El ex secretario general del PP de Madrid Francisco Granados utilizó su despacho oficial al menos dos veces para hacer entregas de dinero en efectivo a un intermediario bancario, Michael Trevor Langdon, que posteriormente se encargaba de ocultarlo en una cuenta en Suiza. Este mismo procedimiento fue utilizado por encargo del ‘cabecilla’ de la trama Púnica, David Marjaliza.

Michael Trevor Langdon reveló al juez Velasco en el interrogatorio del 7 de octubre de 2015 los movimientos que hizo como intermediario de Francisco Granados, de quien dice desconocer la cantidad aproximada que llegó a blanquear, así como la procedencia de este dinero. Sin embargo, en el caso de Marjaliza sí reconoce que sabía que el dinero que le entregaba procedía de sus negocios inmobiliarios.

“Cerca de El Corte Inglés de Castellana tenía el despacho de su puesto en la Comunidad de Madrid”, relata Trevor Langdon sobre Granados, por entonces consejero de Transportes nombrado por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Este mediador bancario sitúa entre 2003 y 2005 estos primeros contactos con el ex alcalde de Valdemoro y luego mano derecha de Aguirre.

Langdon, norteamericano nacionalizado suizo y con residencia en España, es un experto en fondos de inversión que, a partir de 1999, trabajó para BNP Paribas cobrando una comisión por cada cliente que captaba. Según él, fue el propio Granados el que le habló de un “posible cliente”. “Resultó ser Marjaliza, su amigo de la infancia. Me lo presentó en el ayuntamiento de Valdemoro”, detalla.

En el año 2006 cierra Granados su cuenta en BNP Paribas, prosigue Langdon, quien en 2013 avisará al exsecretario general del PP madrileño de que la Fiscalía suiza le estaba investigando por sus movimientos opacos, unos movimientos de dinero que siempre hacía en efectivo. “No había huella, por decirlo así”, señala.

Sobre el montante total, Langdon se escuda en el tiempo transcurrido y en la ausencia de registro contable para no precisar al juez qué dinero se podría haber ocultado por parte de cada cliente.

Entregas de 20.000 euros

“Me tomé muy en serio el secreto bancario, ibas a la cárcel si revelabas la identidad de un tercero. Yo estaba en medio de dos clientes”, añade sobre el operativo por el que se ocultaba el dinero. Concretamente, Langdon recibía el dinero en metálico en España y realizaba una transferencia por idéntica cantidad desde una cuenta suya en Suiza a otra que tenía el cliente en este país. Lo mismo ocurría en caso de que se quisiera disponer del dinero en España.

En otro caso las remesas procedieron del cabecilla de la trama, David Marjaliza, quien le entregó a Langdon volúmenes de unos 20.000 euros para que lo ingresara en cuentas Suizas opacas a la Hacienda Pública.

Según su confesión, este dinero se recogía en hoteles o en su domicilio en la calle Almagro de Madrid. También lo llegó a recoger en una ocasión directamente en una oficina que Marjaliza tenía cerca de la iglesia de los Jerónimos, detrás del Museo del Prado. “Hubo bastantes operaciones”, revela al juez Velasco.

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