Oscuridad, nihilismo y momentos obligados de lectura. Así surgió el concepto antientrevista. Montxo quería hacer algo distinto, darme a conocer de alguna manera. Pero claro, es que la vida es muy sucia, y no perdona una.

Montxo me leyó en uno de esos momentos oscuros, estando en el abismo. Se lo tomó como si fuese parte de la medicación. Sí, mis novelas son una especie de droga, por lo tanto, los médicos os alejarán de ellas. Son insanas. Culto a la misantropía. Nihilistas. Nocivas.

Sigo con Montxo y el abismo.

Después de engullir dos de mis trabajos, nos pusimos en contacto y me contó su idea. «Pregúntate lo que quieras, así no te joderá nadie con absurdeces».

 

¿Manipulación?

En todos los extremos. Da igual el color. Así lo plasmo, tal y cómo lo veo.

 

¿Tu literatura es corrosiva?

Yo hablo a través de un filtro que no hace distinciones. Envuelvo la realidad con historias oscuras. No me importa el género. Novela negra. Terror. Ciencia ficción. Me dejo llevar. Traspaso los límites y espero respuesta. Algunos lectores se consumen en el ácido de ciertos párrafos. Son ellos los que se corroen.

 

¿Bebes alcohol para conectar con tus musas? (¿Le pegas a la lejía?)  

No contestaré mientras quede cerveza en el vaso.

 

Odias la palabra vender, ¿cierto?

Los artistas de hoy en día parecen vendedores de aspiradoras pasados de moda.

 

¿Y tú no te vendes?

Muevo mi obra. La llevo. La arrastro. Busco lectores y doy facilidades. La consigna: dejar la vida convencional, escribir a tiempo completo, publicar, encontrar mi sitio y disfrutar de la soledad, de las teclas, del olor a papel viejo. No me vendo, estoy comprando una nueva vida.

 

 

¿Por qué lo de escribir?

Tengo muchas cosas que decir y existe mucha gente a la que le puede interesar. Estoy enganchado a esto. Es una adicción que no pide de comer.

 

Después de esto no creo que te lea nadie (risas), ¿alguna mejora? ¿Qué hay en tus obras?

Escritores acabados. Capos con sobredosis de películas de Tarantino. Exploradores espaciales alcohólicos. Camellos de barrio. Asesinos sin remordimientos. Yonquis. Mucha ironía. Sátira. Prostitutas. Mujeres fatales.

Mucho lío. Estructuras anárquicas. Género negro a raudales. Y mucha sangre.

 

¿Por qué el nihilismo? ¿No hay nada en lo que creer? 

No es algo que pueda controlar. Mis retinas captan las cosas de un modo crudo. Mis fosas nasales se «impregnan de hedor». Es el movimiento social, que me provoca.

Intento buscarle un significado a la vida, al mundo, a los madrugones, a los borregos que se dejan atrapar por los anuncios.

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