El titular de la Aduana Argentina, Juan José Gómez Centurión, al ser consultado días atrás en un programa televisivo manifestó que ‘la descentralización de la lucha generó un plan caótico, no sistemático. Sistemático fue (el centro de exterminio nazi) Auschwitz’ para caracterizar el accionar de la dictadura militar que asoló el país entre 1976 y 1983. Y Gómez Centurión miente.

La investigación encomendada por el ex presidente Raúl Alfonsín a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) así lo mencionó en su Informe Final cuando el 20 de septiembre de 1984 se lo presentara al ex presidente y en el que probaban la existencia de 8.961 desaparecidos y de 380 centros clandestinos de detención, y en igual sentido se pronunció el Tribunal del llamado Juicio a las Juntas.

Este Juicio, único en su tipo a nivel internacional puesto que por primera vez un tribunal civil enjuiciaba a acusados de violaciones a derechos humanos, demostró que ‘el sistema operativo puesto en práctica -captura, interrogatorios con tormentos, clandestinidad e ilegitimidad de la privación de libertad y en muchos casos eliminación de las víctimas- fue sustancialmente idéntico en todo el territorio de la Nación y prolongado en el tiempo. Encontrándose probado que los hechos fueron cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad, organizadas vertical y disciplinadamente, resulta descartable la hipótesis de que pudieron haber ocurrido sin órdenes expresas de los superiores.’, y en el mismo sentido se fueron pronunciando las sentencias posteriores que analizaron y estudiaron lo sucedido en la Argentina entre 1976 y 1983.

Y las sentencias judiciales, una vez firmes, están para ser cumplidas, no para ser debatidas. La Justicia argentina comprobó que lo que Gómez Centurión pone en duda, es una verdad irrefutable, y por lo tanto su opinión pública no es tema de debate, está claro desde hace más de veinte años, no hay dudas.

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Gómez Centurión miente.

También mienten quienes pretenden ser paladines de la justicia y la moral, pero tienen en su haber el haber apoyado la autoamnistía con la que los militares pretendieron limpiar sus culpas poco antes de entregar el gobierno en 1983, y el haber indultado a los genocidas jerarcas militares en 1990, cuando hoy pretenden erigirse en defensores de los derechos humanos y, por ejemplo, nunca hicieron un acto oficial de repudio del último golpe militar, lo cual es lógico porque mientras había quienes se jugaban el pellejo, compartían agasajos con las autoridades militares en las guarniciones del sur del país. Tampoco levantaron la voz para oponerse al insulto, perdón al indulto, que su propio Partido dictó, por ejemplo, a Videla, Massera y Agosti miembros de la primera Junta Militar, sino que acompañaron y encumbraron como mejor Presidente de la historia (obviamente que hasta la llegada del matrimonio Kirchner a la Primera Magistratura del país) en su proyecto de reforma constitucional de 1994 y reelección presidencial de 1995.

Por eso es necesario poner fin a este tipo de actitudes, a quienes por uno u otro lado pretenden reescribir la historia, generando su propio relato. La historia está para recordarse y aprender de ella, para evitar cometer los mismos errores, no para usarla y manosearla a gusto de quien la recuerda.

Porque pese a que muchos pretendan olvidar su propia historia y seguir adelante, como decía Mario Benedetti, el olvido está lleno de memoria.

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