No sé si saben que el novio de María Valverde dirigió el pasado domingo el prestigioso Concierto de Año Nuevo desde Viena. El director en cuestión encargado de dar el pistoletazo de salida musicalmente al 2017 era Gustavo Dudamel, director actual de la Filarmónica de los Ángeles y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, convirtiéndose así en el más joven que jamás ha estado al frente de dicho evento, con tan solo 35 años. En la batuta de algunos de los más destacados directores de orquesta de todos los tiempos han estado las interpretaciones que cada 1 de enero nos ha ido ofreciendo la Orquesta Filarmónica de Viena desde la Sala Dorada del Musikverein, inspirada arquitectónicamente en el clasicismo griego y famosa por su magnífica acústica. La Musikverein albergó durante muchos años la Academia de Música de la Gesellschaft der Musikfreunde, de la que fue profesor de armonía, contrapunto y órgano nada menos que Anton Bruckner y en la que estudiaron nombres tan importantes para la historia de nuestra música como Gustav Mahler o Leoš Janáček, compositor este último por el que confieso tener una especial debilidad. Además, es sede de una de las colecciones musicales más valiosas del mundo, con manuscritos de todos los grandes escritores de la música que pasaron por Viena, desde Haydn, Mozart y Beethoven hasta Johann Strauss, Richard Strauss o Alban Berg. Y allí, en tan majestuosa cuna artística, Herbert von Karajan, Claudio Abbado, Carlos Kleiber, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt, Seiji Ozawa o Daniel Barenboim, se alzaron año por año en su tarima de directores para guiar la música del prestigioso Concierto de Año Nuevo.

Más allá de la polémica “Dudamel sí-Dudamel no” que ha suscitado, por factores políticos y de otra índole, la elección del venezolano como director del concierto mediático por excelencia, retransmitido este año en 93 países distintos, podrá entenderse rápidamente que, llegar con la edad de 35 a ocupar tal escenario después de tantas ediciones de directores de pelo blanco, supone un logro que bien podría calificarse casi de hazaña y que tiene bemoles (por decirlo en términos musicales) que, después de todo, una conocida cadena de televisión española se permita anunciarlo en las noticias de su web sin ni siquiera incluir su nombre en el titular para destacar exclusivamente la faceta de “novio de”. Una vez superado el primer desagradable impacto que provoca el titular, puede y debe reflexionarse sobre el quid de la cuestión que, obviamente, resulta de mucho más interés que la mera anécdota y esconde lados no tan fáciles de analizar a simple vista.

María:

El hecho es que el pasado 1 de enero muchos hogares españoles conectaban con televisión española para cumplir la tradición de ver y escuchar el concierto de Año Nuevo, así sin más, por mera tradición, igual que se comen las uvas, se usa ropa interior roja y otro sinfín de actos que refuerzan nuestra necesidad de pertenencia a un grupo social. Sin embargo, muchos de los espectadores de ese día no volverán a ser consumidores de música emitida por televisión en ningún otro momento del año, ni asistirán a salas de conciertos para escuchar la música en vivo. No hace tanto que dejamos atrás aquello de ir al auditorio con traje y corbata convirtiendo el ejercer como oyente en un acto de sofisticación que rozaba lo ridículo y que con seguridad no contribuía a atraer a una buena parte del público, especialmente al más joven.

Y es que, a pesar de estar presente en multitud de situaciones de nuestra vida diaria, la música se produce en muchas ocasiones mediante rituales construidos bajo unos códigos que no siempre son entendibles por la gran mayoría de las personas. Sin perder el fin artístico imprescindible en ella, la música debería aprovecharse en mucha mayor medida de los diferentes canales de comunicación de los que disponemos hoy en día y que han sido sometidos suficientemente a la prueba social y temporal como para garantizar que esos mensajes musicales acabarán por adentrarse en la mente de las personas. Podemos conocer a la joven actriz española María Valverde por la cantidad de papeles protagonistas que ya ha realizado a lo largo de su carrera cinematográfica, por el premio Goya a mejor actriz revelación que ganó en 2003 tras su papel en “La flaqueza del bolchevique” y, en general, por estos y otros factores que demuestran que, el mundo artístico al que pertenece, es en suma más eficaz a la hora de utilizar esos recursos y canales.

Gustavo:

La música, como proceso comunicativo, necesita per se del público como parte receptora o último eslabón de su cadena y el público reside en gran medida detrás de esos medios de comunicación de masas. Tras el repetitivo ritual de saludos, mismas obras y comportamientos de público, músicos y directores que nos muestra el concierto de Año Nuevo desde Viena año tras año, se escondía en esta ocasión un jovencísimo Gustavo Dudamel, del que la mayoría de espectadores desconocen que fue director desde los 18 años de una de las orquestas más destacadas de su país, vencedor cinco años después del Concurso de Dirección Gustav Mahler, a la edad de 25 director invitado de casi todas las más importantes orquestas a nivel mundial, debutante en La Scala de Milán en 2006, ganador de un premio Grammy en 2012, miembro de sendos programas que en Venezuela y los Ángeles ayudan a miles de niños en situación desfavorecida mediante la enseñanza de la música y, en definitiva, una figura que podría aportar frescura a los, en muchas ocasiones arcaicos, procesos de la música clásica. La tele busca emitir contenidos y, a veces, se equivoca mostrándose ciega a la cantidad de cuestiones interesantes que la música y un director de orquesta pueden ofrecer a ese público.

Gustavo y María:

Toda esta disertación implica un debate complejo pero muy necesario referente a los patrones bajo los que se construye la música clásica. La modernidad inspira miedo y se enfrenta siempre a la dificultad de encontrar el equilibrio entre la seriedad y honestidad artística y la adaptación a los nuevos tiempos y, por tanto, a las nuevas personas y a sus nuevas formas de ver-escuchar. La música clásica se ha convertido en muchos de los escenarios de hoy en día en un conjunto de espectáculos para oír, mirar e interaccionar, con su inclusión en ellos de juegos de luces, performance, proyecciones, películas con música en vivo, animadores disfrazados de los personajes de esas películas… en un desesperado intento de orquestas, coros y demás agrupaciones por “modernizarse”. La cuestión responde al interés del mercado de la música clásica por conseguir demandantes y, sin entrar a juzgar estas acciones (unas más y otras menos acertadas desde mi punto de vista), nuestra moralidad como músicos debería siempre obligarnos a mantener el compromiso con los valores artísticos, históricos, educativos y de ocio que la música representa.

 La llave del equilibrio perfecto entre música, actualidad y compromiso artístico, es el fin difícilmente alcanzable que muchos músicos ansiamos y que el programa “This is Opera” de la segunda de televisión española representaba a las mil maravillas, mostrando durante alrededor de 60 minutos, de la mano de su presentador y creador Ramón Gener, una visión de la ópera nada convencional y muy cercana a aquellos públicos que, a priori, no serían afines a este arte, en un magnífico intento de enseñar la música mientras se divierte al espectador. El secreto de la conjunción perfecta entre arte y actualidad es difícilmente conseguible pero, antes de escandalizarnos por un titular aislado sobre el “novio de”, sí convendría reflexionar sobre el hecho de que, en definitiva, Gustavo y María, y los mundos a los que representan, tienen mucho que aportarse el uno al otro.

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