Las Ramblas Fotos de Agustín Millán

Muchas veces me preguntan cuándo y cómo empecé a interesarme por lo que sucedía en Cataluña. Lo cierto es que durante mi época en la Internacional de Jóvenes Socialistas aprendí a fondo sobre la realidad de los pueblos y su derecho de autodeterminación. Trabajé sobre el terreno en Birmania, en Palestina, en Israel, en Chipre del Norte, en Grecia, en Kurdistán y en Turquía, también en el Sáhara Occidental y en Marruecos.

Ya como Vicepresidenta me encargué de trabajar en el acuerdo que firmaron las Juventudes Socialistas de España y las Juventudes Socialistas de Cataluña para ser independientes dentro de la organización europea y dentro de la mundial. Y lo conseguimos, firmamos un acuerdo de organizaciones hermanas y desde aquél momento, las JSC pasaron a ser orgánicamente independientes de las JSE. Poco hablan de esta cuestión que, además, fue aprobada por unanimidad en el Congreso de la organización, tanto a nivel europeo como mundial.

Hicimos viajes de estudio, misiones compartidas con delegaciones de jóvenes políticos palestinos en israel y de jóvenes políticos israelíes a Palestina. Tuvimos encuentros con distintos diputados, incluso con el propio Abbas, presidente de Palestina.

Hicimos lo mismo en los territorios considerados ocupados por Marruecos, y fuimos pioneros con la primera delegación mixta entre dirigentes del Polisario y diputados marroquíes, que pisaron por primera vez los campamentos de Tindouf.

Hicimos muchas cosas de las que ha habido frutos positivos. Sobre todo para la experiencia de muchos que hoy son políticos entregados a la defensa de sus causas desde una perspectiva de diálogo y democracia. Y siempre estaré agradecida por aquellas experiencias vividas que en mí son imborrables y mantendrán siempre mi compromiso en la defensa de estos valores.

Por eso, mi defensa del derecho de autodeterminación en Cataluña viene de lejos. No es nada nuevo. Y he tenido la oportunidad de defenderlo durante años.

Pero también es cierto que algo pasó hace un año y fue entonces cuando sentí que había que dar un paso más e implicarse. Y fue a raíz de los atentados del 17 de agosto. Las reacciones que pude ver desde el ámbito en el que trabajo ahora, esto es, los medios de comunicación, me dieron muestras claras de que algo raro estaba sucediendo. Porque todos los tertulianos se alinearon, todos ellos defendían lo mismo, o más bien, se unieron contra lo mismo: el soberanismo catalán.
Todos repetían al unísono lo que les ordenaban. A pesar de que fuera de cámara, café en mano, reconocieran que no estaban del todo de acuerdo con el papel que les tocaba hacer, pero que no les quedaba otra.

Fue entonces cuando presencié las llamadas de ministros a periodistas para tratar de pasarles información falsa, prometiéndoles que les nutrirían de más “mierda” en exclusiva. Y que daba igual lo que realmente estuviera sucediendo, que lo importante era el relato y convencer a la gente de lo que el gobierno quería convencer. A la vista está que se pasaron de frenada y que hoy, un año después, todo cae por su propio peso.

Recuerdo que nada más encarcelar a los Jordis, entrevisté a Joan Queralt para este diario. En esa entrevista ya se explicaba todo con claridad: que ni el tribunal que les juzgaba era el adecuado, que los delitos que se les imputaban no tenían sentido, que no se había realizado atestado policial el día 20 de septiembre y que tuvo que hacerse posteriormente, a petición de la juez. Todo un despropósito.

Y hoy ya sabemos que no hubo violencia, que no hubo sedición, que no hubo nada de lo que se ha pretendido convencer a la gente. Que no hubo nota de la CIA, que no hubo rebelión. Nada de nada.

Y lo que no se cuenta es que el Imán de Ripoll era agente del CNI, que había recibido visitas por parte de la Guardia Civil y de la Policía Nacional mientras estaba en prisión. De esto se ha hablado prácticamente nada hasta hace unos días, como si por arte de magia, ahora sí, pudiéramos conocer parte de la historia que nos han querido ocultar, vaya usted a saber por qué.

Lo único que interesaba hace un año era deja mal a Trapero y al consejero Forn. Como si hubiera sido culpa de ellos la masacre en Las Ramblas. Cuando precisamente fue todo lo contrario.

Hace un año se intentó ocultar que los Mossos no tenían acceso a las bases policiales europeas porque a Soraya no le daba la gana iniciar ese proceso. No había manera de que nadie explicase bien estas cuestiones, y quienes tratamos de hacerlo, hemos sido perseguidos, silenciados y acusados de no dar información veraz, cuando lo que hemos hecho, ha sido precisamente lo contrario. Por eso nos atacan, porque saben bien que su relato no se sostiene y que el tiempo está poniendo todo en su lugar.

En el diario La República se está publicando un serial que pone en duda el relato oficial sobre los atentados de las Ramblas, llegando incluso a plantear la opción de que pueda ser un atentado de falsa bandera. Es interesante asomarse a leer y plantearse las cosas desde otra perspectiva.

Yo no me lo habría planteado hasta hace un año, momento en el que vi funcionar a más de un “periodista” al servicio de un ministro absurdo y tramposo. Y desde entonces, puedo creerme casi cualquier cosa.

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