Todas las señales que nos están llegando, que no son más que la expresión dolida e incrédula del Medio Ambiente, nos están diciendo que vamos camino de terminar con el entorno en el que vivimos; somos los únicos seres capaces de destruir la casa en la que habitamos. ¿No es para poner en duda la racionalidad del ser humano? Motivos hay más que suficientes.

Tenemos una primavera en nuestro país que se parece a un verano, con muy pocas lluvias, lo que está dando lugar a que los embalses se encuentren a poco más del 50% de su capacidad, mientras que el año pasado, por estas mismas fechas, contenían más del 70%. Si no somos unos inconscientes, bien haremos los de la periferia, que estamos cerca del mar, en recurrir a la desalación para paliar nuestra escasez de agua que amenaza, no sólo a nuestra agricultura, sino también al consumo humano. Pero lo que se haga tiene que ser pronto, porque grandes ríos como el Ebro y el Tajo se encuentran bajo mínimos, y el Duero, que está mejor, tiene que respetar los caudales exigidos por su carácter internacional.

Hace unas semanas, el buque Hespérides, dedicado a la investigación en los polos, y que transporta a numerosos científicos, llegaba al puerto de Cartagena. Las primeras declaraciones de los investigadores ponían de manifiesto que cada vez hay menos hielo en las aguas antárticas; o sea, más subidas del nivel del mar: preocupante!!!!

Pero si miramos a mayor escala, nos encontramos con que no estamos cumpliendo los generosos porcentajes de emisión de gases de efecto invernadero, aprobados en la Cumbre de París en 2015, y que el plazo que nos damos para disminuir, sensiblemente, este tipo de contaminación se nos va at calendas graecas: la situación se nos presenta amenazante.

Y si nos quedamos cerca, por ejemplo en la Región de Murcia, depredadora por excelencia del Medio Ambiente, se ve claro que no escarmentamos: hace décadas, llevamos al pelotón de ejecución la Bahía de Portman, que no se ha regenerado ni se espera, y ahora, nuestra víctima es el Mar Menor que agoniza ante la indiferencia de nuestros gobernantes y la incredulidad de los países europeos. Pero lo peor es que la clase política va a tirar por lo más fácil: dejar que muera el ecosistema y construir una piscina, será la única forma de que las aguas vuelvan a estar cristalinas. Resumen: en más de 20 años de gobiernos populares, ni ha venido “agua para todos”, ni se he regenerado la Bahía de Portman, y encima están a punto de matar el Mar Menor.

Y frente a estos hechos, ¿qué estamos haciendo? El impresentable, ignorante, demente, que gobierna el país más poderoso de nuestro planeta, ha abandonado el Acuerdo de París para reunirse con Siria y Nicaragua: la potente USA convertida en una República Bananera; pero además, pretende que los países de la Alianza Atlántica aumenten su gasto militar que, en el caso de España, debería doblarse desde el 0,9 al 2%. Todo un disparate.

Puestas así las cosas, la disyuntiva que tenemos es, o nos tomamos en serio, a todos los niveles de decisión, lo relacionado con el Medio Ambiente, actuando pronto y de forma contundente, o si seguimos contaminando se cumplirá lo que hace poco ha profetizado una autoridad científica tan prestigiosa como Stephen Hawking: “tendremos que abandonar la tierra en 100 años”, lo que equivale a un par de generaciones. ¿O menos?

¿Optamos por lo primero, o por lo segundo? Ya sabemos lo que nos jugamos.

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Catedrático de química inorgánica (Universidad de Murcia), Decano de la FAcultad de Química (1992-2002), Director de la Oficina de Transferencia de resultados de investigación (OTRI), Director del Departamento de Química Inorgánica (2006 a 2010)

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