Isaac Bashevis Singer, en Nueva York (1977).

Quién era realmente Isaac Bashevis Singer. Y de dónde surgieron sus primigenias raíces creativas. Qué influyó de forma determinante en su fructífera carrera literaria. Muchas preguntas con respuestas a medias sin verdades absolutas. Es lo que tiene haber nacido en Polonia siendo judío asquenazi, habiendo escrito sus obras en lengua yídish y haber terminado sus días después de una vida casi centenaria en Estados Unidos hasta su fallecimiento en 1991, tras haber logrado casi por sorpresa un Premio Nobel de Literatura en 1978 que nadie, ni siquiera él, esperaba.

El propio autor seleccionó los 47 relatos recogidos en este volumen del más de un centenar que escribió durante su larga trayectoria

Tres veces contrajo matrimonio este hijo y nieto de rabinos que rompió la tradición familiar y vivió muy de cerca la Gran Guerra en Varsovia, además de tener un hijo llamado Israel y escribir una obra literaria amplia que contabiliza más de medio centenar de obras, entre ellas su legendaria novela Sombras sobre el Hudson, donde reflejó la disyuntiva que se les planteó a los judíos exiliados entre optar por las tradiciones que impone su férrea fe y el ímpetu con que llegaba un laicismo moderno que vaciaba iglesias y sinagogas.

Lumen publica Cuentos, una recopilación realizada por el propio escritor en la que selecciona 47 relatos breves del más de un centenar que escribió en su larga carrera literaria. “Me resulta difícil decir por qué elegí los cuarenta y siete cuentos de esta colección, seleccionados entre más de un centenar. Como le ocurriría a un padre del Oriente contemplando su harén llenos de mujeres y niños, los quiero a todos”, dijo Singer cuando entregó en imprenta este volumen.

Y ciertamente es difícil quedarse con uno o dos de sus relatos, porque todos ellos tienen algo peculiar, algo mágico, algo inclasificable que los hace únicos. Porque por estas páginas pasan historias de lo más diversas, que partiendo de universos muy cercanos y privados se abren al sentir de todo un pueblo expandido por el mundo entero en una diáspora bíblica interminable.

En estos cuentos deambulan conocidos de Kafka o el mismísimo Stefan Zweig por los bares de su añorada capital polaca mientras reclamaba dinero prestado al tiempo que daba consejos. También mujeres que entrecortan sus palabras de tanto que quieren olvidar sus malas experiencias o campesinos en el día a día de la extensa Polonia. O ancianos que se enamoran cuando se asoman al balcón de su casa en Miami, lugar de la última residencia del escritor yídish.

Aquí se puede comprobar que también tiene su peso el contexto en que desarrolló la segunda etapa de su vida, ya en Estados Unidos desde 1932. Apenas una década después se convirtió en ciudadano estadounidense de pleno derecho, cuando en aquellos mismos años millones de judíos eran torturados y asesinados en campos de exterminio nazis.

Precisamente su vida en Estados Unidos es la que marcó sobre todo el perfil que dio a la amplia mayoría de su narrativa breve, realista pero cargada de un simbolismo evocador que emociona por hacernos partícipes de una identidad que él supo llevar con dignidad desde sus raíces en Centroeuropa hasta sus últimos días en la cálida Miami.

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