En la sociedad actual el fracaso se toma como algo pésimo, pero la experiencia de haber fracasado es enormemente enriquecedora. Habitualmente las connotaciones de persona fracasada son muy negativas y se prefiere enmascarar la realidad. Algo así como, preferimos decir que nuestros hijos no son perfectos, antes que reconocer que la educación que les hemos dado no está siendo la adecuada. Suavizar la autocrítica. Reconozco el problema –pues estamos delante de un problema- pero no es tan importante. Somos juez y parte. Para reconocer un fracaso hace falta valentía.

Para que se produzca una salida a nuestra crisis, lo primero ante todo es reconocer que hemos fracasado. Que algo no estamos haciendo bien. Cuando buscamos disculpas por nuestros errores muchas veces inculpamos a los demás como el origen de nuestros problemas, o simplemente a las circunstancias o a algo más simple, a la mala suerte.

La palabra fracasar en nuestra época tiene connotaciones no deseadas. No interesa relacionarte con él de ninguna manera, ni juntarte con personas que lo sufren. El fracaso normalmente se disfraza, mejor dar sensación de balance que reconocer la situación. Los medios de comunicación, fundamentalmente las televisiones, dibujan gente triunfadora, Supervivientes, La Ruleta de la Fortuna, El Conquistador del fin del mundo, etc. son solo algunos de los programas que ayudan a reflejar a ciudadanos con éxito, éxito obtenido sin gran trabajo, tan solo mediadas unas breves competiciones. Los premios son bastante jugosos. Nadie fracasa, es el lema. Los jóvenes principalmente, se sienten fuertemente atraídos por el mensaje.

Cuando un político no hace bien sus deberes, se equivoca, miente, promete cosas que no cumplirá. Llegado el momento de las elecciones, sus electores lo descalifican evitando votarle. La situación casi siempre es clara, el político de turno no reconoce sus faltas, su fracaso. Los demás, prensa y medios de comunicación, ciudadanos, opinión pública lo ven y lo castigan en las urnas. A pesar de esto nadie rectifica, no hay autocrítica y si existe es tan solo para dar sensación que la hay y así nos sentimos nuevamente ganadores.

Esta es una situación que se repite constantemente con la clase política, pero igualmente sucede en el mundo empresarial y en el familiar. No espabilamos. En la política existen las encuestas de opinión, que salvo excepciones – pues no se equivocan demasiadas veces- marcan el camino a seguir, el cual es ignorado ante el temor a un fracaso evidente. Un ejemplo lo tenemos en España con dos partidos, uno en declive como es el partido popular y otro emergente como es Ciudadanos. El Partido Popular sabe que está fracasando con su política remisa con los ingresos de los pensionistas que son unos 10 millones, las privatizaciones y la acusada política neoliberal que ha desarrollado, pero sobre todo por la gran corrupción que ha salpicado a altos miembros del Partido. Los ciudadanos le pasarán factura muy probablemente a la hora de los votos, a pesar de otras cosas positivas que el gobierno haya realizado. No asumir el fracaso con los pensionistas paralizando sus subidas algunos años y haciendo subidas de 2 o 3 euros al año va a afectarles con toda seguridad.

Dicen que la suerte no aparece como llovida del cielo, la suerte hay que encontrarla. Hay que fabricar los condicionantes necesarios para que esta se produzca. Hay que esforzarse para tenerla como nuestro aliado. Esto exige un trabajo previo y bien planificado.

El fracaso aparece cuando después de haber incumplido nuestras metas personales o profesionales, no disponemos de la capacidad necesaria para resurgir, para reaccionar, ni encontramos el coraje necesario para valorar la situación y poner los medios necesarios para salir del bache, para enmendar. Todo el mundo tiene miedos principalmente a dos cosas, a fracasar y a la muerte. Ambos aparecen de forma insospechada, aunque a veces situaciones previas garantizan que el final será ese. Una persona muy enferma, un derrochador, una mala planificación o simplemente ser un corrupto.

La situación es reconocer que la vida no es una autopista lisa sin baches. Hay muchos agujeros que debemos sortear. A veces el fracaso viene disfrazado de causas ajenas a nosotros mismos. Alberto Contador, corredor ciclista retirado por decisión propia recientemente, fue ganador de varios Tours de Francia, de dos Giros de Italia, pero junto a sus éxitos le sobrevino la desgracia en forma de un “cavernoma” y el abismo no solo por cesar su vida deportiva sino por su muerte. Reconoció que estaba ante un grave problema y con la ayuda de los médicos pero sobretodo de su enorme fuerza moral se sobrepuso al fracaso. Quizás tenía claro que él no corría contra nadie ni contra nada. No corría por ejemplo para emular a Eddy Mercks, corría para ser él mismo, para ser Contador.

Una pregunta clave es porqué tenemos tanto miedo a fracasar. Muchas personas afirman que nunca han sentido miedo por nada. Eso es insensatez. El miedo hace feliz a las personas cuando consiguen controlarlo y hacerse más fuertes cada día. Viajamos con nuestras propias angustias, el stress, nuestros temores. Pero no pasa nada. Vivimos en una sociedad convulsa, en la que todo el mundo triunfa y casi nadie le apetece manifestar que ha fracasado. Las noticias van en esa dirección, gente muy afortunada que sin esforzarse demasiado encuentra recompensas sabrosas.

Uno afronta el fracaso de múltiples maneras. No hay fórmulas matemáticas para salir de él. Pero lo que sí sabemos es que nuestras capacidades para generar, crean los estímulos necesarios para avanzar. Pero conviene repetirlo una y mil veces. Uno sale del fracaso cuando es capaz de reconocer que está fracasando. Si no es así es muy difícil salir de la adversidad.

Un ejemplo nos puede ayudar a entenderlo mejor. Imagínese a una persona con los ojos tapados caminando por una senda llena de baches y agujeros. Seguro que terminará cayendo. Tony Robins, formador y orador orientado al desarrollo de las personas y escritor ha aleccionado a personas del mundo del deporte y de la política sobre los aspectos relacionados con el fracaso. Dice que la determinación, la humildad, el coraje y la pasión por la vida y las personas son claves para luchar contra la adversidad y el fracaso.

El fracaso muchas veces va aparejado al riesgo que asumimos. Hay riesgos medibles sobre los cuales podemos actuar y hay riesgos insensatos que no merece la pena asumir. Si Usted es un kayakista y decide abordar un rápido de nivel 5 –que es la máxima dificultad- sin demasiada preparación y sin disponer gente en las orillas prestas a socorrerlo, lo probable es que muera en el intento. La capacidad para medir riesgos guarda una fuerte relación con el resultado final. Por otro lado vivir la vida sin riesgos es caminar sobre ella en perfecta infelicidad.

Ciertamente cuando se han obtenido resonantes éxitos y uno sigue haciendo las mismas cosas que siempre, inevitablemente surgirán los fracasos, vendrán las derrotas. Las situación será distinta que cuando obtuvimos los éxitos y muchas cuestiones que nos ayudaron a triunfar, ahora habrán desaparecido o chocarán en nuestra contra como una corriente impetuosa en el mar.

La venta no está exenta de dificultades, quizás más que ninguna otra profesión. Usted en el día a día –si se dedica a ello- se disfraza de psicólogo, estratega, comunicador, confesor y experto en marketing. Debe aprender a gestionar su estrés, cultivar su asertividad, estar preparado para auto motivarse y manejar su tiempo con eficacia prusiana. Además de todo esto, deberá afrontar en su ruta muchos kilómetros, sufrir condiciones climáticas adversas, estar muchas jornadas alejado de su casa. Deberá aprender a superar la adversidad cuando su cliente diga NO y deberá situarse delante de otro cliente con cara de plena satisfacción.

José Luis Korta entrenador de la trainera KAIKU de Sestao en Bizkaia afirma:

“Hay personas en todos los órdenes de la vida, también en el deporte, que se creen un rango superiores. Uno se acostumbra a ello, sucede cuando se baja la guardia, después la motivación y los estímulos”.

“Pasados los sesenta años, después de haber triunfado con grandes premios con las traineras tanto como remero como preparador he aprendido que las victorias son para las vitrinas y para pasar rápidamente de hoja. Sirven para hacerse la foto a la que normalmente se suman personas que nada o poco han tenido que ver con el triunfo. Cuando fracasas nadie está contigo. Tan solo tu propia conciencia o tu capacidad para remontar”.

Peru Ortiz de Mendibil, hijo del famoso árbitro internacional de futbol José Mª Ortiz de Mendibil, experto vendedor y formador afirma:” Se sale de un fracaso, reconociéndolo en toda su profundidad, preguntándose y analizando el porqué de ello. Es una decisión personal aunque uno juegue o trabaje en equipo. Debes sentirte humano, modesto y sencillo, analizando las causas”.

El gran temor de todo buen deportista es la posibilidad de que surjan las lesiones o una grave dolencia que trunque tu carrera deportiva. Lance Armstrong ex corredor ciclista, nacido en Austin (USA) el 18 de setiembre de 1.971, ganador de siete tours de Francia se le detectó en 1.996 un cáncer testicular con metástasis en pulmón y cerebro. Con quimioterapia pero sobre todo con altas dosis de voluntad personal, logró superar la enfermedad y el fracaso. En pleno proceso de quimio hacía diariamente 80 kilómetros de bicicleta. Su capacidad de autoestima era elevadísima, al igual que su adaptación al enorme sufrimiento físico y mental.

Otros deportistas han superado este tipo de cáncer como el del ex portero internacional José Molina, operado en el 2.001 o el de su compañero Lubo Penev de la primera división del futbol en España. Un balonazo sin trascendencia descubrió un tumor en el testículo izquierdo. Una vez superado el mal fue titular en el Atlético de Madrid junto a Molina. Esa temporada el club ganó la copa de España y la liga.

Hay deportistas que aceptan muy bien el enfrentamiento del fracaso en su vida. Viven la adversidad, la afrontan y se enfrentan a ella de forma natural con gran autoestima. El año 2.005 el meta Sergio Aragoneses del Hércules, Dani Fernández jugador de futbol sala, el danés Ebbe Sand máximo jugador de la Bundesliga 1999-2000 que superó un cáncer en 1998 antes de la copa del mundo de ese año.

Severiano Ballesteros, gran golfista mundial luchó de forma denodada para superar un tumor cerebral, algo que después de años no pudo superar falleciendo en el 2011 con un gran ejemplo de fortaleza y tesón.

Nadal actual jugador mundial número uno afirma que el fracaso y la derrota le han enseñado muchas cosas, como afrontar sus múltiples lesiones para salir de ella como ganador. Pero también afirma que no solo el que gana es el que mejor hace las cosas. Se dice que el segundo es el primer perdedor, pero esto solo es un punto de vista. A veces es más interesante ser segundo y saberse ganador.

Salir del fracaso se hace con voluntad y amor propio, analizando lo que no debe volver a ocurrir, fijando la vista en temas de mejora, valorar mejor los posibles riesgos. Son muchas las ventajas que reporta un fracaso. Pero estos deben ser reducidos. El objetivo siempre es ganar, respetando al contrario, sin obtener el éxito a cualquier precio. Tratar el fracaso como una oportunidad, hay que saber leer las derrotas y aprender.

Sara E. Meléndez antigua presidenta del centro para la lingüística en Washington D.C escribe en el libro “El líder del futuro” de Ediciones Deusto publicado por The Drucker Foundation en referencia a que el liderazgo necesita trabajar con perseverancia. Apunta que los nuevos líderes aprenden del fracaso y enseñan a los demás a salir de él. No penalizan el mismo, obviamente tampoco se felicitan por ello, pero ayudan a sus colaboradores a salir del fracaso. Castigar por ello, desalienta a las personas, les resta iniciativa y la posible asunción de nuevos riesgos. Además hace que se instale un temor permanente.

Elvira Larrazábal, mujer del árbitro internacional y buen amigo mío José Mª Ortiz de Mendibil, (q.e.p.d) llegó a ser campeona de España de golf repitiendo por cinco años. Nunca pensó en dedicarse profesionalmente al golf, pues a sus años ninguna mujer lo era en España. Maestra de golf tuvo que abandonarlo a los treinta años debido al nacimiento de su hija Carmen con parálisis cerebral. Tuvo que abandonar una profesión deportiva en la que era campeona. Salió de este quebranto fortalecida, con voluntad, decisión, con amor con absoluta normalidad. Fue un ejemplo al igual que muchas madres que deben sortear problemas y deben abandonar personalmente proyectos importantes.

Para José Luis Korta, uno de sus mayores fracasos fue en una regata de la bandera de la Concha, en la que eran favoritos, entonces preparador de la trainera de Astillero de Santander.

“El tiempo era pésimo, nos llegaban las referencias del próximo Monte Igueldo donde estaban sus asesores en meteorología. Estaba entrando una gran tormenta, la salida se retrasaba, eso origino una entrada importante de agua en nuestra trainera. La víspera se había preparado una bomba de achique que no fue suficiente. La embarcación acumuló enseguida muchos kilos de más, era un anticipo de la derrota. Nos tuvieron más de media hora en las ciabogas de salida que pasara el temporal. Era el 2006, fue una amarga derrota, pues pensábamos que estábamos totalmente preparados y seguros de que la bandera (premio) era nuestra. Lloré profundamente por mí, por mi gente y por nuestra afición. Pero sobre todo por mis hombres que estaban magníficamente preparados. Aprendimos que todo debe estar bien atado y que las inclemencias y obstáculos son también nuestros compañeros de viaje, igual que para un vendedor las objeciones del cliente.”

Valores como la ética, la moral, la educación recibida ayudan a superar los fracasos tanto deportivos como en la empresa. Reinvente su modo de hacer las cosas, establezca formas distintas de trabajar que aporten alto valor a sus clientes, cuestiónese, hágase preguntas constantemente, mejore, mejore y mejore y si aun así aparece la derrota o el fracaso vea en ello una oportunidad, seguramente dicho fracaso le marcará el camino a seguir.

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