía fuerzas, elocuencia y belleza. // Sabe cuánto ha envejecido: lo percibe, lo ve, / Y todo ese tiempo en que era joven le parece / que fuera ayer. Qué breve, qué breve el intervalo. // Y piensa en cómo se le ha reído la Prudencia; / y cómo –¡qué insensatez!– confiaba en ella, la mentirosa que decía: “Mañana. Aún tienes mucho tiempo”. // Recuerda los impulsos contenidos, cuánta dicha / sacrificada. De esa necia cordura / cada ocasión perdida se está mofando ahora. // Pero de tanto acordarse y tanto cavilar, / el anciano se embota, y cae dormido, / apoyado contra la mesa del café”. Paso del tiempo, el abismo del discurrir de los años, la belleza de la juventud…

En Qué queda de la noche, novela con la que Sotiropoulos ha obtenido el Premio Mediterráneo de Literatura 2017, la autora se pregunta cómo puede coexistir la genialidad con el discurrir diario de la cotidianidad y cómo romper con las rigideces de lo establecido para alcanzar el duro precio de la libertad creadora. Cavafis lo logró en su momento y todos nos beneficiamos ahora de aquella lucha interior. Él llegó a su Ítaca y nos mostró el camino. De nosotros depende elegir el sendero adecuado y disfrutarlo a cada instante.

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1 Comentario

  1. El artista plástico español Gabino Amaya Cacho, abrirá una exposición el próximo jueves 5 de abril en las instalaciones de la sala privada de la Galería Gaudí en Madrid. Esta es una gran noticia para los fans del afamado artista, ya que podrán interactuar con él en esta lujosa exposición. Gabino Amaya Cacho, viene de exponer su obra en Milán donde tuvo una gran recepción de parte del público y la prensa especializada.

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