Queda bonito, simpático y vacilón: Lewis Hamilton, la perla negra de los revueltos mares de la Fórmula1, dijo en la CNN, para la CNN, que de sus compañeros de equipo no había aprendido nada, excepto de uno. Y ese uno, alegría para los seguidores del piloto español más grande de todos los tiempos, es: ¡¡¡Fernando Alonso!!!

Mola escuchárselo decir. Produce un cierto regustillo placentero que la gran estrella del momento actual en el mundo del automovilismo admita que, en su momento, sí aprendió o copió cosas del gran Fernando Alonso.

Y resulta aún más satisfactorio si se piensa que, en estos diez años, de los cinco compañeros de equipo, coequipiers, que ha tenido Hamilton, nada menos que tres han llegado a campeones del mundo, a saber:

El propio Fernando Alonso, Jenson Button y Nico Rosberg.

Los otros dos colegas de escudería fueron Kovalainen, que ya no va a ser nunca campeón del mundo, y Bottas, que tampoco… seamos realistas.

Matiza el piropazo que alegra el día a los seguidores de Falonso recordando que cuando coincidieron Hamilton era un humilde principiante o rookie y el Gran F ya tenía dos campeonatos del mundo.

Preferiríamos, nosotros también admitimos lo que haya que admitir, que Alonso llevase cuatro campeonatos mundiales y fuese el piloto que más poles ha logrado de la historia del automovilismo y fuese él quien ahora estuviese hablando bien de Hamilton y hasta dijese que había aprendido a hacer magia neumática gracias a haberlo tenido en el mismo equipo. Pero los hechos son los hechos. Nos conformamos con lo que hay, no nos queda otra, y desde Las almas y la F1 agradecemos el piropo de Hamilton; aunque seguimos soñando, y no sólo con las 24 horas de Daytona sino con el título -¿por qué no?- del año que viene.

Otro burbon, por favor.

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