Quien escribió ‘Las mil y una noches’ conocía muy bien a la tribu sudanesa Bija, pero no al peronismo argentino, por ello en uno de sus cuentos habló de ‘Alí Babá y los cuarenta ladrones’ y no del ‘Infame y traidor a la Patria (Elisa Carrió dixit) y sus 95 cómplices’.

En esos términos describió la diputada Carrió a su colega Julio De Vido durante el desarrollo de la sesión de la Cámara de Diputados en la que se discutió la expulsión del diputado peronista del Parlamento. Para ello se valió de lo que estipula el artículo 36 de la Constitución Nacional que plantea que ‘atentará asimismo contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento’, por lo que en su opinión Julio De Vido no sólo robó sino que además, como consecuencia de ello, atentó contra el propio sistema democrático, una acusación durísima.

Sobre esta base, la mayoría de la Cámara Baja apoyó la expulsión de De Vido de su seno, pero como se necesitaba una mayoría especial de dos tercios de los diputados presentes, no fue suficiente porque 95 legisladores decidieron apañar al procesado De Vido y votar en contra de su exclusión, pese a que afronta más de 100 denuncias, está imputado en 26 causas y procesado en cinco.

Votaron en favor del ex Ministro los legisladores del bloque Frente para la Victoria, lo cual es entendible puesto que nadie en su sano juicio (porque aunque parezca que carecen de él, lo tienen) tira piedras sobre su propio tejado, sino que además de sus compañeros de bancada hubo otras fuerzas parlamentarias que avalaron la postura esgrimida por el FPV y acompañaron con su voto, entre ellas el Frente de Izquierda, quien demostró en la práctica no estar a la altura de las circunstancias y estar más preocupados en mirarse el ombligo que en la construcción de una nueva sociedad.

Ahora bien, qué apoyaron los legisladores del panperonismo versión K (y no sólo ellos), que un no honorable forme parte de la Honorable Cámara, es decir, el propio desprestigio del cuerpo legislativo al que pertenecen. Porque no se trataba de un juicio, de lo cual debe encargarse (y aunque lentamente lo está haciendo) el Poder Judicial, sino que se trataba de una evaluación política sobre si el caso del diputado De Vido se ajusta a lo previsto en el artículo 66 de la Constitución Nacional argentina respecto a que ‘cada Cámara […] podrá con dos tercios de votos, corregir a cualquiera de sus miembros por desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones, o removerlo por inhabilidad física o moral sobreviniente a su incorporación, y hasta excluirle de su seno’, y al respecto es difícil sostener que Julio De Vido tiene habilidad moral para ser representante del pueblo de la Nación. Insistimos, no se discutía, pese a que quienes son cómplices del latrocinio así pretendieron instalar, si De Vido era o no culpable de un delito, de eso se encarga la Justicia, lo que se discutía, y es preciso repetirlo y remarcarlo claramente, es si Julio De Vido tiene habilidad moral para el ejercicio de sus funciones como Diputado de la Nación, y al respecto no hay ninguna duda, no las tiene.

Sin embargo no fue esto lo que se evaluó en la reciente sesión sino que se privilegió la politiquería por sobre la política, y hubo 95 diputados que apoyaron la continuidad de De Vido junto a quienes no tuvieron la valentía de hacerse cargo de su decisión y se abstuvieron o se ausentaron. Los representantes peronistas suman en su pedigreé una vergüenza más, como la del panquecaso o el diputrucho, como la del diputado Luque, la del diputado Patti (quien fue aliado al peronismo y no en la lista propia porque un poco de vergüenza aún tienen) o la del carapintada Rico como candidato propio.

Por ello es que la realidad argentina excede al cuento de ‘Las mil y una noches’, no porque sean ladrones, porque eso lo definirá la Justicia, aunque ya se lo presume, ni porque sean mucho más que 40 quienes son cómplices del líder de la banda, sino porque como dice el dicho la realidad supera a la ficción y a diferencia del cuento no se preocupan por esconder el resultado de sus fechorías sino que lo exhiben sin tapujos.

A ello debemos resistirnos todos los ciudadanos, por una cuestión ética y moral y por una cuestión legal, porque así lo ordena el artículo 36 de la Constitución, cualquier acción en otro sentido va en contra de la Carta Magna de la Nación y en contra de la sociedad toda.

 

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