No defraudó. Anunció que soltaría lastre en su vista del jueves y así lo hizo. Confirmó el comisionado del 3% y la financiación irregular del PP. A modo de disculpa, encendió el ventilador: así se funciona en España, hay muchos ‘Pacos Correas’ en España, en todos los partidos. “Mi error fue no facturar; si lo hubiera hecho no estaría sentado aquí, al menos no como imputado”.

También afirma que Génova era su casa… hasta Rajoy. Así que el gallego puede respirar algo. A él no le toca. “Que cada palo aguante su vela”, que diría Cospedal. “Yo estaba en COU”, dice Casado. Pero heredan un partido colocado en la diana de corrupción.

Jurídicamente hasta puede que los delitos hayan prescrito. ¿Pelillos a la mar? Políticamente, complica la abstención del PSOE. Puede que los electores no se olviden que los socialistas apoyaron la investidura en plena tormenta de corrupción. Vuelve a estallar la paz en el PSOE.

Pero vayamos al fondo. Correa denuncia una corrupción sistémica e institucionalizada. Descontemos el factor corrector de su defensa. Aún así, la denuncia es gruesa. Y probablemente cierta. Y es la que explica que desde hace demasiados años los españoles observemos a los políticos como problema en lugar de cómo solución. Y que hayan surgido alternativas políticas “vírgenes” frente al lodazal político.

Como el tiempo en política corre más rápido ya nos ha dado tiempo a comprobar que la virginidad era sólo supuesta. La transparencia ‘morada’ queda para los billetes de autobús. Las partidas importantes permanecen ajenas al control. Y todavía seguimos sin saber quién financia la formación naranja, una de las grandes incógnitas de este país antes llamado España.

Todo ello conduce a una creciente desafección que ofrece todavía más margen para la corrupción y de nuevos populismos. ¿Qué lecciones debemos de aprender de todo esto? Primero que la democracia exige de elevados estándares de moralidad pública. No moralismo. Ni puritanismo. Moralidad.

Segundo: que para que un sistema funcione, los mecanismos de control deben de funcionar. El Tribunal de Cuentas se ha revelado como perfectamente ineficaz para atajar la corrupción sistémica. La Justicia actúa tan tarde que permite la instalación del mal. Y la prescripción. ¿No existen buenos auditores y jueces en España? Tenemos los mejores. En calidad técnica, profesional, humana y moral. ¿Entonces? Los mecanismos de control han sido sometidos por el poder político castrando su capacidad. Esta sí que es una reforma pendiente. ‘Sine qua non’ para poder vivir en un país digno. ¿Hay alguien ahí?


 

El anzuelo del pescador

  • Margallo y la nación catalana. El ministro de Exteriores en funciones no pierde ocasión para meter la pata. Ahora afirma que Cataluña es una “nación” que necesita más dinero. ¿Coincidirá con ZP en que nación “es un concepto discutido y discutible”?
  • Trump, el perverso. Para la izquierda, Trump es un obsceno acusado de tocamientos. ¿E Iglesias que quería “latigar a Mariló Montero hasta verla sangrar”? Dobles raseros.
  • Nobel. La academia noruega ha demostrado de Bob Dylan es a la literatura lo que Juan Manuel Santos es a la paz. Gracias.

 

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

uno × cuatro =