En el ámbito de las reivindicaciones más familiares sobre los derechos de las mujeres y la igualdad con los de los hombres, muy a menudo hemos de soportar opiniones con cierto aire de suficiencia de quienes nos vienen a decir que tanto quejarnos de la condición de inferioridad en que se encuentra la mujer y sin embargo no parece que queramos aceptar lo mucho, muchísimo que se ha avanzado en este sentido no solo en nuestro país sino en todo el mundo.

¿Desde cuándo calculan que hemos avanzado? me pregunto yo. ¿Desde la Edad media o desde la República Española o sólo desde los ominosos años de la postguerra o desde la llegada de la nueva democracia conseguida a partir de la Transición del Franquismo? No especifican, para ellos, el avance es superior a lo previsto por todo el mundo, sesudas previsiones de los sociólogos incluidas y, aunque no se atrevan a decirlo, superior a lo merecido.

Recuerdo muy bien lo que era la condición de la mujer en los años cincuenta del siglo pasado, todo ello parece impensable hoy: no podíamos abrir una cuenta bancaria sin la venia marital, ni había mujeres ingenieros, ni podíamos pretender vivir con los hijos si nos separábamos lo que pocas nos atrevíamos a hacer ya que la separación comportaba la exclusión de la vida social y familiar. Era difícil para una mujer de clase media o burguesa compaginar su papel de madre con una profesión, si exceptuamos a las mujeres de las clases menos favorecidas que éstas han trabajado siempre, porque la mal llamada revolución de la mujer que salió del hogar para realizarse con una profesión ya al final de los sesenta, si fue revolución que aún no lo tengo claro, lo fue de la mujer burguesa o pequeña burguesa.

Sí, creo que en cierto sentido algo ha cambiado, pero no en lo fundamental: sigue vigente matar mujeres sin que apenas les pase nada a los asesinos, como si aún se considerara la muerte un perdonable arrebato de pasión amorosa del marido o del amante. Seguimos cobrando entre un 25 o un 30% menos que un hombre por igual trabajo realizado con la misma eficacia, y seguimos sometidas a un techo de cristal que nos impide conseguir la igualdad de oportunidades en todos los sentidos con los hombres de nuestro entorno. Por no contar más que algo de  lo fundamental y olvidar comentarios, juicios sociales, opiniones, desventajas y desprecios. Esto es lo que a grandes rasgos pensamos quienes no nos dedicamos a la investigación y nos fiamos de nuestra memoria y experiencia o de las de nuestras madres y abuelas. Y sin embargo ni siquiera todo esto que parece tan claro y veraz lo es.

Cuando murió el dictador, Editorial La Gaya Ciencia publicó una serie de libros sobre temas políticos, sociales, económicos y sanitarios, de contenido elemental pero que de algún modo revocaban las distintas ideologías que nos habían impuesto hasta entonces en todos estos temas. Y lo mismo comenzamos a hacer con temas fundamentales dedicados a los niños. Así fue como entramos en contacto con escritores y dibujantes reunidos en el llamado Equipo Plantel que nos presentaros una colección, Libros para mañana, con cuatro volúmenes dedicados a los niños: Como es la dictadura, Como puede ser la democracia, Que son las clases sociales y Las mujeres y los hombres, todos ellos temas e ideas que hasta el momento no se habían tratado en ninguna escuela y casi en ningún hogar. Los textos se ceñían a lo fundamental, explicaban cómo se vivían y defendían en la sociedad y como deberían haberse vivido y defendido, eran de fácil comprensión y arrastraban una evidente carga acusatoria de la situación actual y por supuesto, reivindicativa, resumido todo en frases claras y contundentes e ilustrados los breves textos con preciosos dibujos. Los publicamos con esperanza, pero tengo que reconocer que no llamaron apenas la atención de la crítica ni del público y las ventas fueron exiguas. Tal vez no fuera el momento de que los maestros, y menos los padres, estuvieran pendientes de lo que desconocían alumnos e hijos sobre estos temas, ni les debía parecer urgente una mirada nueva sobre ellos. Bastante tenían con intentar saber la diferencia que había entre socialistas i socialdemócratas, o entre dictadura y lo que entonces llamábamos el búnker, es decir la extrema derecha que se negaba a reconocer que los tiempos iban cambiando. Era el año 1979, acabábamos de votar la nueva constitución y habíamos elegido ya en votación democrática quien nos iba a gobernar, nuestras mentes estaban excitadas, todo parecía florecer, aires nuevos soplaban en calles y pueblos que aparecían por primera vez llenos de promesas que parecían convocar a los derechos de los ciudadanos: la nueva democracia se ocuparía de restituir a los ciudadanos los derechos adquiridos durante la República y perdidos en la derrota.

Han pasado desde entonces más de 35 años y la situación de la mujer, no hace falta recordarlo, aunque avanza como puede, lo hace a veces a trompicones, a golpes, a descalificaciones, insultos y malos tratos, cuando no directamente con la muerte. Pero seguimos luchando.

El caso es que hace poco más de dos años recibí una carta de los editores de una espléndida editorial valenciana llamada Media vaca, interesados en conseguir los derechos de aquellos Libros para mañana para publicarlos en sus colecciones de niños. Fueron unos meses de búsqueda infructuosa, de preparación por si algún día aparecían los autores (que han aparecido finalmente) y de publicación y presentación de los cuatro libros de antaño. En la Feria internacional del libro infantil y juvenil de Bolonia, la más importaste y famosa del mundo en su especialidad, les fue concedido el primer premio en la categoría de no ficción, es decir de libros políticos para niños. Un verdadero éxito internacional.

Los libros por supuesto lo merecían, tenían dibujos más modernos y ediciones más atractivas que aquellos que yo recordaba, pero lo más sorprendente es que el texto del libro Las mujeres y los hombres que tanto apasionó al jurado que otorgó el premio y al numeroso público del certamen, era exactamente el mismo que el de 1979, no se había cambiado ni una sola coma, ni una palabra ni un solo matiz en la denuncia de la situación ni en la reivindicación.

Tanto no habrá evolucionado la situación de la mujer, me dije cuando me di cuenta de que se trataba de textos exactos, cuando los temas más elementales no han necesitado ni una sola transformación, lo que quiere decir que la sociedad, diga lo que diga, sigue viendo en la poderosa desigualdad entre hombres y mujeres de hoy, lo mismo que veía en ella recién salida del franquismo. Tal vez no en los detalles pero si en lo fundamental.

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