Cuando Pedro Sánchez se montó en su Peugeot 407 al día siguiente de aquel fatídico 1 de octubre para recorrer las convulsas casas del pueblo socialista de España, el sevillano Alfonso Rodríguez Gómez de Celis se enfundó el mono de faena y no lo dudó un instante en subir junto a él de copiloto, sobre todo cuando la ruta se dirigía de Despeñaperros hacia el sur.

Y todo ello pese a que de ocho a tres debía fichar de lunes a viernes en su puesto de director de la Agencia Pública de Puertos de la Junta, vigilado muy de cerca por su jefa, la presidenta andaluza, Susana Díaz, su ‘alma gemela’ en la carrera interna por los intrincados vericuetos del PSOE andaluz, histórico maná nacional de militantes y votantes que a día de hoy sigue gozando de buena salud.

Un cometido de Celis es enhebrar definitivamente una red de contrapoder sanchista en el reino del susanismo por excelencia

Ambos echaron los dientes de la política prácticamente al mismo tiempo, aunque suma más renovaciones el carné socialista de él que el de ella. Él, de la añada del 70; ella, del 74. Hacer carrera política conjunta desde que ella estudiaba para sacarse cuanto antes la licenciatura de Derecho y él la menos ambiciosa Diplomatura de Relaciones Laborales dan para más de una confidencia por los amplios pasillos de la Fábrica de Tabacos de Sevilla (sede en los noventa de la Facultad de Derecho), y también para más de un ataque de envidia con efecto feedback.

Sus caminos vuelven a encontrarse de nuevo en la capital andaluza, aunque ahora con notables diferencias respecto a hace sólo unos años. A partir de estos momentos, por las manos del que fuera mano derecha del ex alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín pasarán documentos de vital importancia para la seguridad de Andalucía y por los de Díaz apenas se limitarán a los que incumben a la gestión del día a día de una comunidad vital para los intereses de todo el socialismo español con la vista puesta en las inciertas próximas elecciones generales.

Aquel maratón a bordó del maltrecho Peugeot ha terminado con varias carambolas magistrales vía primarias internas y moción de censura. Pedro Sánchez en la Moncloa y el sevillano sentado como máximo responsable de la Delegación del Gobierno de Andalucía, con sede en la Plaza de España, la obra maestra universal del arquitecto Aníbal González, que lo mismo sirve de escenario de una película de la saga de La guerra de las galaxias que para abrirle un despachito al hermanísimo del ex presidente Alfonso Guerra.

El actual secretario de Área de Relaciones Institucionales y Administraciones Públicas del PSOE no ha aspirado en ningún momento a una cartera ministerial. Ni la ha solicitado ni Sánchez la ha contemplado. Su cometido es tácitamente entendido en otra dirección bien distinta: enhebrar definitivamente una red de contrapoder sanchista en el reino del susanismo por excelencia. Un trabajo de hormigas en un enmelado panal con una poderosa abeja reina.

Para ello, qué mejor herramienta institucional que una Delegación del Gobierno. Desde lo alto del faro se ven llegar mejor los barcos, han pensado Sánchez y Gómez de Celis cuando el sevillano ha participado con su jefe, el presidente del Gobierno, de la estrategia tanto a nivel interna de partido como institucional para optimizar en positivo el potencial del granero andaluz.

Tras el nombramiento de Gómez de Celis como delegado del Gobierno llegarán los puestos de los nuevos subdelegados, que qué duda cabe que tendrán claro perfil sanchista. Y en una comunidad con ocho provincias esto no es moco de pavo.

De este modo tan silente y sibilino extenderá su tela de araña en una comunidad, la andaluza, que apenas ha movido la boca para protestarle un ápice al susanismo reinante más allá del voto secreto que permitieron las primarias del 21 mayo de 2017, en las que un 31% de los militantes socialistas andaluces respaldaron al ahora presidente del Gobierno frente a un 63% que dio su voto a la presidenta andaluza. Pero aquella batalla en busca de ser la “única autoridad” del PSOE queda ya muy lejos.

La presidenta andaluza ha tomado nota del nombramiento y devuelve el mensaje cifrado lanzado desde Moncloa a Sevilla, esta vez atado al pie de una paloma mensajera, no de la paz: “Yo conozco su valía, de hecho lo nombré al frente de los Puertos en Andalucía”. Y de ahí que asegure que le parezca “muy bien” esta nueva designación del presidente del Gobierno. Trabajo para descifradores de mensajes encriptados.

 

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