En un magnífico libro titulado “Historia virtual de España”, publicado en el 2004, coordinado por Nigel Towson, y con la participación de excelentes historiadores como José Álvarez Junco, Santos Julià o Javier Tusell, se intentaba responder a diversas cuestiones como por ejemplo qué hubiese pasado si España hubiese entrado en la Segunda Guerra Mundial, si ETA no hubiese asesinado a Carrero Blanco o si Indalecio Prieto se hubiese convertido en Presidente del Gobierno en mayo de 1936. Era y es un libro extremadamente sugerente, que hace referencia a las ocasiones perdidas y que plantea preguntas certeras. Pertenece a un género llamado historia alternativa, contrafactual o simplemente virtual.

Pues bien, en Geografía también podríamos hacer ejercicios de hacer una geografía alternativa o virtual que nos ayudasen a entender mejor la realidad. En el caso de España, en el caso de la Península Ibérica, podríamos preguntarnos cómo sería el presente de los ciudadanos de este país, como sería nuestra Historia, si nuestro clima no fuese tan seco o nuestra orografía, además de periférica, tan atormentada.

Así, surgen varias preguntas. Si no existiesen los Montes Vascos, que facilitaron su defensa y que impidieron que los romanos conquistasen nunca Euskadi, ¿existiría hoy una lengua prerrománica como el Euskera? ¿Existiría por lo tanto el propio nacionalismo vasco?

Si no existiesen ni la Meseta, ni el Sistema Ibérico ni las Cordilleras Costero-Catalanas, ¿qué idioma se hablaría en Madrid? ¿Y en Barcelona? ¿Estaríamos ahora hablando del independentismo catalán? ¿Y de nacionalismo catalán o español?

Si nuestro clima fuese más benigno, si nuestro país fuese menos ancho, no existiese la Meseta ni la Cordillera Cantábrica, si nuestra altitud media fuese de 200 metros y no de 660 metros, ¿hubiese padecido nuestro país esas hambrunas fruto de una agricultura de secano pobre y raquítica?

Si nuestra situación geográfica no hubiese sido el extremo suroccidental de Europa, en contacto con el Atlántico, si nuestra situación hubiese sido similar a la Italia, el Mediterráneo central, ¿se hablaría ahora en Sudamérica el castellano y el portugués? ¿O tal vez se hablaría otro idioma pues nunca se hubiese financiado ni a un Colon ni a nadie?

Y, si nuestro clima fuese tan lluvioso como Francia, y nuestros ríos navegables ( que no lo son, excepto un poco el Guadalquivir?, ¿hubiésemos tenido una mayor tendencia los españoles hacía el comercio y hacia el negocio? ¿Se hubiese creado un mercado articulado en el siglo XIX?

Son preguntas sugerentes, en mi opinión. Y que ayudan a entender el presente. Y es que si bien es cierto que no hay que caer el determinismo, que es más certero un posibilismo que da a los grupos sociales la posibilidad de superar los obstáculos naturales, no es menos cierto que, como decía Gil de Biedma, “ de todas las Historias tristes, la más triste es la de España, porque siempre acaba mal”. Y tal vez ello empezó por una Geografía triste y atormentada.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

diez − 4 =