Sabido es que una victoria pírrica es aquella que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente vencedor, de modo que aún tal victoria puede terminar siendo desfavorable para dicho bando. La expresión se refiere a Pirro, rey de Epiro, que lucho toda su vida contra los romanos, a los que derrotó en varias ocasiones. En la batalla de Heraclea, en el 280 antes de Cristo, Pirro obtuvo una gran victoria sobre los romanos en el sur de Italia. Había desembarcado con sus soldados y sus elefantes en Tarento, y los elefantes destrozaron a la caballería romana. Sin embargo, la pérdida de cerca de cuatro mil soldados, entre ellos sus mejores generales, le hizo exclamar a Pirro, al conocer la buena noticia de su victoria: “si consigo otra victoria como ésta, estoy perdido”. Alguien se lo debería susurrar al oído de MR.

Carecemos de estadistas. Estos reconocen en las situaciones las medidas correctas de los costes y beneficios que pueden exigir su afrontamiento. Su visión suele ser de medio y largo plazo. En cambio, los pícaros y oportunistas que abundan en nuestro escenario político, tienden a rapiñar los aparentes beneficios de las acciones a corto plazo. Los juzgados lo ponen de manifiesto. Las burdas tramas de apoderamiento de los recursos públicos nos dejan el amargo regusto de nuestra incapacidad para evitarlas y combatirlas. Entre otras cosas porque utilizan la mentira como técnica más frecuente. Hemos salido de la crisis pero el salario medio, indicador preferido del gobierno, ha disminuido. El salario medio mensual en términos brutos fue en 2016 de 1.878,1 euros lo que supone un descenso del 0,8% respecto al año anterior, según el ‘Decil de salarios del empleo principal’ de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Aún así, las buenas gentes quieren creer. Ellos lo saben. Entonces despliegan las banderas y los señuelos para que la emoción nos distraiga del escamoteo de libertades, derechos y bienes, todo en nombre del interés de España. En tanto, estos pícaros, trabajan para la cuenta de resultados cada vez más voraz de sus patrocinadores. Es el caso de la constructora ACS, presidida por Florentino Pérez, que pagó comisiones por valor de 578.474 euros al ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Gonzalez, a su hermano Pablo y al resto de sus socios por el campo de golf del Canal de Isabel II. El juez del Caso Lezo describe con detalle todo el proceso. La impunidad por falta de controles eficientes era y, probablemente, siga siendo tan laxa, que estas operaciones no eran la excepción sino la norma.

Tomemos por caso al proceso privatizador del sector eléctrico, y su posterior concentración en unas pocas empresas, en contradicción de los himnos liberales de eficiencia y libre competencia que debía de haber entre ellas. Si tal cosa ocurriese, el proceso haría bajar el precio. Nada más alejado de la verdad. En octubre la subida para el usuario medio ha sido del 7,2% y en septiembre del 0,4%. Ya cinco los meses en los que ha subido el recibo en lo que va de año. Si no se toman medidas, las afectadas serán las familias con menos recursos económicos, privadas del uso de la calefacción o con cortes por su falta de capacidad de pago. Estas empresas, alguna de las cuales es multinacional, son sólidos apoyos del Régimen del 78. A ese modelo de Estado no le importan las personas.

Esta gente, mencionada en todos los procesos por corrupción, se cree con derecho de afrontar desde la ética un conflicto político de una complejidad enorme. Es más, anima al Fiscal General del Estado, que no debería olvidar que es “el” Ministerio Público de todas las personas de este país, no el brazo judicial del Gobierno, a emprender una campaña de judicialización de la cuestión catalana. Tampoco a gestionarla desde el ministerio del Interior como si fuese un asunto de orden público, aplicando la fuerza. Error tras error. La pugna real en esa cuestión es, en primer lugar, ética para, luego, procurar una resolución territorial desde lo político. Desde el exterior se lo comienzan a hacer notar a la Moncloa.

Pero, lamentablemente, en la Villa, siguen teniendo influencia tunantes y petimetres, que pretenden aplicar acciones violentas en su afán de doblegar al catalanismo y a cualquier oposición que no se doblegue a sus designios. Se equivocan. Están logrando a mi juicio victorias pírricas, dicho esto desde una postura personal que no desea la segregación de ninguna nacionalidad histórica del territorio español. De aquí, el 21D puede que repita o consolide esa corriente social. ¿Qué harán entonces estos personajes que blanden una Constitución que se derrumba por todas sus costuras? ¿Incrementar la presión de las fuerzas de seguridad? ¿Seguir reprimiendo a la opinión discrepante desde una legalidad sometida a tensiones autoritarias? Porque es hora de que comprendan que han convertido el conflicto desde una confrontación partidaria, a otra de carácter sociocultural. Que ve como las soluciones políticas vigentes para este Estado español, no son ni aptas, ni equitativas y, para colmo, sin la autoridad moral para sostener la unidad del Estado que todos deseamos.

La corrupción sangrante que padece España es la causa de esta crisis de inconmensurables consecuencias. Afrontar su resolución drástica será la única vía para defender la integridad de España. La aplicación de la fuerza como única vía tan sólo producirá victorias pírricas. Para mal de toda la ciudadanía.

 

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1 Comentario

  1. El sentimiento se desdobla; por un lado duele; duele como duele la separación de los seres queridos. Pero por el otro, está la alegría. La alegría también es doble; una parte mata la tristeza de la separación; la familia y los amigos catalanes seguirán estando entre el Pirineo y el Mediterráneo, en un mundo interconectado; no hay, en realidad, sentimiento de pérdida. Porque por el otro lado de la Alegría está la Libertad.

    “Bon viatge per als guerrers
    que al seu poble són fidels,
    afavoreixi el Déu dels vents
    el velam del seu vaixell”
    VIATJE A ITACA
    Lluís Llach canta a Kavafis

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