Los fueros representan un ordenamiento jurídico especial, otorgado por el rey del momento a un territorio o población en virtud de intereses comerciales, económicos, militares, políticos, etc, que en la Alta y Baja Edad Media tuvieron, aparte de la necesidad de ordenación del territorio, la funcionalidad de ir restado poder a unos señores feudales y otorgándoselo a otros, dependiendo de fidelidades y méritos acumulados.

En unos tiempos donde las comunicaciones eran muy lentas y complicadas, la vida muy dura, y la posibilidad de la población de sentirse protegida por algo parecido a la que hoy entendemos por “justicia”, muy escasa, los fueros representaron la solución al problema, pues ordenaban, en base a su régimen jurídico, fiscal, y de derecho, la convivencia en los territorios de su jurisdicción. Como se competía por los recursos, y la inestabilidad política y militar era extraordinaria, tener leyes protectoras, mejores o peores que las del territorio de al lado, significaba la diferencia entre poder llevar una vida medianamente razonable, o pasarlo realmente mal. De esta manera, esos fueros otorgados por la corona como modo de relación de la misma con los territorios, y como modo de control de los mismos, que necesariamente había de ser local, hizo de los fueros una herramienta inestimable que terminó confundiéndose y formando parte de la propia identidad cultural e idiosincrática de los pueblos sobre los que regían.

Así pues, la retirada o pérdida de dichos fueros ha sido visto durante los siglos como un extraordinario agravio, y su defensa se ha convertido en una cruzada numantina allí donde estos aún perviven.

Durante la época de gobiernos liberales e ilustrados en España, los fueros se suprimieron. Los gobernantes de la época comprendieron que había que abolirlos para crear una España igualitaria. Tras otorgamientos interesados, o retiradas de los mismos tras las guerras carlistas, en el Reino de Navarra, mediante la “Ley Paccionada” (1841), su régimen fue casi suprimido y dejó de ser un reino, pasando a constituirse Navarra como una provincia más del Reino de España. En las provincias vascas, la abolición foral se produce en 1876 tras la Tercera Guerra Carlista. Se conservaron algunos pequeños restos forales que, en las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya, fueron suprimidos por la dictadura franquista al ser consideradas “provincias traidoras” por no haber participado a su favor en la sublevación de 1936, manteniéndose en Álava y Navarra.

La Constitución española de 1978 en su Disposición Adicional Primera consagra el respeto y amparo de los derechos históricos de los territorios forales, retrotrayendo la legislación hasta 1841 y por ello estos territorios, constituidos actualmente como las comunidades autónomas de Navarra y País Vasco, conservan la independencia en aspectos como el derecho tributario, fiscal o civil entre otras peculiaridades. En Navarra la norma basa su régimen de autogobierno en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra de 1982 y en el País Vasco es el Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1979.

Es decir, los fueros representaron la solución a un problema de control del territorio y de la población durante unos siglos en donde no había otra forma de hacerlo, evolucionaron hacia un mecanismo de otorgamiento de privilegios según adhesiones, y hoy día, han terminado por convertirse en un sistema de obtención de beneficios, y de afirmación de una inexistente identidad nacional, ya que se aplica el principio de que “cada cual en su casa, hace lo que le da la gana”. Son argumentos falaces que se refuerzan mutuamente: “esto es una nación y debe tener un régimen jurídico propio, y como tiene un régimen jurídico propio, que proviene de tiempos que para nada representan la situación actual, nuestro territorio se constituye como nación” ¿Por qué será que los fueros en el mundo civilizado prácticamente solo existen en España? Porque los españoles somos así. Como poseer fueros otorga ventajas, los compatriotas valencianos están buscando los suyos. Sin embargo, la injusticia de la infrafinanciación de la Comunidad Valenciana no se resuelve añadiendo más elementos absurdos al sistema, sino con un sistema fiscal más justo, que apueste por abolir, sin ir más lejos, los fueros, ya que, lo que no pagan unos, tenemos que pagarlo otros, y, además, cuando después de años de desigualdad territorial se generan en España unas comunidades ricas y otras pobres, las ricas dicen que son nacionalidades y no quieren saber nada de las pobres.

Parece mentira que en Sudáfrica se consiguiera suprimir el apartheid, y España que tengamos que soportar supremacistas que, en virtud de unos absurdos e inexistentes derechos históricos, pues no se corresponden con la realidad actual de un mundo globalizado y la igualdad de todos los españoles y españolas ante la Ley, se consideren superiores a los demás, generando en este país ciudadanos de primera, y ciudadanos de segunda ¿Es que no nos da vergüenza?

¡Viva la ilustración! ¡Abajo los fueros!

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