Desde que Pasqual Maragall le dijo a Artur Mas en el Parlamento catalán aquella mítica frase de “ustedes tienen un problema que se llama tres por ciento”, el fantasma de las comisiones ilegales de Convergencia ha planeado sobre sus cabezas como una espada de Damocles. Más tarde vinieron los Pujol y sus sospechosos movimientos a la sombra de la fabulosa herencia del abuelo Florenci que tan buenos réditos reportó supuestamente a la familia. Eso sin contar con los manejos andorranos o las operaciones sospechosas de los cachorros de la familia.

A medida que se ha estrechado el cerco judicial, azuzado por el PP con Mariano Rajoy a la cabeza, los pactistas convergentes que eran llave de gobiernos, tanto de los socialistas de Felipe González, como de los populares de José María Aznar, se han ido radicalizando.

Del “España nos roba”, Artur Mas ha pasado a un grito patético: “Van a por nosotros” ahora que los jueces aprietan el cerco y le ponen la soga en el cuello. Para evitarlo, lo mejor es la independencia, con una justicia catalana que no esté sometida al centralismo de Madrid.

Pero el juez de El Vendrell (Tarragona) que aprieta la soga, con los datos investigados por la Guardia Civil no debe ser, necesariamente, una mano negra del centralismo mesetario y además tiene sobre su mesa las declaraciones de un empresario que ha ratificado las mordidas a la Fundación de los convergentes.

Así las cosas, no les queda otro remedio que apretar, a la desesperada, el acelerador de la independencia y adelantar el referéndum secesionista al mes de junio, según dicen. Pero es una huida hacia delante que lo los salvará de la quema.

El Gobierno de Rajoy blande la Constitución y los artículos correspondientes para dejar la intentona en agua de borrajas. Las fuerzas vivas de España, y muchas de Cataluña, no están por la labor de permitir ni siquiera la intentona separatista para que otra justicia doméstica no los condene por sus fechorías. Tampoco hay tiempo para que un PSOE renovado con el federalista Pedro Sánchez a la cabeza tome las riendas y será todavía la Comisión Gestora que lidera en la sombra Susana Díaz, la que vuelva dar soporte a las estrategias políticas de Rajoy.

Mal lo tiene la nueva Convergencia. Sus socios de coyuntura, como Esquerra Republicana de Catalunya, que ambiciona todo el poder, no acudirán a salvarlos.

No les queda otra que volver a tratar de inundar las calles con el grito coreado de: In-de-pen-den-cia. Y que la virgen de Montserrat los proteja.

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