Hoy ha muerto José Alcubierre, seguramente un nombre que pasará desapercibido entre la cotidianidad de un mundo incapaz de reflexionar sobre las hazañas y los ejemplos de humanidad de esa parte extraordinaria del ser humano que a veces, muchas veces palidece ante la generalidad de la insolidaridad de estos tiempos en donde la particular carrera de la supervivencia deja de lado la fraternidad y la solidaridad inculcada por quienes no hace mucho tuvieron que hacer frente a fascismo y al totalitarismo en Europa. Los héroes y las heroínas siguen muriendo así ante el continuo pasar de un tiempo inexorable que a todos nos alcanza, su voz se sigue apagando en el ensordecedor zumbido de un mundo cada vez más loco y lanzado en frenesí a su propia carrera de autodestrucción en donde ver la esperanza de cambio resultado cada vez más complejo. No por menos, esta, queda sepultada a golpe y mazazo de titulares que arrojan lo peor de ser humano, de noticias que nos aportan escenas dantescas de muerte de niños, mujeres y hombres en las orillas de la vieja y carcomida Europa, periódicos que nos comparten el odio y la intolerancia de quienes con el poder del botón nuclear se alojaran dentro de poco en los palacios de la nueva Versalles de Washington con la gasolina de esa nueva forma de hacer política basada en la intolerancia y el fascismo que de nuevo en el siglo XXI resucita de esas cenizas que tal vez siempre guardaron viveza en sus rescoldos, esos que hoy prenden por un mundo en donde el patriotismo se engalana de soflamas populistas y de cierres de fronteras, de demoliciones de puentes y búsquedas de enemigos para afrontar los retos de un mundo, de un planeta que hoy se rebela en forma de cambio climático contra los indeseables inquilinos convertidos en parásitos en lo que se han convertido los seres humanos.

Así, la libertad, la igualdad, la fraternidad y el socialismo entendido como la mejor patria del ser humano hoy se muere y con ella el ejemplo de vida de mujeres y hombres como José Alcubierre, digno ejemplo de compromiso en vida y necesario recuerdo en su muerte. Y es que, José no era diferente a los hombres y mujeres que allá por los años 30 y 40 del pasado siglo se enfrentaron al odio y la sinrazón del fascismo y el nacionalsocialismo que asolaba Europa, fue esta una generación de lucha desde el compromiso , desde la esperanza de entender que otro mundo era posible, un mundo en donde la barbarie dejará paso a la libertad y la convivencia en paz, un mundo en donde la pesadilla vivida en Mauthausen por Alcubierre se dejase atrás y no volviese jamás, ese fue el impulso que movió el corazón valiente de alguien que se jugo su vida para que las instantes de los crímenes de guerra de ese infierno en la tierra fueran juzgados posteriormente en los juicios de Núremberg, ese fue su testimonio y su aportación que posteriormente sería continuado por su compromiso permanente en la recuperación de la memoria histórica. Su nombre uno más de tantos, su historia digna de ser reconocida en Francia con la Legión de honor, su vida sepultada en España por el olvido, por que acaso algo importa en un país tan cainita como España el compromiso de los héroes o el sacrificio ajeno.

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