La semana pasada obtenía la libertad condicional un guardia civil tras cumplir siete meses de condena en la prisión militar de Alcalá Meco. ¿Su delito? Mantener con su superior una simple discrepancia relacionada con el uso de una zona común en la vivienda de la Casa Cuartel donde reside.

El lector se preguntará si esto es una exageración o una broma, pues ni una cosa ni la otra. Es la realidad con la que han de convivir en España unos ciudadanos uniformados, los guardias civiles, por una absurda, arcaica y retrógrada norma: la aplicación del Código Penal Militar, un código que se emplea, aun estando en tiempo de paz, las 24 horas del día a los guardias civiles, independientemente que se encuentren en su jornada laboral o no.

Anomalía democrática

La utilización de esta norma es toda una anomalía democrática que, para vergüenza de este país, se sigue aplicando al margen de la justicia ordinaria. Así, los guardias civiles ingresan en prisión por cuestiones tan absurdas como una discusión con un superior, incluso fuera de su jornada laboral. Porque, al contrario que al resto de la ciudadanía, para los guardias civiles no sirve ser condenado a una pena inferior a dos años y no tener antecedentes para no ingresar en un centro penitenciario. En la Guardia Civil, si te condena un tribunal militar, cumples la pena, sin importar el tiempo de condena impuesta.

Una espada de Damocles

Esto afecta de manera directa a cualquier agente de la Guardia Civil, a pesar de desarrollar funciones policiales, no militares, que se vea inmerso en este tipo de procedimientos, aunque jamás imaginara que esto le fuera a ocurrir, pues en realidad nunca cometió un delito como tal. Pero de manera indirecta afecta a la totalidad de los miembros de la Guardia Civil, la institución mas valorada por los ciudadanos y la peor tratada por los Gobiernos en España, pues no es sencillo mantener una relación de disciplina y jerarquía castrense cuando el inmediato superior, no importa el empleo, puede utilizar este recurso.

En términos sociológicos, los miembros de una colectividad comparten elementos de pertenencia, unidad y cohesión, pues necesitan sentirse identificados y reconocidos con la comunidad a la que pertenecen, ya que el colectivo proporciona seguridad. Sin embargo los guardias civiles no pueden expresar sus diferencias, pues esto es visto como una debilidad por la propia Institución. Reivindicar o expresar el deseo de mejorar el funcionamiento de la Guardia Civil se contesta con un “¡Ya sabías a donde venías!”

Una lástima que este pensamiento inmovilista se encuentre instaurado en un cuerpo que se defiende de toda amenaza que vislumbre cambios, aunque estos sean para democratizar la Guardia Civil.

Y sin embargo…. todo cambia.

 

“Cambia lo superficial 
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo”

 

Julio Numhauser

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Guardia civil destinado en la unidad de Tráfico de Tenerife, es el secretario de comunicación y portavoz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), mayoritaria en la Guardia Civil.

Ingresó por vocación y pronto se convirtió en un luchador ingénito en la defensa de los derechos de los y las guardias civiles, para conseguir el cambio hacía una Guardia Civil plenamente democrática y del siglo XXI. Actualmente desarrollando el Trabajo Fin de Grado de Sociología, por la universidad de La Laguna, en la realización de un estudio sobre la percepción de ciudadanía de los guardias civiles y su relación con la sociedad.

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