por Jamila Farah

Existe un debate importante en Francia que ha conseguido una posición muy fuerte en los medios de comunicación y espacio social. Se trata de la discutida aceptación del término ‘islamofobia’, según las definiciones que se le quieran dar. Ambas partes se oponen a esta guerra de palabras mientras las noticias muestran un aumento dramático del racismo contra los musulmanes que afecta mayoritariamente a las mujeres con velo, algo que supone un grave fenómeno social. Sin embargo, existe la necesidad de definirlo de forma permanente y de acuerdo a la pragmática lingüística para que científicamente pueda ser aprehendido y combatido con eficacia.

En primer lugar, ¿qué es la libertad de expresión? La República se basa en dos valores fundamentales: la libertad y la igualdad, dos conceptos necesarios que necesariamente se presuponen el uno al otro. Ilustra esta necesidad la situación particular de un maestro y un esclavo.

El análisis de la situación de desigualdad infiere que el discurso del amo frente a su esclavo, incluso si le va a decir que le ama, no puede estar relacionado con la libertad de expresión, sino con un desprecio para el habla, si no lo hace en un plano de igualdad y liberación. El concepto de libertad tiene que estar de acuerdo con el de la igualdad. En cuanto a la libertad de expresión, en el mismo patrón de las condiciones de posibilidad de este último, es necesario tener en cuenta la igualdad de las partes para garantizar que no se domina al otro en un ejercicio de coacción.

Cuando Alain Jacubowisc en France Inter el 1 de octubre de 2012 declaró que la islamofobia es un derecho y Elisabeth Badinter citó el 1 de junio de 2015 en El amanecer de Francia Inter: «no hay que tener miedo de buscar un tratamiento para islamófobo», es obvio que solo tratan el término islamofobia bajo la definición crítica del Islam que está permitido en la ley republicana y es una cuestión de libertad de expresión. Sin embargo, lo que sí se puede caracterizar como un discurso cubierto por la libertad de expresión es el criterio condicional de la igualdad y la libertad, como hemos visto. Luego, observe si en la prensa, sobre todo en los medios de comunicación públicos, la respuesta a estas observaciones es suficiente e igual. ¿La hegemonía del discurso islamófobo como una crítica del Islam en el espacio de los medios de comunicación son clientes habituales de radio o televisión? Debido a que “el servicio público de radiodifusión sonora y televisión, en su contexto nacional y local, es servir al interés general. […] Esta misión será garantizada en el cumplimiento de los principios de pluralismo y la igualdad entre las culturas, creencias y corrientes de pensamiento y dictamen”, porque, “el objetivo de la pluralidad, por ejemplo, determina la efectividad de la libertad de expresión”.

La aceptación de la otra definición hace que las víctimas de la islamofobia aumenten en su número, y que ciudadanos responsables reconocen que hay miedo y aversión al Islam. Como ha señalado Olivier Roy, “en lugar de criticar a inmigrantes árabes, nos referimos a los musulmanes, al dar por supuesto la misma población”.

Por lo tanto, Chaambi Abdelaziz, presidente de la Coordinadora contra el racismo y la islamofobia, destaca que los datos sociológicos y estadísticos señalan a la islamofobia como el estigma de la discriminación, el rechazo o la exclusión de la sociedad y la esencialización de un individuo o un grupo en función de su Islam real o supuesto.

El derecho a la islamofobia es parte de una ideología del choque de civilizaciones y la construcción de un problema que oculta otros. La islamofobia produce entonces una narración colectiva regresiva que uniría a unos valores comunes reducidos de la identidad franceses en torno a la etnia europea, el cristianismo secularizado y el ateísmo. Se excluye a los musulmanes tradicionalmente de forma voluntaria para facilitar su lectura, pero especialmente tranquilizador que ayudaría a identificar a los presuntos culpables o causas de la decadencia occidental y un mundo posmoderno cambiante. La islamofobia es un aislamiento nostálgico que permite anticipar una nueva identidad francesa y otra de sedimentación en el poder.

La oposición o un impedimento para el reconocimiento de ambos en el término islamofobia es improductivo e irresponsable y perjudicial para la paz social. Es necesario contar con una nueva visión de las realidades del mundo. El retorno de lo religioso no es específico de Islam puesto que también hay que tener en cuenta y es necesario entender que el pluralismo religioso y político es heredero del pensamiento liberal y moderno. La nueva pregunta es: ¿qué sistema político democrático puede permitir la expresión pacífica de la pluralidad en un espíritu de tolerancia de las diferencias y el ecumenismo en los valores de los derechos humanos y la naturaleza?

Artículo publicado en el número 1 de Diario16

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