Lo cotidiano es que cualquier partido con treinta seis años de permanencia en el gobierno, a causa del cansancio de la ciudadanía, acompañado de casos de corrupción, les sucede a todos, sea descabalgado. Lo que ya no es habitual es que dicho partido siga siendo la fuerza más votada, cómo ha ocurrido en Andalucía gracias a la buena cabeza de Susana Díaz, y de semejante guisa resulta normal que las organizaciones adversas se coaliguen para alcanzar el palacete de San Telmo, con la excepción de la ultraderecha sumada a según que formación.

Han vuelto a marrar las encuestas, incluidas las que no fallaban, las israelitas, las de pie de urna. Hacía unos días afirmaba en otro artículo que Vox entraría en el parlamento, aunque se desconociera su número de escaños. Ya lo sabemos, un dato a considerar perfectamente explicado por Ignacio Escolar el miércoles pasado en otro periódico (hartazgo, presencia migratoria, giros a la izquierda que no comprenden los ultraconservadores, etc). Vienen para quedarse y serán determinantes en las próximas convocatorias, la ultraderecha tramontada travestida de piel de cordero con corazón de lobo.

Sin embargo, en Andalucía han concurrido hechos que rozan la perversidad: las interpretaciones del respetable manipuladas por los partidos de la derecha. Por activa y por pasiva, PP y Ciudadanos han atacado a Pedro Sánchez explicando que se ha vendido a Cataluña y ha pactado con los independentistas, lo cual no es cierto. De lo contrario hubiera permitido el referéndum de independencia con tal de obtener los escaños de los presupuestos. Ha sido al contrario, siempre ha manifestado que en su calidad de presidente no puede ni debe abrazar lo que sería anticonstitucional y quebraría España. Cosa distinta son los movimientos de Iglesias Turrión, la alianza del PSOE en el gobierno. Su desplazamiento a Cataluña a visitar a los independentistas encarcelados lo ha utilizado la derecha para comunicar que estaba urdiendo la independencia con instrucciones de Pedro Sánchez, una nueva falsedad, pues Iglesias Turrión es un leninista de la vieja escuela, él, que se las de nuevo, y en consecuencia hace lo que le viene en gana despreciando los intereses generales. Estas interpretaciones manejadas con habilidad por la derecha han derivado en un transvase de votos a Ciudadanos, así que la jugada al PP se ha vuelto en su contra.

Los desplazamientos de las fichas en los trebejos desencadenarán que Susana Díaz pase a la oposición, lo que es malo y bueno, pues la tendremos controlando al gabinete que proceda. Lo que no es de recibo es que el tercer partido en escaños, Ciudadanos, se embelese con la absurda idea de apoltronarse. Sería de dudosa calidad democrática que el tercer partido alcanzase la presidencia, más cuando su líder, Rivera, ha perdido toda credibilidad. Primero se denominaba socialdemócrata, luego liberal, y justo antes de las elecciones autonómicas de nuevo socialdemócrata. El sentido del oportunismo, que no de la oportunidad, de Rivera, frisa el escándalo, aún más cuando declara que pactaría con Vox. ¿De salida un liberal o socialdemócrata (se ignora) enlazado a la ultraderecha? La hipocresía de Rivera clama al cielo.

Y las declaraciones de Iglesias Turrión, alerta antifascista clamó a cara de can la noche electoral, mejor obviarlas. Se le debe haber olvidado que a los españoles no nos gustan las confrontaciones violentas; las padecimos en la guerra civil. Además su mensaje es un llamamiento a las barricadas y las palizas que ya han hecho mella en la reciente algarada con Vox en Cataluña. Señor Iglesias, no mande a sus partidarios a tomar las calles. Podría haber mencionado que precisamos una Comisión de la Verdad sobre el franquismo, lo cual no vulneraría la amnistía del 77. No le interesa, no se le prestaría atención, no existían ni su partido ni usted. Fueron represaliados los socialistas, los comunistas y los nacionalistas, en menor medida. Si me contesta que los socialistas nos crecemos en la tensión le respondo que sí, la pacífica, la cívica, la consustancial al sistema que nos regalamos con la Constitución. A usted, sin embargo, no le preocuparía una balacera, con heridos incluidos, a fin de acrecentar sus filas y en el clásico axioma de la revolución acción-reacción, cosechar votos. No es el camino. Lo que señala usted representa el precipicio. Le sugiero que lea la comparativa de Hannah Arendt sobre las revoluciones francesa, rusa y americana. Quizás me comprenda.

En buena lógica, con el ábaco finiquitado, le correspondería, en caso de llegar a acuerdos, al segundo partido con más papeletas, al PP, gobernar. También se dejan querer por Vox, que les ha comunicado que no traspasarán sus líneas rojas, por mucho que acaben haciéndolo con tal pisar moqueta, a saber: eliminar las políticas migratorias, las de igualdad de género y las autonomías. Dudo que Casado acepte las dos últimas; puede que suavice la primera. Un partido de centro derecha consolidado extraviaría miles de votos, cedidos a Rivera, con semejante actuación.

Casado ha declarado que si nosotros, el PSOE, nos apoyamos en la ultra izquierda, por qué los suyos no pueden sostenerse en la ultraderecha. Por desgracia el mensaje, dañino, ha calado y es, además, la madre del cordero.

La alta abstención, que nuestro electorado andaluz se haya quedado en casa, responde a nuestra alianza con Podemos. Se declaran amigos de HB-BILDU-RESTOS de ETA, pidiendo su inmediata excarcelación, proactivos a la hora de aceptar y alentar el referéndum independentista catalán, enemigos de libre empresa controlada (motor económico), manifestantes a perpetuidad sea cual sea la causa y pancartistas, anti monárquicos cuando cualquiera sabe que con los nacionalismos el Rey resulta imprescindible, y decenas de argumentos que se encuentran en las antípodas del PSOE, el centro izquierda que construye la utopía con prudencia y paso a paso, y no a patadas cómo Podemos. Al cabo, a mi entender, nuestro electorado repudia la convergencia con Podemos y acaso piense que su ideario leninista nos está fagocitando. Antes de marchar al degolladero existe una solución, ir a las generales con las autonómicas y locales, con un programa de máximos que sea una plétora de socialdemocracia; salir a ganar el partido solos, enfrentados con la oratoria y las ideas a los demás. Triunfemos (lo espero) o perdamos, lo hacemos o en el medio plazo nos quedaremos en pañales, con el 15% del voto.

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