La declaración este martes de dos agentes de la Guardia Civil que realizaron la segunda de las inspecciones oculares en el escenario del brutal crimen cometido en la localidad onubense de Almonte el 27 de abril de 2013 ha tirado completamente por tierra una de las últimas bazas de la defensa de Francisco Javier Medina, de 33 años, que se enfrenta a una petición de 50 años de prisión por los asesinatos de Miguel Ángel y su hija María, de ocho años, que recibieron más de 150 puñaladas en apenas diez minutos. Los agentes han confirmado en sus declaraciones en la vista oral con jurado que se sigue en la Audiencia de Huelva que se cumplió escrupulosamente con la cadena de custodia de una de las principales pruebas de cargo contra el imputado: tres toallas limpias en las que se hallaron restos de ADN (sudor y epiteliales) de Medina.

“El especialista lo recoge todo con guantes y cubierto, precinta la muestra, que nunca se separa de la documentación pertinente” y a continuación se remite con todas las garantías legales al Servicio de Criminalística para su exhaustivo análisis, ha explicado en el juicio uno de los agentes de la Guardia Civil. Tras la declaración la pasada semana del jefe de la UCO, que reconoció que él no podía confirmar la cadena de custodia, la defensa del imputado, ejercida por el letrado sevillano Francisco Baena Bocanegra, anunció que pediría la nulidad de la prueba ante la posibilidad de que se hubiera roto la decisiva cadena de custodia de una prueba tan determinante, aunque no la fundamental. Este paso de la defensa fue bien acogido por la acusación ejercida por el letrado de la viuda y madre de las víctimas porque evidenciaba el “nerviosismo” en su estrategia de defensa del imputado.

“Antes daban por bueno ese ADN y ahora no le cuadran las cosas tras la declaración de los agentes de la UCO y dan marcha atrás”, dijo Gustavo Arduán, letrado de la acusación ejercida por la madre y esposa de los asesinados, cuando conoció la petición de la defensa de Medina.

Este martes, los agentes también han confirmado que la puerta no fue en ningún momento forzada y que el asesino debía conocer a la perfección la disposición de la vivienda porque conlleva una distribución algo compleja, han explicado los guardias civiles en su declaración.

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