Sinopsis

En un pequeño pueblo de los Estados Unidos se comete un crimen en una casa. Hay tres muertos. Tres miembros de una familia y una joven desconocida que aparece desnuda, semienterrada, en el sótano de la casa. El sheriff del condado lleva a la joven a la funeraria para ver si en la autopsia se pudiera saber la causa de la muerte y de alguna manera proceder a la identificación del cadáver. La autopsia va revelando circunstancias cada vez más extrañas. Es imposible, por ejemplo, que la chica tenga quemaduras internas y sin embrago no aparezca absolutamente ningún signo de abrasión en la dermis externa. Y no voy revelando más cosas porque no voy a hacer spoilers.

La primera parte de la película va más de dar asco que otra cosa. Al pobre muñequito que hace de chica le abren el cráneo, el esternón, le sacan los ojos, las vísceras… En fin, todo muy gore. Entre tanto, se empiezan a escuchar unos ruidos rarunos. El conducto de ventilación, o interferencias en la radio. Y entonces lo que ha empezado siendo gore empieza a mutar a sobrenatural. ¿No será que al espíritu de la chica no le hace ninguna gracia que le estén haciendo semejante carnicería? Y no cuento más.

 

La realización

Es el momento en el que yo echo mano de un término súper pedante que me ha encantado de toda la vida. La semántica cromática. Que en cristiano quiere decir eso de cuando utilizas mano de un color y un tono para expresar el tono de tus sentimientos. En este caso, el verde. El verde por un lado. Y por otro, un tono atemporal más bien setentón.  Hasta que el chico no saca el móvil,  el espectador tiene todo el rato la impresión de que la acción se sitúa en los años setenta por cómo van vestidos los protagonistas, la música que escuchan, el radiocasete que tienen y la decoración de la funeraria. Todo encaminado a buscar una sensación vintage que tanto puede ser hípster como inmortal: nuestra querida muerta no sabe de tiempos, ésa es la idea (y ya me entenderán ustedes si ven la película).

 

Los actores

El tándem de actores masculinos es fantástico. Establecen un duelo interpretativo increíble de miradas y gestos. Hay una escena un poco absurda que a mí me sobraba en la que justo cuando les está persiguiendo una presencia sobrenatural (y algún que otro muerto resucitado de paso) al padre le da por contarle al hijo lo mucho que echa a falta a la madre. Una escena que hubiera sido de coma diabético y de vergüenza ajena si no la hubiera interpretado con rigor y solvencia ese fantástico actor que es Brian Cox.

Pero la verdadera actriz revelación aquí es la muerta: Olwen Catherine Kelly.

Les voy a explicar

Aquí hay una chica que se tira diez horas diarias de rodaje, fines de semana incluidos, haciendo nada. Nada excepto estar completamente inmóvil desnuda sobre una camilla de hierro muy fría sin poder respirar, porque entonces se notaría. La actriz elegida había practicado yoga y era capaz de contener la respiración durante largos períodos de tiempo. Ya les digo yo que si a ustedes les piden que hagan lo mismo con dos señores gritando y vociferando a su alrededor, no lo consiguen.

Pero hay más.

De paso, a la actriz elegida le piden que se quede absolutamente inmóvil, sin respirar, durante dos minutos, con la boca entreabierta, mientras la cámara le toma un primerísimo plano. Y lo consigue. Y también consigue el mismo plano, pero componiendo una enigmática sonrisa a la Mona Lisa, también sin respirar. Eso no es precisamente hacer nada. Muy pocos actores lograrían eso. Pero casi ningún espectador se da cuenta de lo dificilísimo que es lograrlo. Porque los espectadores valoran la acción y no la inacción.

 

La banda sonora

La banda sonora es muy inteligente. En la funeraria, los cadáveres llevan una campanita atada al tobillo no sea que sufran no sé qué síndrome de catalepsia y les dé por despertarse de madrugada. Usted ya sabe que antes o después se despertaran, que estamos en una película de miedo. Pues la banda sonora incorpora la campanita de marras. También incorpora las interferencias que se cuelan en la radio (que ya he citado anteriormente) o los avisos sobrenaturales del conducto de ventilación. Es decir, los avisos del más allá forman parte de la propia música de la película, lo cual es un recurso muy original.

 

El guión

El guión es más falso que un euro de madera. Pero yo no me di cuenta hasta que salí del cine y empecé a reflexionar sobre lo que había visto y me di cuenta que me habían tomado el pelo como a un votante que se creyera un programa de un partido. ¿Por qué?   Porque mientras estuve viendo la película pasé tanto miedo que no me dio tiempo a pensar nada. La película está tan bien hecha que es absolutamente aterradora, de verdad. Y eso, prácticamente sin efectos especiales. Y ¿para qué va uno a ver una película de miedo? Para pasar miedo. Si eso lo ha conseguido con un guión que tiene más trampas que una mesa de trilero, pues mira, hay que aceptarlo.

 

Mi conclusión:

¿Quieres pasar miedo? Ve, sin duda. Yo no había pasado tanto miedo desde La Bruja de Blair.  ¿Eres emocionalmente muy sensible, estás embarazada, sufres del corazón, eres menor de edad, padeces problemas de ansiedad, tienes pesadillas, o sufres de estrés postraumático? Ni se te ocurra. La que avisa no es traidora.

Ps: Por si se preguntan ustedes lo de la elegancia noruega, el director de la cinta es noruego,  Andre Ovredal, director de una pequeña joya de culto, TrollHunter, más rara que un perro verde, que solo se encuentra en internet.

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2 Comentarios

  1. Ufff, por un lado me has dejado con ganas de verla, por otro, me aterroriza la idea… No hay nada que me asuste más que aquello que insinúa terror sin utilizar efectos especiales.

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