La carrera para ganar el poder en el PP ya ha comenzado. Y en esa galopada frenética y urgente hacia las primarias no faltarán descalificaciones, cruces de acusaciones, codazos y hasta algún que otro dossier secreto propio de la guerra sucia que se vive entre las huestes de Génova 13. Todo vale para alzarse con el puesto vacante que ha dejado un lacónico Mariano Rajoy, quien en las últimas horas se ha refugiado en Santa Pola para volver a su antiguo trabajo de registrador de la propiedad.

Desde allí, desde la lejanía levantina, el expresidente ve el proceso abierto en su partido “con preocupación”. No en vano es la primera vez en la historia de los populares que los candidatos a liderar el PP se someterán al sufragio de la militancia. A nadie se le escapa que las favoritas siguen siendo la exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y la exministra de Defensa, María Dolores de Cospedal.

Como si de un combate de kickboxing femenino se tratara, ambas pelean no solo para culminar sus rutilantes carreras políticas sino lo que es aún más importante: para aplastar a su gran rival. No se llevan, en el partido todos dicen que se odian y que la victoria de una supondrá la derrota inevitable de la otra, quizá para siempre. Solo una puede quedar en pie. Por eso es una lucha a muerte y sin cuartel.

En la galopada frenética y urgente hacia el poder en el partido no faltarán descalificaciones, cruces de acusaciones, codazos y hasta algún que otro dossier secreto

En medio de un clima de división, Cospedal ha presentado 3.336 avales, aunque en principio sus apoyos parecen llegarle mayoritariamente de rostros anónimos del partido. Solo Jesús Posada ha mostrado abiertamente su respaldo a la exministra. “Me presento para ganar, para ganar y para ganar”, asegura Cospedal, que dice querer “recuperar el centro derecha español”.

Por su lado, Sáenz de Santamaría parte con el aval de algunos pesos pesados del PP, como Alfonso Alonso, Fátima Báñez, José Luis Ayllón e Íñigo de la Serna. La hasta no hace tanto mano derecha de Rajoy ha prometido “unidad”, algo difícil de creer si se tiene en cuenta que el detonante de la guerra contra los cospedalistas ya está activado y amenaza con partir por la mitad el partido.

Tras el cierre del plazo para presentar los avales, otros cinco candidatos han decidido colarse en la lucha por la presidencia del PP. De todos ellos quien parece contar con más posibilidades es Pablo Casado, que por lo visto cuenta con el apoyo de Javier Maroto. Casado, la cara joven del partido, se presenta como el candidato “capaz de aglutinar” las diferentes sensibilidades en el seno del PP pero cuenta con un hándicap importante que pesa sobre él como una losa: el caso de los másteres regalados que le persigue de forma constante desde hace meses y que podría incluso llevarle a ser investigado en un proceso judicial.

Los otros aspirantes al sillón de Mariano Rajoy son el exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, quien preocupado por el terremoto que sufre el partido ha decidido dar un paso al frente. “El proyecto del PP está en peligro”, ha dicho un abrumado Margallo, que nunca antes había presenciado en el PP un espectáculo de luchas intestinas de tan profundo calado.

El grupo de los siete candidatos se completa con José Ramón García-Hernández, secretario de Relaciones Internacionales del partido y diputado por Ávila, un desconocido hasta la fecha que se define a sí mismo como “un renovador”; José Luis Bayo, exlíder de Nuevas Generaciones de la Comunidad Valenciana, quien apuesta por una profunda autocrítica en el seno del partido para superar los errores cometidos en el pasado; y Elio Cabanes, concejal del PP en La Font de la Figuera, otro desconocido para el gran público. Sin duda comparsas que animarán el capítulo central de esta serie: la guerra abierta entre sorayistas y cospedalistas.

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