Si quieres emocionar con tu relato adopta la siguiente receta:

1.- Convence con el detalle. Cuenta solo aquella parte que mejor defina el conjunto. Sugiriendo es como mejor se atraen la emociones, la imaginación y el intelecto del lector. No olvides que un pez grande se atrapa con un cebo pequeño.

2.- Busca una imagen clave. No te limites a notificar el estado emocional del personaje. Mejor expresa sus sentimientos a través de una imagen, una metáfora, etc. Se trata del recurso retórico denominado “correlato objetivo” o sucesión de imágenes simbólicas para evocar un sentimiento. Por ejemplo, si queremos recrear la soledad de un viajante de comercio, sumaremos objetos (maletas, paraguas, billete de tren, reloj…), una atmósfera o escenario (un cielo gris amaneciendo, el ruido de una cafetera, un piso vacío…) y unas acciones (el viajante mira una foto familiar, lee una dedicatoria, acaricia la alianza de su dedo…).

“La única manera de expresar la emoción en forma de arte es encontrando un correlato objetivo; dicho de otro modo, un grupo de objetos, una situación, una cadena de acontecimientos que habrán de ser la fórmula de esa emoción concreta; de modo que cuando los hechos externos, que deben terminar en una experiencia sensorial, se den, se evoque inmediatamente la emoción”, asegura Eliot en su ensayo Hamlet y sus problemas.

3.- Nada es por casualidad. Todo ha de tener un sentido. Cada gesto, detalle, movimiento, escena (a veces incluso cada nombre propio: Narciso, Penélope, Gloria, Gallardo, Revuelta, Campos…) debe transmitir una idea más o menos completa del personaje o la historia. 

4.- Huye del relleno. Escapa de la vulgar paja como de una casa ardiendo. Nunca busques engordar tu historia porque creas que es demasiado breve. Advierte que si a ti, como lector, no te gustan las páginas irrelevantes, tampoco le han de gustar a tus lectores. Todo lo que escribas ha de aportar alguna información útil sobre la historia.

5.- Profundiza. Arriésgate. Interioriza en los sentimientos de los personajes. No te quedes en la superficie. Si te quedas en lo externo, el lector también se quedará ahí y no le enganchará tu novela.

6.- Ve al grano. Sé preciso, lo más exacto posible, nunca divagues. El lector no ha de darse cuenta jamás de los artificios que utilices. La palabra le ha de entrar sin esfuerzo, como cuando vemos una gran película de intriga.

7.- Simplemente cuéntalo. Narrar algo con sencillez, naturalidad y precisión es la mejor fórmula para enganchar al lector. Reserva el derroche imaginativo para los momentos cruciales.

Para Flannery O’Connor, la clave está en la mirada del escritor:

“El escritor de ficciones debe comprender que no se puede provocar compasión con compasión, emoción con emoción, pensamiento con el pensamiento. Debe transmitir todas estas cosas, sí, pero provistas de un cuerpo; el escritor debe crear un mundo con peso y especialidad. Los cuentos de los principiantes están erizados de emociones, están interesados ante todo en sus propios pensamientos y emociones y no en la acción dramática, y es demasiado perezoso o pretencioso como para descender a ese nivel concreto donde la ficción opera. Piensa que la capacidad de juzgar reside en un sitio y la impresión sensorial en otro. Pero para el escritor de ficciones, el acto de juzgar comienza en los detalles que ve, y en el modo en que los ve”.

Afirma el gran escritor Raymond Carver: “Hacemos palabras y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponde, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento –si las palabras resultan oscuras, enrevesadas– los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado. Henry James llamó especificiación endeble a este tipo de desafortunada escritura”.

8.- Emociónate con tu propia historia. Como dice el escritor Eduardo Palomas: “Si yo no me emociono con mis novelas, me parece imposible que un lector se emocione”. O el multipremiado Víctor del Árbol: “Me da igual que sea bonita o fea la historia que cuento, lo que yo persigo es emocionar”.

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