El presidente de la CEOE, Joan Rosell, ha perdido la batalla que llevaba a cabo para salir dignamente de la CEOE: la presidencia de Gas Natural se la ha arrebatado Isidre Fainé que, además, le ha echado del consejo de administración. Ahora, a falta de dos años para cumplir segundo mandato al frente de la patronal, no sabe lo que hará cuando éste concluya.

Las últimas elecciones para presidir la CEOE no fueron todo lo pacíficas que pudo parecer. El enfrentamiento entre Rosell y el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, fue tan evidente que acabó por generar una guerra en el seno del mundo empresarial que sólo concluyó cuando, el 17 de diciembre de 2014, día de la Asamblea General, ambos firmaron un “acuerdo de paz”.

Rosell sería reelegido y Garamendi se convertía en “el delfin” con la promesa, sólo de palabra, de que, dos años después, el catalán se iría a una de las grandes entidades del Ibex 35. Y no ha sido así, por lo que las hachas de guerra están siendo desenterradas. Rosell quiere cumplir su mandato entero. Se olvida de sus promesas. Incluso parece ser que busca otro sucesor. No quiere ver sentado en su despacho a Garamendi. Y deja caer los nombres de Joaquín Gay de Montellá, el presidente de Fomento del Trabajo Nacional (Catalunya), y el de Juan Pablo Lázaro, de la madrileña CEIM. Ambos niegan tal postulación pero algo se está moviendo en torno suyo en la sede de la gran patronal, en Diego de León 50.

Mientras tanto, Rosell es consciente de que la “otra batalla” que había librado para hacerse con la presidencia de uno de los grandes del Ibex, Caixabank, la ha perdido y, encima, ha repercutido en su plan b, la presidencia de Gas Natural. Errores de cálculo le han costado su aspiración. Se quiso apoyar en el presidente de Repsol, Antoni Brufau, y lo único que logró fue ponerse enfrente de sus enemigos, Fainé y su equipo de La Caixa. El resultado fue que Fainé, nuevo presidente de Gas Natural, lo echó del consejo de administración y, a modo de premio de consolación, le nombró presidente de una filial de Caixabank, VidaCaixa.

Ahora, sin objetivo, al menos de momento, Joan Rosell quiere mantenerse en CEOE y completar su mandato. Antonio Garamendi y los suyos no se lo van a poner fácil. La guerra se ha reanudado.

Rosell ha logrado poner orden en una CEOE prácticamente destruida cuando fue elegido. Su antecesor en el cargo, Gerardo Díaz Ferrán, manchado de corrupción, y el ex presidente de CEIM, Arturo Fernández, en el banquillo de los acusados, habían generado una organización incapaz de conectar con el mundo empresarial al que decían representar.

Rosell paró el deterioro de la gran patronal, y ha conseguido dinamizar su vida. Pero, por el contrario, hay quien le critica su falta de imagen y, sobre todo, su ambigüedad ante temas políticos de trascendental importancia como es la posición empresarial ante las aspiraciones de los independentistas catalanes.

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