El mundo del Rock está chocantón; hay tres vicios que lo degradan, quizá por viejuno: uno es la imagen, dos la preocupación por la exactitud instrumental y tres la teoría musical… Vamos a uno de esos festivales donde se programan la hermandad vital, el amor y las experiencias, donde ya se sabe cuándo sonreír, abrazarse o danzar pegados al tiempo que se bebe o se fuma alguna cosilla ilegal (qué malotas), y sabemos que está tocando un grupo “indie” por la fortuna en champú y suavizantes que han gastado en su pelamen por toda la cabeza, porque usan el productor de ondas Martenot para tocar una mierda y porque ponen cara de Beethoven cuando pasan de Do mayor a La menor…

  1. El disfraz no es necesario.
  2. La mayor parte de los artistas históricos del Rock no tenían ni puta idea de técnicas.
  3. En un fragmento musical de Schönberg hay más teoría que en todo el Rock junto.

La música popular es la expresión musical de quien no estudia Música; no tiene sentido especializarse en Filología Hispánica para componer himnos de clubes deportivos… pues la misma pedantería asola al rock, si olvidamos la espontaneidad, la expresividad, lo que nos sale es un artefacto que sólo sorprende a quien no se aclara y derrama snobismo por todas partes.

Desarrollo:

Gary Clark Jr. es un fósil, viéndole cantar y toca la guitarra uno tiene delante la historia del Blues, del Rock’n’Roll y del Soul, y es auténtico… quienes tuvimos la oportunidad de verlo en directo en las Noches del Botánico, en la Complutense en Madrid, podemos hacernos una idea de qué fue oír, viajando en el tiempo, a Hendrix, o a B.B. King o a John Lee Hooker o a Marvin Gaye o a Curtis Mayfield… en sus juventudes (creo que éste tiene la edad de Cristo), Gary Clark no toca, no canta, no compone, pero sus canciones son clásicos: “Bright lights” o “When my train pulls in” son himnos epopéyicos destinados al desarrollo en directo, ya son paradigmas para tocar y disfrutar que en el estudio de grabación mueren lánguidos… sólo figuras como Dylan, por citar una evidencia, hacen cosas así.

Voz:

El tío es un palo, seco, cortante, ni siquiera saludó, pero lo que oímos fue un concierto de Soul en el que la voz aflautada de un afroamericano llenaba el escenario como deriva de un coro de Gospel, no se puede hacer más con menos medios: sin vientos, sin armonías vocales, sin producción… toda la Tamla-Motown vino a Madrid con ese pellizco, ese sentimiento que sólo haberlo mamado desde el primer minuto de tu vida te da. Acojonante, un falsete de Gary Clark es más música que toda esa patulea de gente que gorgorea y se hace el negro, pero no llega… vimos un concierto de Diana Ross en los 60, sólo que cantaba un tío.

Guitarra:

Yo también he terminado comprando una Epiphone Casino barata alucinado con el sonido de Gary Clark, y somos muchos, supongo que la marca le tratará bien… una guitarra eléctrica totalmente hueca que se acopla mirándola, que satura antes de que pulses… ése es el Gary Clark que tengo en mente. En Madrid un par de Gibson SG, una afinada en Re y otra tradicional, un momentito para la Casino, un amplificador Fender (Vibro-King) de los que dejan sonar al instrumento aunque lo ensucien con una distorsión bestia, y a volar: Clark no es hábil, no inventa escalas extrañas, no sorprende con la armonía y su digitación sobre el mástil es gorda, pesada, pero el cabrón da una nota y su ataque llena todo el aforo, entra en la dinámica de la pieza, comienza a jugar con el ritmo, con la intensidad, repite y repite y repite llevando al éxtasis a todo lo que se mueva en su derredor; el virtuosismo y la guitarra eléctrica se llevan mal, la clave está en la mano que pulsa, lo otro es medio para alcanzar la expresión, el sentimiento… el Soul, y ahí también tiene ese toque de Dios que consiguen un Albert Collins o un Hooker o un Buddy Guy o un B.B. King, una sola nota, un sólo ataque, un sólo dedo y todos los músicos detrás pegados…

Recolección:

Impresionante, absoluto, espectáculo, un puto genio, un maestro, una oportunidad perdida de haber podido contarlo… si usted no fue. Puro Rock.

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es

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