Amenaza lluvia en el Hungaroring. Los pilotos están nerviosos, sus ingenieros y mecánicos lo están aún más. Hay expectación. El asfalto está mojado en algunos sitios de circuito. Tampoco en todos los sitios: hay tramos sin rastro alguna de humedad.

Empieza la Q1 y la mayoría de los jinetes se decantan por el neumático intermedio, el que sirve para lluvia y para seco. Ruedan y ruedan, consiguen tiempos más o menos aceptables, pero…

Pero enseguida ocasión seguida hay que cambiar y poner neumáticos de seco y se van sucediendo las vueltas rápidas, van cambiando las posiciones en el tablero. Sainz está en un momento primero, y Hamilton y Vettel y Raikkonen. Bailan las posiciones todo el tiempo.

En la primera manga pasan Fernando Alonso y Carlos Sainz, y también la mayoría de los favoritos; Ricciardo apenas y por los pelos.

Es en la segunda manga, ha empezado a llover, cuando caen Fernando Alonso y Daniel Ricciardo. Y empieza la tercera manga. Llueve como si el agua fuese la característica principal del infierno. Llueven demonios y miedos y esperanzas. Llueve.

Y Carlos Sainz se coloca entre los tres primeros. Le quitan el puesto los pilotos de Mercedes, primero Bottas, segundo Hamilton. Poco les dura la alegría, un minuto después se quedan con los primeros puestos Räikkönen y Vettel.

-No puedo ser, no lo vamos a consentir. Somos los campeones del mundo.

Y salen a la pista, después de poner ruedas nuevas, los dos Mercedes, las fechas de plata rompiendo la lluvia como relámpagos. Es el momento de atacar, de jugárselo, de demostrar quien los tiene mejor puestos. Y Valteri Bottas se pone primero.

No por mucho tiempo.

Hamilton viene detrás de su compañero, y es el rey de la lluvia, hace ballet sobre el asfalto mojado y sus pies redondos nuevos. Lo consigue. Primero. Lewis Hamilton se pone primero. La 77 pole position de su carrera; nadie ha conseguido tantas en la historia de la categoría reina del motor, del ser híbrido que nace de introducir un alba en robot crecientemente perfecto.

Sonrisa enorme del británico; y se nota que su bólido, brillante por efecto del agua, está ambién infinitamente contento. El desconcierto en el rostro de Sebastian Vettel, su gran rival, el hombre que le quitó al español volador dos mundiales por unos puntitos ridículos.

¿Y Fernando Alonso?

En su línea actual, dueño de sí mismo y siempre contento, como si supiera algún secreto que el resto del mundo ignora.

A quien hay que aplaudir hasta deshollarse las manos es a Carlos Sainz, enorme y espléndido. Quinto. Por delante de sus dos presuntos compañeros en Red Bull. Demostrando que hay que contar con él para todo, que puede llegar a ser campeón del mundo si el caballo, el robot, está a la altura de su talento.

Una jornada de calificación como no se ha visto ninguna otra a lo largo de la temporada 2018. Emoción y agua y sorpresas.

Sí mañana también llueve , el espectáculo está garantizado y puede ser espléndido.

 

Tigre tigre.

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