Estos líderes del No que han arrojado las urnas el pasado 20D a la arena política para que hallen soluciones a los incontables problemas de los españoles, además de no haber sabido leer hasta hoy el mensaje encriptado de los electores, no paran de escenificar cada vez más enrevesados cambalaches que ni ellos mismos son capaces de sortear con soltura y altura de miras. El no se impone como un mantra partidista por encima de intereses comunes.

Estos cuatro líderes en liza creen que tienen como bálsamo ¿a su favor? el horizonte de lo sucedido en Bélgica durante 535 días. Entre 2010 y 2011, los belgas vivieron sin gobierno, casi en una “anarquía maravillosa” tomando prestadas las palabras del actor Pablo Carbonell. Y para sorpresa de muchos, mejoraron los datos del desempleo, aumentó el PIB, bajó el déficit. En definitiva, una nave a la deriva con el horizonte muy claro. Aviso a navegantes.

Esta política del No apenas está dejando otra opción al Rey que apostar por mantener la incógnita de la gobernabilidad de España durante las próximas semanas, y muy probablemente meses. En uno de los numerosos exabruptos oídos por doquier al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, se le pudo oír aquello de “¡joder, qué tropa!” del conde de Romanones dirigido a la guerra cainita que mantuvieron por el poder del PP madrileño Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón.

Para comenzar a desgranar los noes a la gobernabilidad de España, que no son pocos, el primero de relevancia se lo dio Rajoy al mismísimo Felipe VI cuando rehusó aceptar formar gobierno, sólo 24 horas después de afirmar públicamente lo contrario.

A partir de este paso al lado dado antes de probablemente de escenificar el paso atrás definitivo, Rajoy ve los toros desde la barrera a la espera de una nueva convocatoria electoral que le mantenga como candidato antes de que se le rebelen y lo descabalguen de la presidencia del partido. Y desde aquí, desde la barrera, el todavía líder del PP ha podido contemplar con tranquilidad cómo la única llamada que ha realizado para que los ciudadanos vean con qué ímpetu y credibilidad mueve ficha el PP, a Albert Rivera, ha resultado infructuosa por completo, ya que Ciudadanos es consciente de que no quiere viajar en solitario con un PP oliendo a corrupción por sus cuatro costados y solo apuesta por acercar a PP y PSOE a un gran pacto global a tres bandas, algo que el PSOE de Pedro Sánchez (no precisamente el PSOE de muchos de sus barones o del propio Felipe González) no contempla bajo ningún concepto. No sonoro a Rajoy y no con eco al PP desde Ferraz.

Podemos, por su parte, aporta también su ración de noes a esta sopa de letras: no rotundo al PP, ni que decir tiene, y no contundente también a la que considera su marca blanca, Ciudadanos.

Por tanto, la idea de Sánchez de mirar a derecha e izquierda para formar su ejecutivo soñado que le libre de las fauces de los barones –el que integraría a Ciudadanos, PSOE y Podemos– tampoco tiene visos de salir airosa porque ni Ciudadanos quiere nada con Podemos ni este con aquel.

Por tanto, el margen de maniobra del Rey para encargar formar Gobierno al líder socialista es bastante exiguo. Porque Felipe VI ya le transmitió ayer al líder de Podemos su deseo de que “cuando un candidato decide pedir el aval del jefe del Estado es razonable que tenga un proyecto avanzado”. Este “proyecto avanzado” no existe ni por parte de Rajoy ni por parte de Sánchez. Por tanto, si dos no quieren y cuatro siguen a la gresca, la ecuación parece clara: ingobernabilidad sine die o nuevas elecciones generales a la vista.

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