Sí, a qué negarlo: ¡estoy embarazado! Les cuento:

Como saben, la campaña electoral de las últimas elecciones ha sido desaforada. A los políticos no sólo les ha dado por bailar y cantar en televisión sino que, y esto es lo peor, la costumbre que tenían de salir a la calle para pedir el voto besando niños, acariciando perros o depilando ancianos ha cobrado unas proporciones a mi juicio bastante asquerositas. A un tendero de Murcia, por ejemplo, antes incluso de que pudiera exonerar su vientre, cuando aún estaba sentado, se le coló en el cuarto de baño Soraya Sáenz de Santamaría para ofrecerse a limpiarle ella todo lo que hubiera menester porque quería demostrarle, dijo, su compromiso sincero con la regeneración política del país. Así, aquel afanarse doña Soraya con el papel higiénico de doble capa perfumado, si bien era como dijo un pequeño paso para el hombre, para el país sin embargo venía a representar una enorme zancada en pos de la limpieza ética de la democracia: una bonita metáfora de la lucha contra la corrupción. Y en lo que a mí respecta, con tanta obsequiosidad algún candidato, ay, me ha dejado embarazado.

El caso es que en vísperas de las elecciones, cuando yo estaba hablando de literatura con el director de Diario 16, justo en el momento en el que ponderábamos la belleza de los epicóndilos de Luis Antonio de Villena, llegaron haciendo campaña Pedro Sánchez, Mariano Rajoy, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Y anunciaban sus programas con tal insistencia, que yo, ante tanta anunciación, por no hacerles un feo no tuve más remedio que decirles: «Hágase en mí vuestra voluntad». Y vaya si se hizo; se hizo la voluntad y lo que no es la voluntad, porque en su pugna por demostrarme cada uno de ellos que su programa era el mejor, le pusieron tanto apasionamiento que sin que yo pudiera darme cuenta me quedé como la Virgen María: preñadito perdido por un pájaro de cuenta.

En recuerdo de su posible padre si es niño le pondré Populismo, claro; y si es niña, Demagogia. Y si me sale ornitorrinco le pondré Alfredo, que me hace mucha ilusión.

En fin, que aquí ando ahora, tejiendo como Penélope el ilusorio paño de mi maternidad especulando con cómo será mi hijo, si sacará la nariz de Rajoy, o sus ojos, o quizás su idiocia… O si sacara tal vez la belleza de Pedro Sánchez, o su mandíbula airosa, o su porte gallardo, o acaso su inanidad y su insignificancia política… ¿Tendrá la alegre ambigüedad de Albert Rivera…? ¿Nacerá con coleta? ¿Vendrá marcado por un feo lunar bolivariano…?

A veces también pienso que la responsable bien pudiera ser Susana Díaz, porque aunque no entró en aquel cuarto, su presencia era tan fuerte, que no me extrañaría a mí, fíjense lo que les digo, que desde la distancia ella me hubiera fecundado… Quién sabe… ¡Cosas más raras se han visto!

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