La “Hybris” es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’. No hace referencia a un impulso irracional y desequilibrado, sino a un intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales y terrenales. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como reza el famoso proverbio antiguo, erróneamente atribuido a Eurípides: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco». En definitiva, si la moral griega es una moral de la mesura, la moderación y la sobriedad, la “Hybris”, como antítesis hace referencia al orgullo exagerado, y muy especialmente de aquellos que ostentan el poder. El mito de Narciso, de donde viene el llamado “narcisismo” viene de ella. Ante la “Hybris”, normalmente actúa la “Némesis”, el castigo a la desmesura, el castigo a aquellos que no había actuado según se habían comprometido.

Tal vez por ello, para frenar la “Némesis”, para no caer en la “Hybris”, Roma recordaba constantemente a sus héroes el “Memento Mori”. “Memento Mori” es una frase latina que significa ‘Recuerda que morirás’ en el sentido de que debes recordar tu mortalidad como ser humano. Suele usarse para identificar un tema frecuente, o tópico, en el arte y la literatura que trata de la fugacidad de la vida. La frase tiene su origen en una peculiar costumbre de la Antigua Roma, que quizás tenga origen sabino: cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, tras él un siervo se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, y le recordaba su mortalidad, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un Dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre. Por si ello no era suficiente, los soldados del general victorioso ese día cantaban coplillas satíricas sobre el personaje; así de Julio César decían que era “el adultero calvo” o “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”.

Pues bien, en el sistema de partidos español, no hay ningún “Memento Mori” que haga frente a la “Hybris” de sus máximos dirigentes. Todo lo contrario. Más bien se cae en el “füherprinzip” o “principio de caudillaje”, es decir la sumisión absoluta al líder, tan típica de los años treinta, mediante la cual “el jefe siempre tiene razón”. De esta forma, siempre existe un “otro”, un enemigo externo, pues aquel que cuestiona al líder se sitúa sistemáticamente fuera del “cuerpo social” del partido o de la comunidad, del “Volk”, y por lo tanto debe ser destruido.

No es el momento de poner ejemplos. Cada uno puede pensar los que quiera. Pero tal vez la putrefacción que ha alcanzado la política española, el nivel de corrupción económica y moral, sería muy inferior, si en lugar de caer en la adoración o la defensa a ultranza del líder, estuviese instalada en nuestro imaginario colectivo la necesidad del “Memento Mori”. Tal vez de esta manera, no habría excusas posibles y se podría decir que cuando alguien se corrompió y se comportó como un corrupto, o simplemente se dejó llevar por la “Hybris”, sobre todo los líderes, fue porque muchos otros miraron para otro lado, o se taparon los ojos, bien sea para beneficiarse de los privilegios de pertenecer al “Volk”, o más vulgarmente para trepar en la cucaña y ver qué les caía a ellos también.

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Licenciado en Historia. Profesor de Secundaria en la enseñanza pública. Articulista en diversos medios digitales e impresos de la Comunidad Valenciana.

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