Se veía venir desde hace tiempo, pero sólo la avaricia, unida a la incompetencia de muchos dirigentes del fútbol, ha hecho que la situación llegue a tocar fondo; no obstante, ¿serán capaces todos los estamentos  implicados de tomar medidas que ordenen lo que es un carajal en el que todo vale?

La Federación Española de Fútbol (FEF) estaba condenada a pegar un trueno un día de éstos. Y lo ha dado. Una presidencia eterna, de casi tres décadas de duración, ha dado lugar a la formación de una red clientelar con participación de dirigentes territoriales, en la que ha fluido el favor, el dinero, en general todo tipo de dádivas. Villar ha caído, pero no ha dimitido de presidente, por lo que si no se finaliza la limpieza, es posible que la hidra se pueda recuperar.

El fútbol profesional ha tenido otra problemática, aunque ha sido un caos en todo: la necesidad de captar fondos para equilibrar sus cada vez más descompensados balances, ha hecho que se pasen la vida pidiendo dinero público, y encima con el beneplácito de la gente: quinielas, televisiones, etc., a la vez que han pasado a deber importantes fondos a la Hacienda Pública y la Seguridad Social. Al día de hoy, sólo se pueden considerar profesionales los equipos de primera y segunda división, y no todos, la segunda B se debate entre la vida y la muerte, porque sin el apoyo de las televisiones está llamada a la ruina.

El momento clave se produjo con la vuelta de Florentino Pérez a la Presidencia del Real Madrid. Este personaje, un empresario de los más fuertes del país, protegido por el PP que le ha concedido gran cantidad de obra pública, vanidoso como él solo, había visto como el Barcelona, sólo  con la cantera: Messi, Xavi, Iniesta, Busquets, etc., con Guardiola de entrenador, había cuajado un equipo campeón que jugaba el mejor fútbol del planeta. La única solución que se le ocurrió fue desbancarlo a golpe de talonario y, así, el Real Madrid reventó el mercado al gastar lo impensable hasta entonces. De esta forma, primero Kaká, y luego Cristiano Ronaldo, Bale, James, etc., fueron engrosando la nómina de estrellas del Real Madrid que, en la temporada anterior, le ha llevado a ganar, por fin, la Liga y la Champions.

Sin embargo, si en el histórico Far West, el más rápido iba ejecutando a sus enemigos hasta que aparecía uno más rápido que él, ahora ha pasado lo mismo en la persona de un jeque Catarí (PSG), que ha dado la penúltima vuelta de tuerca al poner sobre la mesa, en una sola operación, la cantidad de 222 millones de euros, más impuestos y salarios del jugador Neymar. En esta ocasión, el Barcelona ha sido el castigado, como lo podría haber sido el Real Madrid que se ha escapado al no tener un jugador joven y valioso, porque Cristiano Ronaldo no vale tanto. Sus casi 33 años le hacen perder valor ante los 25 del ex barcelonista.

¿Y ahora qué? ¿Seguimos esta dinámica infernal? ¿Dejamos que el dinero derrote al talento? ¿Seguimos permitiendo una competición injusta en la que los equipos pobres estén condenados a ejercer de comparsas de los  poderosos?

EEUU, uno de los países liberales por excelencia, hace tiempo que encontró la forma de resolver problemas como los actualmente planteados: introducir la regulación. Fue en una competición señera como la NBA, en la que cada equipo tiene un dinero igual y limitado para mantener su equipo, de tal forma que, por ejemplo, fichar al jugador más valioso tiene que ser a cambio de  que el resto sean mediocres.

La solución del fútbol puede ser una competición tipo NBA en la que entrarían los mejores equipos de Europa, sometidos a regulación económica, sin descensos, para evitar lo que está ocurriendo ahora y que va a más. El mantenimiento de una primera división más equilibrada, y la reordenación del resto de categorías, completarían el nuevo marco competitivo nacional.

 

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