Chaiuya Pinkhasovna Lispector vino al mundo el 10 de diciembre de 1920 en la localidad ucraniana de Chechelnik. Desde muy pequeña ya mostró una importante inquietud por la literatura en general y los cuentos en particular. Con apenas unos meses de edad, esta escritora inclasificable de origen judío emigró con sus padres a la ciudad brasileña de Recife, donde vivió hasta trasladarse a Río de Janeiro con 14 años tras la muerte de su madre. Allí estudió derecho y comenzó sus colaboraciones literarias con periódicos y revistas.

Pronto todo Brasil y después el mundo poco después conocería las excelencias narrativas de Clarice Lispector, a la que Benjamin Moser describe así: “La legendariamente bella Clarice Lispector, alta y rubia, con sus extravagantes gafas oscuras y su bisutería de gran dama carioca de mediados del siglo pasado, se adecuaba a la definición moderna de glamur”. Se refiere a un glamur más emparentado con la hechicería y aquello que sir Walter Scott llamaba “el poder mágico de engañar la visión de los espectadores de tal manera que la apariencia de un objeto sea totalmente diferente de la realidad”.

Estas reflexiones aparecen en la magnífica edición de Siruela Todos los cuentos, donde por primera vez se reúne en un único volumen la totalidad de su narrativa breve, donde realmente la mítica escritora brasileña volcaba ese “no estilo” del que se sentía orgullosa. Son en total 84 cuentos en los que se congregan todas las temáticas que hicieron de esta autora un referente de la literatura latinoamericana del pasado siglo XX.

La mujer y la creación artística están muy presentes en la temática de estos relatos brillantes y apasionantes a partes iguales

Con apenas 23 años, en 1943 se dio a conocer en Brasil con su primera obra, Cerca del corazón salvaje. A partir de entonces se ganó el respeto de crítica y público y dejó de ser una estudiante anónima de una familia de inmigrantes pobres. Tras contraer matrimonio poco después con un diplomático, residió en Inglaterra, París, Berna o Washington. Así hasta 1959 que se divorció y volvió a su añorado Brasil.

En estos 84 cuentos aquí reunidos en su totalidad, Lispector realiza una “experimentación artística a través de una amplia variedad de estilos y experiencias”. La mujer y la creación artística están muy presentes en la temática de estos relatos brillantes y apasionantes a partes iguales. Como apunta Moser, Lispector creó unos personajes que “luchan contra concepciones ideológicas sobre el lugar adecuado para las mujeres en la sociedad”. Las mujeres que retrata suelen mostrar sus problemas con esposos e hijos, y también provocados por la economía familiar, que determina a veces situaciones extremas que conducen al alcoholismo, la locura e incluso el suicidio.

Esta postura inamovible y militante le granjeó encontronazos con el mundo editorial, en manos evidentemente de hombres que no veían de buen agrado el ímpetu feminista de la escritora brasileña. “El terrible deber es ir hasta el final”, solía decir. Y así lo hizo en sus cuentos, habitualmente protagonizados por mujeres “silenciosas y silenciadas”, en palabras de Moser.

Y ni tanto que llegó hasta el final en su ímpetu de visibilizar en toda su crudeza y a todos los niveles y extremos el universo complejo de la mujer y lo femenino. Moser se pregunta al respecto: “¿Algún escritor había descrito antes a una mujer de setenta y siete años que tiene sueños sexuales con una estrella pop, o a una mujer de ochenta y tres años masturbándose?”.

Ha pasado al menos medio siglo desde que la mayoría de estos cuentos fueron escritos y aún conservan intactos toda su frescura, su capacidad de asombro y su fuerza para actuar a modo de despertador de conciencias adormiladas. Pasen y lean, con ustedes una glamurosa hechicera.

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