Parece que fue ayer y ya ha pasado un año. Hace exactamente un año estábamos, como ahora, dándonos golpes de pecho lamentando las víctimas de violencia de género y jurando por lo más sagrado que era la hora de reaccionar.

Pero el tiempo ha pasado y aquí seguimos. Exactamente igual, o peor. Con un flamante pacto de estado aprobado y un número de victimas mortales que ya rebasa el del año anterior. Con el mismo lazo violeta en la solapa y la misma impotencia en el alma.

       No aprendemos. Cada 25 de noviembre nos prometen que se va a hacer algo, que se va a tomar en serio la cosa. Y cada 26 de noviembre parece que se olvida. Porque la violencia de género importa poco a la ciudadanía –un triste puesto décimo octavo en las encuestas del CIS- y, como importa poco y no da votos, poco se habla de ella, y como poco se habla de ella no despertamos las conciencias y seguimos sin darle importancia. La pescadilla que se muerde la cola.

De poco sirve que en días como éste se hagan charlas, debates, coloquios, se copen titulares, se escriban artículos, se realicen manifestaciones y se hagan proclamas si todo queda en eso. Mientras nos llenamos la boca de buenas intenciones, hay miles de mujeres que esperan algo más que palabras. Y mañana puede ser tarde para alguna de ellas.

Por desgracia, la violencia de género parece que solo tiene su espacio cuando un hecho terrible martillea nuestras conciencias, cuando algo supera nuestro ya anestesiado umbral de tolerancia o cuando no hay ninguna otra noticia que se considere de más actualidad. Y ahí está el error.

         La violencia machista pasa a un segundo, tercer o cuarto plano si tenemos otras cosas de las que ocuparnos, sea el proceso independentista, el enésimo caso de corrupción, o cualquier otro tema. Actaulidad manda, nos dicen. Y olvidan que la violencia de género es actualidad pura. Pura y dura. Porque cada día, cada hora, cada minuto, una mujer está siendo maltratada. Porque cualquiera podemos ser la próxima.

Desde aquí, y en un día como éste, quiero reclamar una vez más a los poderes públicos que pongan en marcha las medidas tantas veces prometidas, que empiezan por una inversión que nunca acaba de llegar. Desde aquí quiero pedir a todo el mundo que manifieste su indignación día a día, y no solo cuando hay un cadáver caliente. Desde aquí quiero pedir a cada persona que tome cartas en el asunto cuando vea un episodio de maltrato, cuando sospeche que su vecina, su hermana, o su compañera están siendo víctimas de maltrato. Desde aquí quiero pedir tambien a cada persona que se moje cuando vea actitudes machistas, por más que sean compañeros, amigos o familiares. Desde aquí quiero pedir que rechacemos cualquier publicación machista, cualquier anuncio sexista, cualquier canción, cualquier chiste o el enésimo mensaje de whatsapp que frivolice con este tema. Desde aquí quiero pedir que, de una vez por todas, nos tomemos en serio este tema.

Ya no nos vale con pasar la patata caliente a otro, con buscar culpables, o con hacer sesudos análisis de qué ha fallado a toro pasado. Hay que evitar que el toro pase. Y para ello no basta con ponerse un lazo violeta ni hacer minutos de silencio.

El futuro está aquí, puede empezar hoy mismo. En nuestras manos está que ese futuro sin violencia machista sea algo más que un deseo. Podemos ponernos manos a la obra hoy, o seguir esperando.

Quedamos emplazados el año que viene para ver si, por fin, hemos empezado a caminar en la dirección correcta. La que lleva al fin de esa cifra de la vergüenza que debería sonrojarnos cada día. Cada paso importa.

 

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1 Comentario

  1. No sé por qué si cada vez se dedican más recursos a la violencia de género y parece que no se obtienen resultados. Tenemos una ley contra la violencia de género, que considero sobra, porque la violencia de género es una violencia más, con sus características, pero violencia, y como tal no se debió hacer una ley específica, como no la hay para otro tipo de violencias, que lo único que consiguió fue hacer a los hombres presuntos culpables, cargándose la presunción de inocencia. Los efectos de esta ley a la vista están, ha servido para bien poco. En este tema, como en otros muchos hace falta menos política y más profesionalidad, que es la que da la eficacia. Creo que hay demasiadas asociaciones tirando del presupuesto para la violencia de género, cuya eficacia me permito poner en duda. En definitiva para ser más eficaces y que mueran menos mujeres hay que poner el sistema patas arriba y hacer una crítica positiva que permita tomar medidas adecuadas. Porque si no todos los años matarán a unas 52 mujeres, una por semana, más o menos…
    Un futuro sin violencia de género es una entelequia, es como un futuro sin violencia, imposible.

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