Yo canto para los que sobresalen y sufren los anatemas; y a pesar de ello zarpan. Navegando periferias, raros mundos, diferentes aguas. Shangay Lily, “Plasma Virago”

Mi muy querido y añorado amigo:

Hace menos de dos años que nos dejaste huérfanos y huérfanas a los miembros de los distintos colectivos al margen del sistema. Siguiendo la senda iniciada por mi amado Víctor Villar Epifanio, tratando sobre la transversalidad de la lucha de los colectivos. Concretamente el colectivo de la discapacidad, en mi caso, mujeres con discapacidad. Querido Shangay, me produce un tremendo hastío la proliferación de escritos sobre discapacidad, bien desde fuera, desde una elite academicista, o desde la banalidad cotidiana, siempre exenta de una perspectiva política, incluyendo las medidas institucionales que nos afectan. Para nuestra desgracia, se emplea un discurso sumamente manido de tanto usarlo. Parece que lo hacen a la fuerza y cuando se publican noticias luctuosas sobre nosotros y nosotras se acaban alzando voces airadas exclamando cosas como “¿qué canalla puede hacer algo así a este angelito?”.

Con semejante comportamiento, hacen gala del más falso alarde de solidaridad (un paternalismo de lo más rancio), tú, sin embargo, nos potenciaste e integraste nuestro colectivo en la lucha común, animándonos desde tu blog de Público, Palabra de Artivista, y tus redes sociales. Nos ayudaste difundiendo el término “discafobia” que creamos para describir el rechazo o miedo hacia nosotros y nosotras, y lo hiciste pese a la resistencia de muchos personajes ansiosos de atención que querían corregirnos por lo cacofónico del mismo.

Shangay, fuiste el primero en asumir y aceptar públicamente nuestra condición de víctimas del capitalismo y del cristofascismo, pusiste el foco sobre nosotros y nosotras en relación a temas de lo más diverso y, de este modo, nos diste la oportunidad de aprovecharnos de la luz que irradiabas.

Como decía más arriba, nos ayudaste dando a conocer el término discafobia, denunciando el maltrato al que siempre hemos sido sometid@s, cuando se nos ha considerado, incluso, seres infrahumanos. Tú, nos defendiste y hasta nos pediste perdón por comportamientos fascistas de los que no eras responsable, en absoluto.

Centrándome en mi caso (mujer con una gran discapacidad y problemas de articulación verbal), he vivido demasiado tiempo como menor de edad sin capacidad de decisión efectiva y con un autoconcepto muy pobre, lo que me impedía promocionarme como mujer. Como tal mujer no reproduzco lo que se espera de mí, ni a nivel estético, ni a nivel funcional. Por todo ello, he sufrido una discriminación sigilosa y sibilina, producto del patriarcado reinante. Avanzando por la vereda de la vida, encontré a mi compañero, Víctor y con él empezó mi vida adulta, entonces no te conocía, pero estoy segura de que tú me hubieras inspirado, arropado y apoyado en la búsqueda de mi camino y lo has hecho sin saberlo desde tu columna en Público. La búsqueda de mi forma de ser mujer, tratando de escapar del rol preestablecido que el patriarcado sigue empeñándose en imponerme.

Sigo tratando de encontrarme a mí misma, y me ayuda a hacerlo tu recuerdo, tus artículos, tus libros, como “Adiós, Chueca” (Foca ed) o “Plasma Virago” (Huerga & Fierro), imprescindibles.

¡Hasta siempre, amigo!

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