El fútbol, guste o no, es el deporte más popular en el siglo XXI en Europa, África, Sudamérica y parte de países asiáticos. Acapara la información deportiva multimedia, canales temáticos, contratos publicitarios. También genera apuestas millonarias, llena estadios y campos donde juegan jóvenes y adultos de ambos sexos. De las estrellas del balompié, no importa si son directivos de clubs, federaciones, jugadores, entrenadores, interesa todo, hasta aspectos de su intimidad personal y familiar. Los nuevos gladiadores, los goleadores, son atletas que, aunque nos aburren con talento primario, son los nuevos héroes sociales que más seguidores detentan.

En España el fútbol es, además, negocio al que luchan cuotas de mercado desde diferentes trincheras. Real Madrid y Barça acaparan las mejores tajadas y atención mediática. Sus ‘fans’ se reparten en muchos países; sus partidos cotizan audiencias, el mercado audiovisual y publicitario. Otros equipos de una liga –siempre– patrocinada y que, por apostantes asiáticos, programa partidos cualquier día y hora de la semana merodean la cúpula liguera. Nos referimos al Sevilla, Villareal, Valencia, Atlético de Madrid y Bilbao fundamentalmente.

Otros clubes sustentan un negocio harto lucrativo. Redoblan visibilidad cuando alcanzan puestos para competiciones europeas o, en su defecto, la Copa del Rey. El apego popular del fútbol hace que un deporte que entró a principios del siglo XX por Huelva cuando jugaban allí los británicos ahora sea palpitante con escudos, colores y estrellas que identifican la gloria.

De los equipos españoles quizá el que más leyenda acumula por ejercer de Ave Fénix que renace de sus cenizas tras jugar en todas las divisiones es el Betis. Su oficioso lema de que viva ‘manque pierda’ corrobora esa filosofía de aguantar el chaparrón cuando toca y vibrar el éxito cuando toca. El Betis, además, vive en contexto de extrema rivalidad con el Sevilla FC.

La parroquia que aplaude al Betis allá donde vaya incrementó su número desde la irrupción del actual capitán, Joaquín Sánchez Hernández

El color verdiblanco del escudo, que coincide con la bandera andaluza, más una afición irredenta repartida en los cinco continentes, generó leyenda de chiste malo en Manuel Ruiz de Lopera. El que fuera presidente bético sacó al sevillano cateto del ocurrente besando estampitas de cristos, vírgenes o el escudo del club mientras se reían de su supuesta gracia. La ingeniería financiera que aplicó al club de sus amores le libró en juzgados de todo, pero le alejó del cariño que por el Betis sienten el torero Curro Romero o béticos confesos como Felipe González, Susana Díaz, Alejandro Sanz, Jesús Quintero, Manu Sánchez, Kiko Veneno, Morante y las fallecidas Duquesa de Alba o Condesa de Barcelona.

La parroquia que aplaude al Betis allá donde vaya incrementó su número desde la irrupción del actual capitán, Joaquín Sánchez Hernández. El veterano jugador, ya de 37 años, cimentó su carrera en el Betis de hace lustros. Después militó en el Valencia, Málaga y Fiorentina. Joaquín llega al estereotipo asociado al sureño con gracia espontánea pero sin menoscabar su profesionalidad.

La fortaleza deportiva del Betis sustenta al portuense Joaquín sobre el entrenador Setién, el cerebro de Serra Ferrer y una directiva discreta. Se ve aprendieron del talento del rival sevillista ‘Monchi’ (ahora en la Roma), del preparador físico Ramón Orellana (ahora catedrático en el instituto Fernando Herrera) o del infinito ojo sobre la cantera de Pablo Blanco.

Joaquín fue 51 veces internacional con La Roja. Y saca punta con extrema habilidad a su gracejo, replica a las críticas –algunas sobre sus faltas de ortografía– con extremo humor, ocurrencia y recursos dramáticos. En el empeño de contar chistes es inagotable pues su repertorio. Recordemos la anécdota, más que viral, que protagonizó llamando ‘Hulio’ a Julio Baptista cuando jugaba en el Málaga en 2011. Al ‘Hulio’ le saca partido años y años.

Joaquín, sin ser profesional, es un comediante que arrasa en las redes sociales imitando, criticando, o satirizando –en modo chiste jocoso– causando risotadas hasta a los destinarios de sus dardos. Que se lo digan al actual seleccionador de La Roja, Luis Enrique, cuando le muestra una percha vacía reivindicando ser llamado por tan serio ‘Mister’.

Más viral de Joaquín es que aloja en la memoria colectiva el arte de salir airoso ante cualquier imprevisto que le surja por parte de sus interlocutores. Ha demostrado en videos que protagoniza arrasar en internet. Los reproducen televisiones y digitales españoles y foráneos acreditando que la comicidad no es coto de quienes viven de hacer reír. Ante el entrevistador televisivo de temática fútbol descuadra los estándares que se esperan del mismo antes o después de un partido. Sus respuestas no las controla nadie.

En un programa televisivo que presente Bertín Osborne le preguntó por si se anima a tener un varón tras ser padre de dos hijas. Joaquín contesta que lo intenta explicitando secretos de alcoba aunque sin desvelar morbo. Describe que su pareja es friolera, hasta se acuesta con batín y gorro. Relata, después, que la desnuda hasta que, harto de quitarle tanta ropa, se le quitan las ganas de intentar hacer su familia. Minutos antes de tan íntimas explicaciones del portuense, Osborne está literalmente descojonado hasta contagiar a Joaquín. Ambos, entrevistador y entrevistado, logran la carcajada hasta del equipo que graba la toma televisiva. Imagínense los telespectadores cuánto disfrutan con ocurrencias de Joaquín ‘en su punto’.

Los memes, declaraciones y empatía que genera el personaje ya son materia de estudio para publicistas, influencers, estudiosos del marketing y ejecutivos mediáticos. El ‘fenómeno Joaquín’ trasciende los colores de su camiseta verdiblanca, una bondad personal de corazón solidario que gana el respeto y admiración popular. Próximo, quizá, a colgar las botas, Joaquín es un valor seguro para capitanear cualquier causa. Su mensaje resalta que no hay obstáculos, solo retos.

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