El pasado 20 de junio, además de celebrarse en la República Argentina el Día de la Bandera en memoria de su creador Manuel Belgrano, porque como la mayoría de los días festivos en el país se celebran recordando muertes, se cumplieron 45 años del regreso de Juan Domingo Perón al país luego de su exilio.

El General Perón, que había sido derrocado en 1955 por un golpe de Estado, y que vivía al amparo del Generalísimo en la madrileña Puerta de Hierro desde 1960, había decidido volver definitivamente a Argentina tras un breve retorno el año anterior y partió de Barajas en junio de 1973. Así fue que el 20 de junio de hace 45 años atrás lo que muchos imaginaban como una fiesta popular terminó convirtiéndose en una tragedia nacional, que pasó a la historia con la denominación de Masacre de Ezeiza, dado que se produjo desembozadamente lo que hasta entonces se producía sotto voce, el enfrentamiento entre diferentes sectores internos del Partido Justicialista.

Durante su exilio, Perón se encargó de alimentar intereses de todos quienes se referenciaban como peronistas, siempre que reconocieran su liderazgo y al peronismo concebido como Movimiento. Incorporó a su seno a todo aquel que siguiera a Perón, no importaban las formas ni las ideas, todo se reducía a ‘la vida por Perón’…, el problema es que muchas veces eso se refería a la vida de otros. Así entonces hablaba de las formaciones especiales al referirse a los jóvenes que planteaban y cantaban ‘Perón, Evita, la Patria socialista’ y reconocía a la vieja guardia peronista que alimentaban el ‘Perón, Evita, la Patria peronista’, porque todos contribuían a su interés personal.

Entonces, con semejante mezcla, pasó lo que debía pasar. Buscaron dirimir sus diferencias a sangre y fuego para granjearse el apoyo de Perón, pese a que quien fungiera de locutor y animador del acto, el cineasta Leonardo Favio, pidiera e implorara a los concurrentes ‘Les ruego a los peronistas que no hagan uso de las armas’.

Así la vieja guardia representada fundamentalmente por los viejos representantes sindicales, la Juventud Sindical, el Comando de Organización y los grupos parapoliciales coordinados desde el Ministerio de Bienestar Social a cuyo frente estaba José López Rega, lo que tiempo después derivó en la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), planificaron una emboscada a los grupos juveniles de Montoneros, las Fuerzas Armadas Peronistas y la Juventud Peronista (JP), que habían organizado una demostración de fuerza que impactara al General.

Sin embargo el General nunca vio lo que estaba ocurriendo porque cuando comenzaron los desmanes y el tiroteo, desde tierra avisaron al avión que desviara su trayectoria hacia la Base Militar de Morón porque no podían garantizar la seguridad de quienes arribaban al país.

Y la pelea que se llevaba a cabo entre ambos sectores del peronismo tocó su fin al otro día del regreso de Perón a Buenos Aires cuando éste anunció que ‘No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina y a nuestra ideología. Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando ‘la vida por Perón’ que se hace patria sino manteniendo el credo por cual luchamos Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan banderas revolucionarias’. Es decir, el peronismo sería peronista y no socialista, y los garantes de esto sería la vieja guardia.

Con este discurso se terminaba el Perón que cada uno podía imaginar para hacerse visible el Perón real. Y a la Juventud Peronista le costó entenderlo, aunque hoy quieran hacer creer que en ese entonces ya todo estaba claro, como sostiene el ex Ministro del Interior de Héctor Cámpora, Esteban Righi, que afirma que tras la Masacre de Ezeiza, ‘Yo tenía claro que nos íbamos del gobierno. Aunque Perón no te iba a decir nunca lo que quería’.

Luego los hechos se sucedieron con una velocidad desconocida en el país. Renunció Cámpora, quien había sido ubicado como candidato a Presidente por Perón, y que desarrolló su campaña bajo el lema ‘Cámpora al gobierno, Perón al poder’, y en nuevas elecciones Juan Domingo Perón asumió por tercera vez la Presidencia de la República, pero lo que muchos creían que sería el hecho que garantizaría el fin de la violencia, fue todo lo contrario esta recrudeció. Perón afirmaba que ‘desaparecidas las causas, deben desaparecer sus efectos’, para la otrora juventud maravillosa la causas seguían vigentes.

Lo que sigue es historia más conocida, la guerrilla peronista cuestionó y combatió el poder de Perón en los hechos, aunque públicamente decía reconocerlo como su único líder, y luchó contra los militares y la ultraderecha del peronismo, que a su vez, amparada y apoyada por Perón, mató a los jóvenes en una verdadera cacería humana.

El precario equilibrio de fuerzas en el seno del peronismo que empezó a desequilibrarse en Ezeiza terminó de hacerlo en Plaza de Mayo cuando el 1 de mayo de 1974, en uno de sus últimos discursos públicos, Perón echa de la Plaza a quienes antes llamaba ‘jóvenes idealistas’ ahora convertidos en estúpidos e imberbes. Perón, desde el inicio mismo de su discurso manifestó ‘Compañeros: hace hoy veinte años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste, hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones porque venían días difíciles. No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan’, frente a los reclamos de la JP y Montoneros que gritaban ‘Perón, Evita, la Patria socialista’ y en un cuestionamiento directo a su liderazgo: ‘¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?’.

Y por si no les hubiera quedado claro agregó ‘Decía que a través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido incólumes, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años. Por eso compañeros, quiero que esta primera reunión del día del trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que haya todavía sonado el escarmiento.’

La situación estaba clara, Perón daba la orden de ‘hacer tronar el escarmiento’ en desmedro de los jóvenes. Perón daba el visto bueno para que la Triple A asesinara a todo aquel a quien tildaran como izquierdista, es decir, a todo aquel que pensara diferente.

Todo comenzó un 20 de junio de 1973 en las inmediaciones del Aeropuerto de Ezeiza, ese fue el inicio del fin.

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