La austeridad como modo honesto de vida y ético ejercicio del servicio público es retomado por Andrés Manuel López Obrador del ideal de José María Morelos de luchar contra la opulencia y que inspiró a Juárez para acabar con los privilegios, el horizonte de este hilo en la historia es la justa medianía.

La Constitución mexicana está redactada bajo los principios expresados por Morelos en los Sentimientos de la Nación. México nace bajo esta inspiración que generaciones de políticos llegan a venerar, pero jamás a practicar. Honrosas son las excepciones los liberales del siglo XIX, los caudillos revolucionarios del siglo XX y el gobierno de la Ciudad de México de principios del presente siglo XXI.

Han sido gobiernos excepcionales seguidos de historias de corrupción, del estadista sobrio y austero que representa José María Morelos al gobernante con hábito de califa dispuesto a la venta y renta nacional, nombres como Antonio López de Santa Anna, Porfirio Díaz y el monarca sexenal en turno desde Miguel Alemán hasta Enrique Peña están inscritos en la historia de la corrupción.

Es la hora de que el sacrificio sea colectivo, siempre le ha tocado al pueblo sufrir la austeridad, los recortes siempre tocan obras y programas dirigidos a garantizar derechos humanos sea agua, alimentación, educación y salud.

Es común que los mexicanos abandonen sus hogares en busca de trabajo, hay 60 millones de mexicanos que son pobres por el fracaso de políticas que ordenan recortar el Estado social y en medio de esta crisis aflora la mezquindad de personajes como el ministro Luis María Aguilar o el consejero electoral Lorenzo Córdova.

Estos personajes son destacados ejemplos de la defensa del privilegio, son los conservadores del siglo XXI, hombres que se resisten a renunciar a las canonjías de los cargos, buscan la simulación a base de compensaciones sean sobresueldos, estímulos, bonos, vehículos oficiales, asesorías y demás triquiñuelas.

Están dispuestos a proclamar el privilegio como derecho humano, desafían la voluntad de un pueblo deseoso de congruencia, la famosa expresión obradorista de que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre es un consenso social, tan es así que Felipe Calderón siendo el presidente usurpador trató de apropiarse la propuesta de López Obrador y en 2009 se incluyó en la Constitución.

Desde entonces nadie debería recibir mayor remuneración que la establecida para el presidente de la República, letra muerta gracias al pacto de impunidad derivado del fraude electoral, el poder ilegítimo aceptó la simulación.

El poder de hoy es el más legítimo del que tengamos memoria, se acabó el intercambio de favores. El poder legítimo hará realidad ese deseo de congruencia, no hay pretexto para escapar a la racionalidad, por más litros de tinta de la intelectualidad orgánica destinados a justificar la preservación de favores.

La austeridad es un concepto profundo y no mero discurso, se trata de hacer que este país aproveche al máximo su riqueza y que ésta deje de ser detentada por unas cuantas manos ociosas. Cobran bien y se despechan también, eso debe acabarse.

Se trata de que haya verdadero servicio público, que haya verdadera empresa, hoy no hay más empresa que el servicio público, se trata de corrupción, el negocio está en el poder público y de este han salido distinguidos hombres de negocios que viven con insospechadas fortunas e inexistentes contribuciones.

La mayoría es pueblo laborioso, hay funcionarios honestos, hay empresarios exitosos, sin embargo, hay una madeja de intereses creados que tienen al pueblo en el desempleo a trabajadores y funcionarios desaprovechados y al empresario atado.

Así que el tema no es propaganda, un Estado Social debe ser en esencia un Estado austero, es austeridad republicana porque se trata de racionalizar recursos para garantizar derechos y no al revés, no se trata de recortar derechos que es la austeridad ordenada por los grandes intereses ansiosos por hacer negocio del agua, la comida, la educación y las medicinas.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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